- Justin Timberlake: Sexy regreso.
- El monitor se pasea por el teatro.
-
Independientemente de Hollywood.

CRONICA
- Nostalgia
del chichero
- Jean Paul Leraux
"Soy un francés de Guatire"
- Yorlis Domínguez es Maroa
- Caracas
en la ruta del mangle
SALUD
- Sube
la temperatura
BELLEZA
- A la cama
sin presiones
TENDENCIAS
- El arte
de empacar
COCINA
- Aguacates relenos
MASCOTAS
- Curiosidades
del mundo animal
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
 

Yorlis Domínguez es

El más reciente largometraje de Solveig Hoogesteijn tiene como entretelones una secuencia de la mismísima vida real, cuando una cazatalentos, producto de la casualidad y la magia, se topa con una chica de facciones etruscas. Y es precisamente esta joven quien en la pantalla protagoniza una historia que, sin dejar de abordar la crudeza de los barrios caraqueños, también entona un himno a la esperanza. María Elisa Espinosa

Los ingredientes requeridos los tenía claros Solveig Hoogesteijn cuando buscaba por todos los rincones de Caracas a la protagonista de su nueva película: tenía que hacer el papel de una niña inocente, pero a la vez sensual, que además supiera reflejar la violencia que se vive en estas calles, y, como si fuera poco, que tuviera cierto genio musical.

La tarea se la puso a Mireya Guanipa, ¡pobrecita ella!, pues no sería fácil, y así lo entendió desde el primer instante la experimentada cazatalentos. Pero lo logró, y lo cuenta como si hubiera sido ayer: faltando apenas cinco semanas para comenzar el rodaje, todavía estaba en la búsqueda hasta que ¡zas!, las casualidades de la vida, y la magia también, se pusieron de su lado.

Entonces apareció Maroa, o lo que es lo mismo, Yorlis Domínguez, con sus rulos, su tez morena y un rostro que Hoogesteijn define como “etrusco”, para paso seguido confesar que desde que la conoció lo supo: “Ella era Maroa, no me quedó ninguna duda. Todo lo que buscaba estaba en Yorlis como si lo hubieran metido en una Osterizer”.

Yorlis ya tiene 14 años, está próxima a cumplir 15, pero para entonces contaba 11. Bajaba  junto a sus padres por una avenida de Caracas cuando fue avistada por Guanipa, a quien le quedaban apenas minutos para cumplir con una cita con otros potenciales pequeños actores y extras de la cinta (la mayoría de ellos sacados del barrio La Providencia de San José y de la Escuela de Música de Sarría, al norte de Caracas).
“Ese día iba en mi carro y siento un ruido visual, me volteo y la veo”, comienza por narrar la directora de casting de Maroa como si se tratara de la secuencia de una película dentro de otra: “Allí es cuando me digo, ¡guao!, ésta es, se parece mucho al personaje, a lo que quiere Solveig… Entonces me paro, la observo, la busco y converso con sus papás. Les expliqué que yo hacía cine; en ese momento se hizo un silencio y se vieron las caras”.

El silencio tenía un por qué: apenas segundos atrás Yorlis y sus padres (Evelyn Quintero y David Pereira) estaban sentados frente a un psicólogo que les recomendaba llevar a la niña a un casting, pues nada mejor que la actuación para superar los problemas de déficit de atención que, supuestamente, tenía la preadolescente. Hoy el diagnóstico todos lo ponen en duda.

Memoria para qué te tengo
A casi tres años de aquella escena de la vida real, a sus “protagonistas” todavía se les pone la piel de gallina: “Todo eso fue algo muy particular, digamos que fue una de esas conjunciones astrales de la vida que no se dan una sola vez, se dan muchas veces, pero en este caso nosotras no la podíamos dejar escapar”, sostiene Guanipa y la directora de Maroa la refrenda expirando el humo de un cigarrillo.

A su lado las escucha una Yorlis próxima a pasar a cuarto año del Ciclo Diversificado en un liceo de Guarenas. Escogió irse por Ciencias y desde ya sabe cuál será el proyecto que desarrollará junto con otros compañeros de salón: los niños en situación de calle. Un tema que ya no se le hace ajeno. Durante la filmación tuvo la oportunidad de compartir con esa realidad que se les cruza a los caraqueños en cada esquina, bien sea cuando le limpian el parabrisas, le hacen malabares, le mendigan unos centavos o le venden estampitas.

Las mismas estampitas que, precisamente, ofrece Maroa en la terminal de transporte de las cercanías de su barrio, cuando sale a relucir por primera vez —y faltarán muchas— la espontaneidad de Yorlis en escena: “Todos nos quedamos locos cuando vimos que terminó vendiendo de verdad varias de estas imágenes mientras filmábamos”, recuerda sonreída Hoogesteijn.

Para ella no queda más nada que decir: “Esta muchacha es una actriz nata, tiene una espontaneidad que no es fácil conseguir. Es cierto que hay muchas niñas que tienen experiencia en televisión, y de hecho Mireya me presentó varias (en total se evaluaron sesenta de doscientas que enviaron su fotografía) que tenían una idea generalizada de lo que es actuar; es decir, responden a ciertos estereotipos. Pero yo creo que el cine en eso no perdona”. Ya tenían a tres preseleccionadas, pero por algo se decidieron por Yorlis.

