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La temida gota
derramada

Aunque no se tienen cifras oficiales,
está registrado que en Venezuela
por cada tres mujeres que sufren
de incontinencia urinaria hay
un hombre que la padece. Independientemente del tratamiento farmacológico, ejercitar los músculos
del piso pélvico parece resolver
gran parte del problema.
Pablo Blanco

El termino incontinencia urinaria es tan
popular en estos días, como lo es de
común la afección. Cada vez hay más campañas publicitarias en las que se cuenta que “la señora María se está haciendo pipí”, ofreciéndole un producto (pañal) que la sacará de problemas. Y valga el ejemplo femenino para destacar, justamente,
que son las mujeres quienes padecen esta enfermedad en mayor proporción. El doctor Nelson Medero, urólogo de la Clínica Metropolitana, asegura que estudios recientes confirman lo anterior. “En Venezuela siempre tenemos el problema del subregistro de cifras (los datos más recientes que
se tienen son de hace tres o cuatro años).No obstante, está comprobado que por
cada tres mujeres que sufren de incontinencia hay un hombre que la padece”, comenta al tiempo que agrega que la enfermedad no es discriminatoria: afecta
por igual a hombres, jóvenes y niños.

En este artículo, el especialista esboza las causas de la afección y hace énfasis
en un punto fundamental: ejercitación de los músculos del piso pélvico, cuya práctica —según explica— debe llevarse a cabo desde la más temprana infancia. Antes de entrar en materia explica los conceptos básicos para entender el tema.

La continencia

La continencia urinaria es la capacidad de controlar el momento oportuno para la micción (acto de orinar). El acto de continencia se debe a dos órganos: la vejiga
y el esfínter urinario. La vejiga, que al igual que esfínter pertenece al aparato urinario, es un órgano muscular, hueco, similar a una bolsa esférica, que se distiende para almacenar la orina formada permanentemente en los riñones y, al alcanzar su capacidad, da señales al cerebro de ordenar su vaciamiento, a través de la uretra hacia el exterior del cuerpo. El esfínter urinario lo conforma un grupo muscular, alrededor de la uretra, que le permite al cuerpo contener la orina. “En el momento
en el que el cuerpo está almacenando orina, la vejiga se relaja y el esfínter se
contrae y en el momento en el que el cuerpo está expulsando la orina, sucede
lo contrario: la vejiga se contrae y el esfínter se relaja. Utilizando una metáfora se puede decir que los esfínteres urinarios son los que mantienen ‘la puerta cerrada’
de la uretra, que es el órgano con forma de tubo estrecho que transporta la orina desde la vejiga hasta el exterior del cuerpo. Todo esto está integrado en el cerebro que es el que da la orden, permitiendo un control sincrónico de los centros, nervios
y músculos ubicados en la vejiga y alrededor del la uretra (esfínteres)”. Así tenemos que la micción consiste en evacuar la orina que está contenida en el emuntorio vesical a través de la vía natural, o sea, a través de la uretra. Todo eso en forma voluntaria, controlada,  periódica, indolora, placentera y socialmente permitida.
Una de sus alteraciones es la incontinencia urinaria.      

La incontinencia

Dicho en un lenguaje sencillo la incontinencia urinaria es un trastorno que consiste
en la pérdida involuntaria —total o parcial— de orina a través de la uretra. El doctor Medero resalta que la principal característica de esta afección es que afecta la calidad de vida del paciente, incluyendo sus condiciones socioeconómicas (padecerla implica grandes gastos en pañales desechables y chequeos médicos). “Los pacientes con incontinencia autolimitan su vida social, piensan que pueden orinarse en alguna reunión familiar o de trabajo. En muchos de los casos, como consecuencia lógica, huelen a orina y esto hace que se sientan anímicamente muy mal”, señala. Los tipos de incontinencia varían de acuerdo a sus causas. He aquí las más frecuentes.

Los tipos de incontinencia urinaria

Paralizados con causa. La incontinencia urinaria de esfuerzo ocurre durante
la realización de ciertas acciones como: toser, reír, estornudar y levantar objetos pesados. Puede darse en mayor o menor grado de acuerdo a las características
del paciente (la diferencia la determina el número de veces que el individuo tenga
que cambiarse el pañal y de si la pérdida de orina es leve, moderada o severa). 

Apurados en vano. La incontinencia urinaria de urgencia está asociada a una necesidad imperiosa y repentina de orinar, seguida de una contracción instantánea de la vejiga y la pérdida involuntaria de orina. Por lo general no da tiempo de llegar
al baño para expulsar la orina. Entre las causas se citan infecciones urinarias,
cuerpos extraños en vejiga (por ejemplo un cálculo vesical), lesiones neurológicas
y, en ocasiones, es del tipo vejiga hiperactiva, caracterizada por ocurrir sin tener origen aparente local o metabólico.

