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Notas

El verdadero éxito: La familia

Amor, paz, trabajo y libertad son algunos de los muchos valores que le han dado peso a linajes enteros que cuentan sus historias de cómo en la actualidad son clanes victoriosos.

por VERÓNICA PÉREZ  |  DOMINGO 21 DE JULIO DE 2013
Se pregunta usted cómo familias completas llegan a alcanzar el reconocimiento y la satisfacción en las diversas áreas en las que se desempeñan sus miembros?

Desde los Davalillo (peloteros de corazón), pasando por la familia de actores Alvarado-Álvarez-Rabbe (Daniela, Daniel, Carlos Daniel, Carmen Julia y Emma) y llegando a los melodiosos Borja (Luis Fernando, Ronald y Neguito) sencillamente hay clanes que han logrado constituirse sobre valores (y profesiones), de forma tal que dejan las ovejas negras para los cuentos y los programas de televisión.

Aquí, tres historias de linajes reconocidos por sus labores en los medios de comunicación, la música y el deporte, que narran cuáles han sido las claves para alcanzar el paraíso de una familia feliz.

Al estilo Flanders
Martha Palma Troconis, periodista de planta de Globovisión, y Héctor Palma, comunicador, actor, director y productor, son dos de los hermanos más queridos por los medios de comunicación. Su "buena onda" viaja por doquier, despertando respeto y cariño. "Aunque suene aburrido, mi hermano dice que nosotros somos como la familia Flanders, los bondadosos de Los Simpson. Ellos son corteses, unidos y amorosos. Así somos en casa: melosos", explica Martha mientras, entre carantoñas, responde a su hijo demostrando la forma de tratarse de los Palma Troconis.

De acuerdo con la periodista, la historia familiar dista mucho de ser perfecta. Al contrario. Durante la adolescencia de Héctor y ella, sus padres decidieron divorciarse. "Eso nos marcó mucho como familia porque siempre habíamos valorado lo que teníamos. Después de vivir los conflictos normales de un divorcio nunca pensamos volver a estar juntos, pero luego de tres años mis padres retornaron a ser pareja con una certeza y una firmeza que renovó la relación, no solo de ellos, sino de toda la familia".

Héctor Palma lo recuerda, como él mismo dice, desde el punto de vista fílmico. "Con ello, mi hermana y yo nos convertimos en los testigos de la boda civil y los padrinos de la renovación en las Bodas de Plata por la Iglesia. Con esta historia se imaginarán lo que ha sido para mí lidiar con esa concepción tan cinematográfica del amor. La responsabilidad de casarse es hoy en día muy subestimada, pero, al mismo tiempo, pareciera que es una institución que está pidiendo a gritos ajustes de lo que llamamos estar en pareja. Creo que estamos urgidos de trabajar en el sentido de pertenencia que asumimos cuando amamos a alguien. Lo que amamos no es nuestro y he allí el secreto de amar".

Martha cuenta que Héctor y ella eran dos hermanos normales, con sus peleas y sus encuentros, pero fue precisamente durante la etapa posterior a la separación de sus padres que se hallaron como amigos. "Nos mudamos con mi mamá a Maracay, pero, justo al año, volví a Caracas a continuar con mis estudios y Héctor se quedó. En ese período nos unimos mucho más. En ese tema tan traumático que es el divorcio, nosotros pudimos encontrarnos y, gracias a ello, hoy somos una mejor familia, porque si bien mis padres dijeron cosas y hubo momentos duros, al final siempre el amor y el respeto estuvo por encima de todo", añade.

