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Emigración de los hijos: una mezcla entre alegría y tristeza

Para cualquier madre, ver a un hijo emigrar, sin importar cuáles hayan sido las causas para tomar tal decisión, es un proceso que implica pasar por una etapa de dolor y de tristeza hasta llegar al punto de la aceptación de la realidad. Esta es la historia de dos madres -una con un hijo que se fue y no ha vuelto, y otra con un retoño que regresó a su país- y cómo lograron sobrellevar esta experiencia

imagen: FOTOS: CARLOS VARGAS | DOMINGO 7 DE MAYO DE 2017
Emociones, sentimientos encontrados; un híbrido entre alegría, tristeza, nostalgia y otras sensaciones. Así se sienten muchas madres al despedir a sus hijos que emigran a otro país sin importar el factor que los haya impulsado a tomar esa decisión. Algunas de ellas viven la experiencia como una pérdida -así la ausencia del hijo sea temporal-, mientras que otras aceptan la partida como una separación que marca una nueva etapa para todos en la familia.

En el área de la psicología relacionada con la terapia familiar, esta etapa se conoce como el síndrome del "nido vacío", es decir, son los sentimientos o emociones que experimentan los padres a causa de la ausencia física del hijo en ese lugar en el cual compartieron momentos de calidad, generaron buenos recuerdos y fortalecieron su lazo afectivo. Mariela Hernández, psicóloga egresada de la UCV, especialista en terapia familiar y sistémica general, explica este síndrome de manera muy sencilla, pues es, simplemente, el espacio físico y emocional que han dejado los hijos y que ocurre usualmente en la etapa de adultez.  Cuando los descendientes emigran es seguro que ocurran dos realidades: que el país destino sea el nuevo espacio geográfico  que lo acompañe sin tiempo determinado para cumplir metas, o que su estadía solo sea momentánea y regrese a su tierra natal.

Ciudadanos del mundo

Paola Bertorelli es una madre venezolana que regresó al país en 1983. Su hijo, Alejandro Calcaño, quien actualmente tiene 29 años de edad, fue ganador en 2005 -después de atravesar un gran proceso de selección con más de 200 jóvenes- de una beca para cursar durante dos años el bachillerato internacional que ofrece la organización United World Colleges (UWC) a través de Avemundo (Asociación venezolana de los Colegios del mundo unido), ente que se encarga de seleccionar a quienes desean optar por una beca para realizar estudios en el exterior. Calcaño optó por dicho subsidio en el colegio Adriatic en Italia. Luego de esta experiencia se dedicó a obtener conocimientos académicos en Comunicación y Ciencias políticas en el Vassar College, ubicado en Nueva York.

Esta madre un día leyó en la prensa una nota periodística en la cual entrevistaron a varios egresados de esta institución, cuyo propósito es que sus estudiantes compartan y adquieran experiencias con otras culturas y se comprometan de manera positiva con la sociedad aportando a través del pragmatismo de lo aprendido académicamente. "Lo que decían acerca de formar agentes de cambio me hizo pensar en mi hijo", comenta Bertorelli.  Ser un agente de cambio, que se interesa en su entorno, tener la oportunidad de negociar con otros, de desarrollarse y de crecer académicamente, atendiendo también el factor social, fue lo que lo impulsó a formar parte de esto.

Con esta separación, orgullosa por el logro de su hijo, acudió a la ayuda profesional para poder lidiar con el hecho de tener el "nido vacío", pues la situación ocurrió en medio de una transición personal. "Aproveché el momento para hacer un trabajo de introspección que me ayudó a manejar la ausencia." 

Para el año en el cual Alejandro emigró, no existía el auge de los teléfonos inteligentes. Cuando el joven llegó a su destino, las conversaciones madre e hijo las realizaban a través de Messenger, chat en línea de Hotmail. Debido a las actividades y a la diferencia de horarios, crear un itinerario de llamadas fue preciso. "Hablábamos de aprender a valerse por sí mismo. Era su oportunidad de contarme todos los cambios que estaba viviendo y la mía de sentirlo a través de su experiencia."

Actualmente, su hijo goza de un trabajo estable en Nueva York. Con el paso del tiempo y la incorporación de los avances tecnológicos que facilitan las tareas diarias, estos dos personajes comenzaron a valerse de estas herramientas para saber uno del otro. Incluso, comenta, que en oportunidades cocinan juntos cada cual en su casa.

Paola redirigió y reorganizó su vida para sanar, compensar ese vacío y aprovechar el tiempo que comenzó a disponer con la ausencia de su hijo. Salidas con amigas, la invención de un mercado gastronómico, y hacer ejercicios físicos, fueron algunas de las actividades que se sumaron a su agenda. "La geografía no determina tu valor", concluyó.

La emigración precoz

Heidi Pulgar también es mamá de un joven egresado de los UWC. Samuel Díaz emigró a los 17 años de edad durante el periodo 2010-2013 gracias a la beca que obtuvo en dicha organización para cursar el bachillerato internacional en Noruega."Tuvimos conocimiento de ellos a través de la radio.  Posteriormente dieron una charla en el Colegio Santiago de León de Caracas donde estudiaba mi hijo."

La razón por la cual se sintió motivado fue tener la posibilidad de intercambiar conocimientos y de compartir con personas pertenecientes a otras culturas.  A diferencia de los Bertorelli, la despedida de esta familia ocurrió al otro lado del mundo, en Noruega, el lugar donde estaría por un buen tiempo. Pulgar comenta entre risas que el colegio para el cual Samuel quedó seleccionado "queda en el medio de la nada", por lo cual decidieron acompañar a su retoño en aquel primer viaje para constatar con sus propios ojos el lugar donde viviría y poder contextualizarlo cada vez que hablaran con él. "Recuerdo haber pensado: 'este niño se aburrirá horrores', un caraqueño acostumbrado al frenesí en un pueblo de 300 habitantes."

El vacío y la ausencia la sobrellevó con calma, disfrutando de cada llamada telefónica que tenía con él y su visita en las temporadas vacacionales.  "Sabemos que a los hijos los criamos y  luego esperamos que vuelen con sus propias alas. Al mío le  tocó utilizarlas bastante temprano", comenta entre risas y cierta nostalgia.  "Cuando culminó esa nueva etapa fuera de su país decidió regresar y, según sus palabras, no concibe su vida en otro lugar que no sea Venezuela."  La experiencia de ver a un hijo partir, de no tenerlo en casa y de tener tiempo de sobra, la asume como "una oportunidad de crecimiento que representa salir de tu área de confort y tener que ocuparte de labores que tus padres hacían por ti".  Siempre jugó el papel de madre alentadora. Invita a motivar a los jóvenes a prepararse profesionalmente, "porque cada uno de ellos hará falta para trabajar por este gran país", sentenció. 

esandoval@eluniversal.com 

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