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Pioneras

por MIRLA ALCIBÍADES  |  imagen: CORTESÍA | DOMINGO 11 DE MARZO DE 2018
Cuando pensamos en nombres de venezolanas pioneras, seguramente comenzaremos con Lya Ímber de Coronil. Es ampliamente conocido que ella alcanzó grado universitario como médica en 1936. Sin embargo, no estará de más tomar en cuenta que ese logro pudo concretarse después de cumplido un largo proceso que, poco a poco, hizo posible los estudios formales de las mujeres en nuestro país.

Durante el período colonial no había escolaridad sistemática. El lugar habitual para el estudio era la casa de habitación; ahí era guiada por el padre, la madre o un familiar cercano. También se contaba con la residencia de una familia amiga, donde la señora o señorita enseñaba a un grupo de niñas; eran las llamadas escuelas "de amigas". Los conventos también podían convertirse en centros de estudio, pero no eran muchos.

De manera que la verdadera transformación se produjo a partir de 1830, cuando Venezuela se consagra como república. A partir de ese momento comenzó un fenómeno que ganó fuerza a medida que avanzaba el siglo. Ese fenómeno consistió en la apertura de escuelas y colegios para niñas. Eran instituciones que ya no funcionaban en el hogar doméstico, sino que eran establecidas en locales destinados a esos fines.

Sin lugar a dudas, aquellas maestras fueron pioneras. La mayoría de sus nombres han quedado sepultados en el olvido. Pero puedo asegurar que, en su momento, fueron personas que ganaron estimación y respeto generalizado. El día de hoy interesa recordar algunas de esas fundadoras del magisterio venezolano.

Los establecimientos educativos dedicados a niñas que traen fecha más temprana se inauguraron en Caracas y Maracaibo. En la ciudad central funcionaron dos: el de las hermanas Encarnación, Teresa y Concepción Luque; y el de las hermanas Dolores y Manuela Guido. En la capital zuliana existió la Escuela de Niñas, se designó como directora a la señora Josefa Grajales de Dupuy. Esos tres institutos comenzaron en 1837.

La dinámica se aceleró en el resto del país durante la década de los 40. Por ejemplo, en 1842 una sociedad civil de Coro fundó una escuela bajo la dirección de Dolores Yánez. Se asegura que correspondió a Josefa Grajales de Dupuy la dirección, en 1844, de la escuela para niñas en Trujillo. En el sur de la geografía nacional, Melchora Level de Duarte fue designada al frente de la escuela de niñas de Ciudad Bolívar. Ocurría esto último que menciono en 1846.

No voy a hacer un registro detallado de esas pioneras en este momento (sería una lista muy extensa). Sirva el esbozo anterior para demostrar la preocupación por la educación de las niñas. Con el paso de los años, esas educandas estuvieron en capacidad de cultivar habilidades que, siglos atrás, les estaban negadas. Comenzaron a ganar espacios en el campo intelectual y, algunas de ellas (pocas, hay que decir), lograron destacar de manera inocultable. El problema ha sido que, como sus maestras, poco a poco fueron olvidadas.

Por cuanto puede asegurarse que casi nadie se ha ocupado de ellas. Me permito mencionar a esas alumnas que fueron consagrando espacios en el campo educativo. Un suceso de trascendencia ocurrió en Barquisimeto en 1896. Ese año las señoritas Concepción Samuel Lara, Rosario Álvarez, Dolores Álamo, María Fernández, Petra Jiménez Arraiz, Florinda Montesinos, Elodia Álvarez y Margarita Pérez Veracoechea encontraron eco en la prensa nacional. La razón no era para menos. Las ocho señoritas larenses lograron que el Gobierno Nacional, les otorgara permiso para seguir el curso de filosofía en el Colegio Federal de Barquisimeto.

La medida era pionera. Decían las noticias de ese año que nunca antes una mujer había logrado éxito académico de esa naturaleza. Los elogios eran merecidos porque los Colegios Federales eran los que se habían concebido en educación media para preparar el ingreso a la Universidad. Es cierto que estas señoritas no siguieron estudios superiores: no podían hacerlo porque sólo siguieron un curso y no la escolaridad completa. Pero, desde luego, estaban abonando el terreno para que otras, en un futuro cercano, pudieran hacerlo.

El siguiente paso correspondió a las hermanas Duque. Corría 1899 cuando estas damas obtuvieron el título de agrimensor. El grado les fue otorgado por la Universidad Central. Pero debe señalarse que ellas no asistieron a las aulas, rindieron exámenes extra cátedra. A ellas rindió tributo debido Ermila Troconis de Veracoechea en su imprescindible Indias, esclavas, mantuanas y primeras damas.

También por régimen de exámenes extra cátedra, obtuvo el título de primera Profesora Normal otra venezolana. Todo el ritual para valorar su acopio de conocimientos fue reseñado con precisión milimétrica por la prensa nacional (sobre todo la caraqueña). Esta experiencia se concretó en 1902. La candidata a obtener el grado descrito lo alcanzó con honores. Se llamaba Virginia Pereira Álvarez.

También correspondió a ella el mérito de convertirse en la primera venezolana en egresar de una universidad venezolana. En 1910 obtuvo el título después de presentar la tesis titulada Hidratos de carbono. Como se ve, precedió en casi 25 años a doña Lya Ímber de Coronill.

Relacionado con: mujeres, pioneras de venezuela

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