Cuando a los hermanos Palma Troconis se les pregunta sobre la mejor herencia o enseñanza de sus padres, abundan en hermosas lecciones, pero refieren, sobre todo, la bondad y la libertad. "Mis padres fueron grandes maestros y nos enseñaron muchas cosas, principalmente, el ejemplo de bondad. Es la mejor lección o por lo menos la que yo quisiera que mis hijos aprendieran porque considero que cuando una persona es buena, todo se le restituye, todo le sale bien. Lo mismo siento con mi hermano. Él es realmente generoso. Hace poco descubrí a mi esposo hablando de Héctor con un amigo y le dijo: 'Mi cuñado puede las cosas imposibles'. Y es verdad, porque es un hombre tenaz, valiente y apasionado con lo que hace, pero su esencia es fundamentalmente la bondad".

"La libertad -afirma Héctor Palma. No me lo había preguntado nunca, pero la realidad es que es la mayor premisa de vida en la que me han ilustrado mis padres porque es la fuerza motora en toda su expresión. Buscar ser libre de pensamiento te hace, al mismo tiempo, responsable inmediato de tus decisiones y te otorga un poder absoluto sobre ti mismo y te hace valorar cada pequeña decisión que tomas. En la medida en que desarrollas tu libertad te obligas a comprometerte con ella y a ser tú el único capaz de manejar lo que sucede en tu vida. Ellos me han enseñado el poder que tiene entender que todo pasa, que todo cambia, que por muy mal que estén las cosas, estas son en sí mismas parte del proceso necesario para lo bueno".

Entre las tradiciones que identifican a los hermanos Palma Troconis están bailar la canción Amor Verdadero, de Willie Colón, en cualquier lugar en el que estén, porque fue el tema con el que Martha enseñó a bailar a Héctor; y, también, hacer listas de peticiones para las doce uvas durante la noche de Año Nuevo, incluyendo deseos para los amigos. "A veces nos llaman para decirnos: 'Mira, pídanme un novio o un trabajo' y es uno de los gestos que hacemos por la gente que amamos", cuenta Martha. "Mi hermana es mi mejor amiga, es mi gran confidente. Siempre he tenido inconscientemente la responsabilidad de hacerla feliz. Cuando era chamo nos daban chucherías y esperaba a que ella se comiera las suyas para luego compartir las mías con ella. Ver que se le acababan y que yo podía hacerla feliz dándole las mías es algo que en cierta forma se ha repetido en nuestra forma de llevarnos", añade el actor y director.

"Tener una familia que te motive y te dé centro es un privilegio. El amor es lo que hace que todo tenga sentido porque permite que haya respeto, que las peleas se diluyan, que los rencores desaparezcan y que las relaciones sean más profundas", añade Martha Palma Troconis, mientras su hermano Héctor no duda en el valor de su familia. "Mis papás han entregado su vida a nosotros. Ellos nos han permitido ser quienes somos. Tuvieron un superobjetivo que son sus hijos y eso es un acto que me conmueve de tal forma que me invita todos los días a honrarlos con mis acciones".


La paz no es un deporte
El desaparecido Asnoldo Devonish se convirtió en héroe nacional tras conquistar la primera medalla olímpica para Venezuela en 1952, cuando se alzó con el bronce en el salto triple. En su hogar, el deporte era el sello familiar. No en vano, su tío, José Encarnación "Pachencho" Romero, también consigió laureles nacionales e internacionales como atleta de pista y campo.

La visión de la importancia de la práctica deportiva no cambió para Devonish cuando decidió conformar una familia. "Yo era una nadadora del Velódromo que estaba formándose como entrenadora -explica Lina de Devonish, viuda del competidor- y cuando conocí a Asnoldo ya él era un atleta consagrado. Nos casamos y llegaron nuestros dos hijos. Ahora tengo siete nietos y un bisnieto; todos, a excepción del más pequeño (que tiene tres años de edad), hemos estado comprometidos con el deporte y con los cambios positivos que produce".