Tampoco se olvida la directora de advertir sobre la “excelente memoria” de la muchacha. Lo concluye rapidito: “Olvídense de que esta niña tenga algún problema de concentración; además, es inteligentísima”. Lo dice a propósito del día del casting definitivo, episodio que también está fresco en la mente de Guanipa: “Lo impresionante fue que yo le había dicho a Solveig sobre la dificultad de Yorlis, pero la sorpresa vino cuando se nos puso enfrente sabiéndose las líneas por completo”.

Así que para qué pararse en detalles como que la joven hasta ese momento no había tenido mayor contacto con la música, a no ser por su admiración hacia la cadenciosa Shakira (a quien emula, por cierto, en la película); ni para qué frenarse por otras menudencias como, por ejemplo, que no pudiera pronunciar muy bien la P con la R. Total, eran cosas que se podían corregir en el camino.

Así que el final feliz de la jornada lo cuentan la propia muchacha y su mamá compartiendo miradas: “Para Yorlis todo esto fue como: ¿Será verdad o será mentira? Recuerdo que ese día cuando se terminó el casting, rumbo a la casa en el carro, me dice: ‘Mami, me quedé dormida y soñé que había ganado’”. “Entonces —completa la joven— ella me respondió: ‘No te emociones, hija,  porque a lo mejor hay muchas personas y uno nunca sabe’”. Pero se supo: fue ella la elegida, y gracias a haber protagonizado la película pudo colaborar para comprar la casita en la que hoy vive con su familia.

De la realidad a la mera coincidencia
Aunque la madre de Yorlis aclara que su hija no es ninguna niña de la calle, como algún medio español asegurara erróneamente en vísperas del estreno de la película en ese país a mediados de 2005; y aunque antes de comenzar la proyección de Maroa se llega a leer una advertencia en la pantalla, según la cual los hechos que allí se ven, por más parecidos a la realidad, terminan siendo pura coincidencia, lo cierto es que a pocos venezolanos de hoy se le hacen ajenos:

En unos cuantos platos, Maroa cuenta la historia de una niña de 11 años que vive en una populosa barriada de Caracas, criada por una abuela egoísta (Elba Escobar en el rol de Brígida), quien la pone a vender estampitas de santos pero también revistas pornográficas. Tampoco se olvidan los guionistas —la propia Hoogesteijn, Claudia Nazoa y el argentino Fernando Castets (El hijo de la novia)— de colocar otra buena dosis de realismo que incluye el coctel más bebido en los populosos cerros capitalinos, donde cada fin de semana muere un promedio de 130 personas: violencia, tráfico de drogas, prostitución precoz y abuso policial.

La buena noticia es que, y he aquí el gran valor de esta pieza coproducida por España y la cineasta belga adoptada por Venezuela: a pesar de todo este maremagno que calca de manera tan fiel una realidad no sólo local sino latinoamericana, a final de cuentas termina ganando el hombre y sus ganas de vivir.

¿Y todo esto gracias a qué? Al arte, y más específicamente, a la música, la otra protagonista del film, desde el momento en que Maroa es internada en un albergue (cuya locación es el centro Gustavo Machado de la Fundación Atenea), donde conoce de cerca la magia del clarinete a través del profesor Joaquín (encarnado por el actor español Tristán Ulloa, Lucía y el sexo) y de las conmovedoras melodías de Mozart y Haendel.

“Yo estoy totalmente convencida de que la violencia puede ser contrarrestada con arte, y por eso el graffiti con el que comienza la cinta —‘Pinto para no matar’— que retomo de mi segunda película Manoa, la ciudad de El Dorado. De verdad creo que el arte salva, el arte es una manera, al lado de la religión, a través de la cual el hombre trasciende... Y en el caso concreto de Maroa expreso esto valiéndome de la música y todo lo que ella puede llegar a generar en el ser humano... Gracias a la música, esta niña encuentra una esperanza. Y el mensaje es claro: a pesar de que la película muestra las crudezas de una realidad, también muestra que el individuo que tiene un sueño puede superarse. De eso se trata”, no le quedan dudas a la cineasta y, en este caso, quien la refrenda es Yorlis con sus ojos etruscos que parece que hablaran. l

mespinosa@eluniversal.com

De Macu a hoy

Solveig Hoogesteijn (El mar del tiempo perdido, Macu, la mujer del policía y Santera, además
de las ya citadas), no se engaña: “Repetir con Maroa el éxito de taquilla de Macu (un film
de 1987, visto entonces por un millón 300 mil personas en Venezuela, habiendo recaudado casi 20 millones de bolívares) va a ser difícil”.

Lo dice, entre otras cosas, porque asegura que el público de aquellos años no es el mismo que el que va al cine ahora. Pero, independientemente de eso, augura para su más reciente película —estrenada el 14 de julio en las salas del país— una buena receptividad.

“Lo creo así porque este es un tema esperanzador y Macu no lo era. En Macu la protagonista se ve obligada a regresar con el policía para sobrevivir; en cambio aquí la protagonista adquiere una herramienta con la cual triunfa. Yo creo que ese mensaje positivo va a atraer mucho a la gente”. Como carta aval de la aceptación que pueda tener en el país esta película, están los galardones obtenidos ya en su estreno en Europa: Premio del Público en Biarritz y Premio del Jurado
Joven en Marsella. Ahora le tocará a hablar a Venezuela.

 

Fotos: Mónica Velasco

 

Ver también en Encuentros:
- ¿Están preparados para tanta fama?
- Vallenato para un buen rato
- Vereda tropical

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso