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Lo haré mañana

Posponer decisiones, tareas o metas es una conducta que la mayoría de las personas desarrolla en algún momento de su vida, bien sea porque siente que no es el momento preciso para efectuarlas o porque se angustia de tan sólo pensar en lo que tiene que hacer. Un especialista aborda lo que se denomina Síndrome de la postergación. Betzy Barragán

Procrastinación, una palabra un tanto
enredada que proviene del latín pro que
significa adelante y crastinus relacionado
con el mañana, se refiere a la actitud
de ciertas personas a posponer tareas importantes que tienen que ejecutar. Probablemente, al leer estas líneas,
usted piense que padece este mal hábito;
no se preocupe, todas las personas en cierta medida tienen esta tendencia. El problema se presenta cuando el individuo deja de hacer cosas verdaderamente importantes para su desarrollo personal. Se le conoce como Síndrome de la Postergación. El psicoanalista Gerardo Réquiz, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, explica que “una de las cosas más importantes en este tema es la presencia de la angustia, porque ella es uno de los factores que hace que se eviten los cambios, las decisiones, los actos verdaderos. Tomar una decisión, o tener que implementarla, puede ser un problema por la angustia que genera”.

La actitud de postergar se divide en dos tipos: una, la que se refiere a las cuestiones cotidianas; y la otra, la que afecta los objetivos y proyectos fundamentales de la vida. La primera se centra en dejar para después actividades como ordenar el clóset, limpiar la casa, pagar las cuentas. El punto es que cuando se pospone este tipo de tareas, la persona experimenta sentimientos de ineficiencia y cierta culpabilidad. Sin embargo, la actitud que verdaderamente es motivo de preocupación, es el segundo tipo, relacionada con asuntos cruciales de la propia existencia, y a la que se han dado a la tarea de estudiar con detenimiento. Réquiz identifica tres de sus causas:

La baja tolerancia a la tensión. Se dice que el agobio en que suele vivir el individuo moderno lo lleva irremediablemente a postergar. Son tantas las obligaciones que se tienen que cumplir al mismo tiempo, que muchas veces se genera una gran parálisis de los actos.

Paralelamente, hay una relación directa entre los compromisos pendientes y la sensación de incomodidad o molestia por no cumplirlos. La persona tiende a sobreactivarse en términos emocionales, conductuales y cognitivos; es decir, tiende a exagerar la naturaleza de la tarea pendiente, lo cual puede desembocar en somatizaciones como dolores de cabeza, aumento o disminución de la presión arterial, irritación, insomnio, entre otros síntomas.

Sin embargo, las causas más importantes de la moratoria están asociadas a la manera de ser de la persona y esto se vincula con su inconsciente. Al respecto Réquiz dice: “Las personas que no pueden precisar lo que tienen que hacer, o no pueden tomar decisiones o implementarlas, o se resisten al cambio, tratan de evitar algo. A veces no es evidente lo que se elude. Puede haber angustia y entonces todo se hace lento o se detiene, o por el contrario, se precipitan las acciones inadecuadas por falta de reflexión suficiente. También el sujeto puede querer tener una garantía de sus actos y eso no siempre es posible, sobre todo cuando se trata de aquellos que implican riesgos; el temor de no saber si lo que uno va a hacer está garantizado puede detener la acción. Hay que tener claro que no hay garantía o, en todo caso, si la hay, es sólo parcial”.

William Knaus, director del Departamento de Ciencias de Evaluación de la Salud de la Escuela de Medicina de la Universidad de Virginia, considera que la baja tolerancia a la tensión y la autoduda, entendida como la escasa confianza en las facultades propias, son los responsables de la eterna postergación.

“Otra de las cosas que se ven —agrega Réquiz— es que la postergación está ligada a los deseos. ‘Yo quiero tal cosa, pero…”. Y ese ‘pero’ puede ser el temor a lanzarse por el camino de lo que uno quiere, porque significa renunciar a alguna satisfacción oculta y cómoda, pero suficiente para evitar hacer lo que uno desea. Entonces la persona pospone pero siente la tensión y la culpa por lo que desea hacer. Y cuando hablamos de deseo realmente de lo que se trata es de los deberes que él impone, es decir hacer lo que hay que hacer para realizarlo”.

Por causa de depresión mental. Las características principales de alguien deprimido son el desgano, la desmotivación, la falta de impulso y, prácticamente, la inacción. En este caso, el aplazamiento se debe a que el individuo se encuentra sumergido dentro de sí mismo, está atrapado en su propio dolor y malestar; no tiene deseos de arreglarse, de salir y distraerse, y mucho menos de cumplir obligaciones. Todo lo ve negativo, no le provoca nada, tiene todos los apetitos disminuidos y hasta puede desear morirse. En este estado, las decisiones se posponen o se precipitan sin suficiente reflexión. El doctor Réquiz acota: “En la consulta veo gente que quiere que el mundo se quede quieto, que no se mueva y el problema es que el mundo sí se mueve. Si no se toma una decisión, se toma la decisión de no decidir”.