Cuando se le pregunta por el pilar fundamental en la formación del linaje Devonish, la "jefa" familiar no duda por un segundo: la paz. "Nuestra vida no ha sido ni es fácil. Pero, definitivamente, la paz, palabra que está muy de moda ahorita (no así el sentimiento), es lo que ha conducido mi hogar porque ella conlleva a la justicia, a la verdad, al respeto del otro. Esto nos permite hacer amistades, intentar ser justos con todos y ser objetivos en las áreas en las que nos ha tocado desempeñarnos. Todo esto proviene de las enseñanzas de nuestros padres y de la persona que nos arropó como familia: Asnoldo".

Mientras Lina de Devonish se confiesa como el brazo duro en cuanto a la educación del hogar, explica que el diálogo ha salvado a su familia y la ha mantenido acoplada incluso en momentos difíciles. "La unión familiar es lo más importante. Los fines de semana nos juntamos a escuchar lo que nos ha acontecido. Todos en familia. A mis hijos y mis nietos siempre les hemos dicho que los legados que podemos entregarles son la preparación en sus estudios y la importancia de ser auténticos, verdaderos. Nadie puede pensar ni expresarse por ti. Esto es lo que hace que las familias sean verdaderas ciudadanas".

Al ritmo del trabajo
Podría pensarse que a la familia Estévez, conocida como una de importantes músicos venezolanos, la identifican las melodías bien entonadas. Sin embargo, uno de los miembros más representativos de esa orquesta consanguínea, Miguel Delgado Estévez (integrante del grupo El Cuarteto), considera que el trabajo es lo más sobresaliente de ese linaje llanero. "Desde mi abuelo Mariano y mi abuela 'Mamá Pane', como le decíamos, somos gente echada pa' lante. Mi abuelo Mariano Estévez fue el que llevó el hielo a Calabozo. A instancias de mi abuela, él compró una máquina de hacer hielo y entonces creó una especie de mercadeo con los carretilleros (que eran mi tío Antonio Estévez, futuro fundador del Orfeón Universitario, y mi tío Francisco, también músico).

También mi mamá era muy fajada. Se desempeñaba como maestra de música y levantó a sus hijos sola, como muchas mujeres en este país. Eso lo tenemos los Estévez en la sangre, donde no hay cabida para la deshonestidad ni para la flojera... ¡Cuántas veces mis hijos se fueron a dormir y yo trabajando frente al piano en alguna composición, y cuando se levantaban para ir al colegio yo seguía trabajando! Eso es el mejor ejemplo que pude darles".

Igualmente, Delgado Estévez explica que el hilo conductor del hogar siempre ha sido la música. "En nuestra casa nos ocupamos en muchas profesiones. Yo, por ejemplo, soy un biólogo. Pero a todos nos une la música, a unos profesionalmente y a otros por hobby.  Lo que ocurre con nuestras reuniones familiares es impelable: hay algún o muchos instrumentos musicales y la cantadera. Desde que yo recuerdo ha sido así. Ahora, con mis hijos grandes, sigue la tradición del sarao musical. Incluyendo a mi mamá (conocida como 'La Nena' Estévez), quien tiene 89 años de edad. Eso es una marca de familia. Cuentan que mi abuelo, en las tardes, cuando la gente 'cogía aire', salía con su cuatro a la calle, mi abuela con su mandolina y mi mamá con su guitarra, y entonces se juntaba a la fiesta nada más y nada menos que el músico Juan Vicente Torrealba. Las sillas de la casa dejaban sus espacios habituales para salir a la acera en manos de los vecinos. Esto lo heredó mi tío Antonio que hacía más o menos lo mismo cuando visitaba Calabozo con todos los muchachos del Orfeón Universitario entre los que estaban músicos como Jesús Sevillano, Domingo Mendoza, Juan Martínez Herrera, muchos que se me escapan los nombres. Todo un legado".

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Comentarios (1)

Omaira T. Martínez B.
25.07.2013
9:06 AM

Comentario 5614233

Que relación de hermanos tan bella de los Palma Troconis, me conmovió ese gesto tan lindo de que guardaba sus chucherías para compartirla con su hermana y hacerla feliz, de verdad que ternura. Y siendo muchachos que es más complicado no.


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