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LA CARACAS DE ...

Cecilia Martínez
"A mí me inyectó José Gregorio Hernández"

Fue una estrella en su juventud, y hoy, tras 94 años de vida, puede decir que, literalmente, frente a sus ojos ha pasado la historia de esta ciudad Por Johan M. Ramírez Foto: Natalia Brand

Su historia es increíble, pero hagamos un esfuerzo. ¡Cómo creer que una vida alcance para tanto! Cómo creerle a Cecilia Martínez cuando dice que vio a Charles Lindbergh cruzar el cielo de Caracas en avión, la primera vez que una aeronave sobrevolaba esta ciudad. Cómo creerle que vivió en la Quinta Anauco, hoy referente histórico de la Colonia; que bailó un tango con Gardel cuando el cantante visitó esta capital; que Armando Reverón la sentaba en un banquito de su casa para retratarla, y que vio bailar a Anna Pavlova en un teatro caraqueño. Cómo creerle -vamos, tiene que estar bromeando-, que un día, enferma de gravedad, el doctor José Gregorio Hernández (el de verdad), la inyectó con sus propias manos. "Es que él siempre nos visitaba y se tomaba un brandy con papá".

Ella es un caso especial: su Caracas llegaba hasta Los Caobos; el río Guaire era un caudal cristalino; El Ávila una montaña reservada para los más heroicos atletas; el coche con caballos su transporte natural; y el tranvía apenas una novedad. ¿Y la Plaza Bolívar? "¡Ah, la plaza de mis ensueños!", exclama, y en su rostro parecieran dibujarse las imágenes de aquella ciudad, perdón, de aquella aldea que habitó a principios del siglo pasado, donde con el tiempo se convirtió en figura pública por excelencia.

"Yo comencé en una radio muy primitiva. Primero cantaba en vivo, y luego hice el primer jingle publicitario del país", refiriéndose a la cuña de los jabones John Laud. "Es que estoy muy ronca", se excusa para no entonarlo, pero la insistencia logra el milagro. Entonces pareciera que aquella caraqueña de 16 años poseyera su cuerpo, su voz, y sus 94 noviembres que pasan inadvertidos: "Suspirando está en el baño Ana María de la Luz, porque ella quiere bañarse, con John Laud. Y su madre no concibe, que Ana María de la Luz, quiera meterse en el baño… con John Laud. Mamita, mamita, encárgame un ataúd, si tú no me dejas, bañarme con John Laud", canta y sonríe, pero aclara: "Ahí mismito Gómez prohibió la cuña, por considerarla grosera". Claro, era alrededor de 1920.

Sus ojos, pues, han visto buena parte de la historia capitalina. Conoció un caserío con siete carros, que ahora es una metrópolis de eternas horas pico. Recuerda la muerte de Gómez, la de José Gregorio, el fin de la dictadura de Pérez Jiménez, celebrado con el campaneo de todas las iglesias, las fiestas en el Hotel Humboldt, los carnavales y las negritas. Presenció la construcción de las autopistas y demás edificaciones de la nueva ciudad vanguardista.

Todo lo vivió siendo una de las mujeres más famosas de Caracas. Protagonizó El misterio de los ojos escarlata -radionovela que marcó pauta en su tiempo-, Monte sus cauchos Good Year -programa de TV número uno en los 50-, y Cosas de mujeres, Nosotras las mujeres y Toda una mujer, espacios de gran sintonía dedicados al tema femenino, uno de sus grandes intereses.

"Me conmueve que aún hoy, cuando salgo, la gente me reconoce, señoras mayores, sobre todo. Pero también hay muchachas que me dicen: 'Cecilia, yo siempre te veía con mi mamá'. Eso es muy lindo", apunta.

De modo que la capital es, para ella, una infinita exposición de recuerdos, y es por eso que hoy dice, con la seguridad de quien, a pesar de lo que ocurra, ama a su ciudad con firmeza irreductible: "Si yo pudiera, ahorita mismo daría mi vida por Caracas". ¡Caramba, hay creerle!


Asistente de fotografía: Anita Carli

 
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