Por consecuencia de ciertas neurosis o de déficit de atención con hiperactividad. Lo particular acá es la imposibilidad para concentrarse, la dificultad para quedarse quieto en un solo lugar. Por ejemplo, sentarse a leer un texto largo, para un hiperactivo, es una tarea verdaderamente titánica. En contraposición, la persona recurre al movimiento continuo, hace como si está realizando alguna actividad y en realidad no es así. Réquiz añade que “no es lo mismo moverse que hacer un acto. Uno ve gente que se mueve muchísimo, que hace muchas cosas para posponer o evitar una sola acción que le daría sentido a su vida, que lo pondría en el camino de lo que quiere. Dicen que están muy ocupados y por eso no hacen el acto que corresponde, y cuando se les observa bien, se percibe que lo que hay son movimientos para evitar el verdadero acto”.

Concluyendo, el especialista advierte que “la tarea de un psicoanalista radica en averiguar en cuáles ocasiones el sujeto posterga, los motivos que lo llevan a desarrollar esa conducta, y qué excusas utiliza para sabotearse. De esa manera puede ayudarle a abrir las puertas del acto. El analista no decide cuál acto, eso corresponde al sujeto, pero puede ayudarlo para que éste sea posible. A veces se pasa suficiente tiempo en un análisis para alcanzar este fin, puesto que no es una cuestión de voluntad o de racionalidad lo que está en juego en el asunto, y mucho menos de dar un manual de instrucciones para no postergar. El reconocido psicoanalista Jacques Lacan, quien se dedicó a estudiar y recuperar los postulados de Freud, decía que hay tres momentos lógicos en cuanto a la temporalidad de la acción: el instante de ver, el tiempo de comprender y el momento de concluir. Todo el mundo pasa por los tres, pero algunos se detienen más de lo necesario en los momentos de ver y comprender, quieren calcular todo antes de concluir, o simplemente utilizan la comprensión como excusa para nunca tomar decisiones, y en esa eterna posposición se les puede ir la vida entera”.

Sugerencias para ponerse
en acción


Hay que tener presente que la postergación es consciente, no constituye olvido; siempre se está pendiente de lo que hay que hacer. En este sentido, los especialistas convienen en una serie de sugerencias, para que la persona pueda pasar, sin demoras, del pensamiento a la acción.

l Observarse. Tomar nota de los momentos y técnicas que se usan para posponer la tarea.
l Ordenarse. Organizar todo lo que va a requerir antes de realizar la tarea.
l Empezar a trabajar apenas se adquiere el compromiso, aunque sea por un momento relativamente corto.
lDistribuir el tiempo y actividades de manera realista.
l Dividir el trabajo en etapas.
l Hacer listas, recordatorios, carteleras y todo lo que resulte útil para no olvidar.
l Identificar los momentos del día en los que se es más productivo, y tratar de disponer esas horas para realizar las obligaciones.
l Medir el sentido particular del tiempo; es decir, comparar el tiempo estimado con el tiempo realmente gastado en llevar a cabo la tarea.
l Aprovechar el primer impulso, las ganas iniciales de hacer lo que se tiene pendiente.
l Si no se consigue la concentración, probar hacer una interrupción corta, como por ejemplo una pequeña siesta o un paseo relajante.
l Premiarse  con actividades gratificantes, cada vez que se cumpla con lo planificado en el tiempo estipulado.
l No decirse frases negativas, al contrario, se deben hacer afirmaciones alentadoras.
l Actualizar continuamente las prioridades y no perderlas de vista en ningún momento.
l Si después de seguir estos consejos, continúa con la misma conducta, es conveniente pedir ayuda a un especialista. l


bbarragan@eluniversal.com

Coordenadas

Gerardo Réquiz, psicoanalista
Centro Profesional Santa Paula
Telfs: 985.4721 / 0416-632.1183

Fuentes consultadas

www.wikipedia.com
www.enplenitud.com
www.clarin.com

En el diván

Las personas que postergan sus obligaciones,
pueden tener estas características:

lCarecen de un sentido realista del tiempo, piensan que disponen
de más tiempo del que realmente tienen
lConsideran que el trabajo es más grande de lo que realmente
es y se asustan antes de empezar
lQuieren que otro se haga responsable de sus actos
(que les digan que estudie, que ordenen sus cosas,
que tomen tal decisión), aunque en realidad sepan
que es de su única y propia responsabilidad
lSe paralizan ante sus altas expectativas de desempeño
lPosponen por temor a fallar o perder el control
lLes gusta la excitación de última hora, de saber que
ya no cuentan con suficiente tiempo y por ello deben apresurarse

 

 

 
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