Paso cerrado. La incontinencia urinaria por obstrucción afecta, principalmente, a los hombres y ocurre, por lo general, por el agrandamiento de la próstata. Cuando este órgano alcanza grandes dimensiones es muy probable que obstruya la uretra, mientras que la orina sigue cayendo del riñón a la vejiga, gota a gota. Cuando ya la vejiga no tiene capacidad de almacenamiento se producen pequeñas contracciones que hacen que se expulse, involuntariamente, el líquido hacia el exterior. Puede darse, también por estrechez de la uretra, producto de traumatismo o enfermedades venéreas que hayan causado fibrosis.  

Por daño cerebral, centros y vías  nerviosas.
La incontinencia urinaria neurológica ocurre, como su nombre lo indica, por una lesión al cerebro, centros y vías nerviosas. Tal lesión pudo haber sido ocasionada por un accidente cerebrovascular (ACV), la enfermedad de Parkinson o un tumor. Puede estar presente también en pacientes diabéticos al afectarse seriamente las vías del sistema nervioso, lo cual trae como consecuencia que la vejiga pierda el control de las micciones. También puede deberse a lesiones traumáticas y heridas por arma de fuego en la columna o como secuela de intervención quirúrgica debida a tumores en el recto, la cual afecta,
por su cercanía, los nervios que controlan las funciones de la vejiga y el esfínter.
La incontinencia urinaria neurológica puede afectar a la vejiga o el sistema esfinteriano provocando ausencia, poca o mucha actividad refleja de dichos órganos. 

Otras causas

Aunque es muy poco frecuente, puede incluirse también dentro de este grupo la incontinencia causada a consecuencia de una intervención quirúrgica por tumores malignos de próstata —cáncer— e hiperplasia prostática, que es un tumor benigno dentro de la próstata. Ambas intervenciones conforman porcentajes muy bajos de posibilidades de que el hombre sufra de incontinencia urinaria. “Hoy, los caballeros pueden estar seguros de que operándose la próstata el porcentaje posterior de incontinencia es muy bajo (ocurre, concretamente, de 3 a 5 por ciento)”. 

Por un ratico

La llamada incontinencia urinaria ocasional temporal es padecida por un lapso en el que el paciente esté consumiendo, por ejemplo, diuréticos en altas dosis, los cuales hacen
que la vejiga se llene más rápido que de costumbre y se produzcan micciones repetidas. También ocurre mientras se esté ingiriendo sedantes; el individuo se duerme
y no se percata de que su vejiga está llena, por lo cual, es muy probable que se orine dormido. Igual efecto tienen los
medicamentos para la tos, los antialérgicos y antidepresivos, los cuales relajan el esfínter y hacen que la orina se salga del cuerpo mientras se está llenando la vejiga. Otra de las causas de este tipo de incontinencia es el embarazo. El doctor Medero explica que “al tener un ser humano dentro de su ser, la vejiga se comprime y, al mismo tiempo, aumenta la producción urinaria. Sumado a eso, los músculos del piso pélvico se debilitan y todo ello hace que la futura madre tenga expulsiones de orina involuntarias”. El doctor destaca que, una vez que la mujer da a luz, el organismo recupera su funcionamiento normal, aunque acota que nunca está de más
la posterior ejercitación de los músculos pélvicos.

Foto: www.stock.xchng.com

Madres y gorditos en desventaja

La incontinencia urinaria persistente es común en pacientes con problemas de obesidad. Ocurre debido a que la masa muscular de estos individuos (y por ende,
los músculos de su piso pélvico) está totalmente debilitada. Es frecuente, igualmente, en mujeres multíparas (con múltiples partos en su vida) o menopáusicas (la pérdida hormonal debilita los esfínteres) que no hicieron rehabilitación de su piso pélvico
y como consecuencia tienen constantes micciones involuntarias. En el organismo
de muchas de estas pacientes se genera lo que se conoce como prolapso genital,
lo cual conlleva a un descenso, desde su posición normal, de la vagina, utero,
vejiga y recto, también conocido como hernia del piso pélvico o relajación pélvica.

Aprobar los exámenes

Según lo señalado por el doctor Medero, este es un problema que debe ser abordado de una manera multidisciplinaria (afecta el área urinaria, ginecológica, intestinal y sexual) para un diagnóstico oportuno y precoz por parte del urólogo de confianza. Este especialista, una vez completada la historia médica sexual del paciente que incluya un cuestionario de síntomas, diario miccional, hábitos intestinales, historia ginecológica, registro de antecedentes y un adecuado examen médico, iniciará la realización de lo que se conoce como estudios urodinámicos, a partir de exámenes que midan la función de la vejiga como la cistometría (mediante el cual se mide la presión vesical durante el llenado de la vejiga), electromiografía (indicado para medir la función del esfínter) y la medida del flujo urinario, entre los más comunes. Entre los exámenes más sofisticados se encuentra la videourodinamia, un estudio que, gracias a la alta tecnología de video, da como resultado el diagnóstico preciso del paciente.

Pasos a seguir

En cuanto a los tratamientos aplicados para curar la afección Medero comenta que “farmacológicamente, para la incontinencia urinaria de urgencia, por lo general, se recetan sedantes que tranquilizan las constantes contracciones de la vejiga con resultados, por lo general, muy satisfactorios, pero contraproducentes en una incontinencia urinaria de esfuerzo, de allí la importancia del diagnóstico. Entre las opciones quirúrgicas para tratar la incontinencia urinaria de esfuerzo destacan las cinchas pubovaginales, que funcionan como
un ‘cabestrillo’ que suspende la uretra, las cuales son complementadas con la colocación de mallas especiales
en la vagina, para contrarrestar los efectos del prolapso
genital, mediante las cuales se restituye el canal vaginal
de la mujer. Por último se encuentra la conocida colocación
de un esfínter artificial inflable que se inserta en un área de las vías urinarias,
bajo anestesia general”.

Bajo el signo de Kegel 

Pero todo no se queda en pastillas e intervenciones quirúrgicas, un paso fundamental dentro del tratamiento aplicado es el cambio conductual del paciente; el urólogo debe impartirle a sus pacientes una respectiva reeducación vesical: enseñar al individuo
a orinar correctamente. Este proceso consiste, entre otros aspectos, en orinar con horarios establecidos, llevar un control en la ingestión de líquidos, la prohibición
de bebidas que estimulen la micción como el café o el té y, de ser necesario,
ajustar las dosis de diuréticos.

“El volumen de orina que uno elimina al día, oscila entre el litro y el litro y medio.
Con que la persona se tome cuatro vasos de agua al día está permitiendo que
el riñón tenga una función adecuada. Esto partiendo de que la medida de un vaso
de agua contiene 250 cc (equivalentes a lo que coloquialmente se conoce como
un ‘cuartico’ de leche o jugo) y de que los alimentos contienen agua (especialmente
el pan y la carne). En total entre las tres comidas, un individuo llega a consumir entre 300 y 500 cc de agua, lo que sumado a las medidas anteriores es más que suficiente”.

A mover la pelvis

Según lo indicado por el especialista, el denominador común de todos los tratamientos es la rehabilitación del piso pélvico. “Son muy famosos los ejercicios ideados, en 1940, por el ginecólogo estadounidense Arnold Kegel, los cuales se basan en contraer y relajar repetidamente el músculo pubococcígeo o PC (también conocido como músculo del suelo pélvico) a los fines de incrementar su fuerza
y resistencia y así evitar la incontinencia urinaria. Nunca se le da la suficiente promoción a esta práctica que debe ser llevada a cabo desde la infancia para
prevenir una incontinencia que, en la adultez, pueda ser causada por la pérdida hormonal típica de la menopausia. Son movimientos que pueden ser incluidos en cualquier rutina de ejercicios. Cabe destacar que las damas los pueden poner en práctica también, durante el acto sexual, lo cual, aparte de generar placer a ella
y a su pareja contribuye considerablemente con su salud”.

Existen muchos sitios en Internet que abordan el tema; en el blog —en inglés—http://www.ikegelpro.com/blog/ se incluye hasta una canción que incita a convertir los ejercicios de Kegel en un hábito, así como recomendaciones para realizarlos adecuadamente y los datos biográficos del célebre médico. Medero agrega que existen aparatos que ayudan al paciente a identificar su músculo pubococcígeo para poder llevar a cabo este atípico y saludable entrenamiento. En todo caso, es pertinente la asesoría por parte del urólogo; hay muchos pacientes que creen estar practicando estos ejercicios adecuadamente mientras contraen sus abdominales, muslos o glúteos, lo cual es ssincorrecto. l

pblanco@eluniversal.com

Fuentes consultadas



Doctor Nelson Medero, urólogo
de la Clínica Metropolitana
Teléfono: 985.1916
www.medlineplus.com
www.netdoctor.es
www.wikipedia.com

 

 
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