"A Melissa Wolf no la para nadie"

Ser Miss Miranda 2002 supuso la creación de un personaje de reina que ha sido estigma y camino hacia su pasión: el teatro. Actriz y directora, se prepara para el reto de encarnar un nuevo rol en la obra Cinco mujeres con el mismo vestido.

por VERÓNICA PÉREZ  |  DOMINGO 12 DE MAYO DE 2013

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"Yo me niego a suspender función. En una oportunidad, teníamos solo una persona en sala para presentar la obra. Así que salí a la taquilla del Ateneo de Caracas y compré dos entradas. Se las regalé a unas personas que siempre deambulan por allí. Si bien mi vida está signada por el azar, el trabajar constantemente y sin detenerme es lo que me ha traído hasta aquí y me ha de conducir a algún lugar". Así es Melissa Wolf, quien a sus treinta y pocos sigue teniendo el guiño sonriente de una niña que a estas alturas perdió la inocencia pero no la fe.

"Llegué al teatro gracias al Miss Venezuela -2002- y a su vinculación con Venevisión", añade la oriunda de la población fronteriza de Santa Elena de Uairén, quien se mudó a Caracas con la expectativa de ser, en principio, comunicadora social.

Aunque hoy, en boca de ella, su camino profesional en el teatro es definitivo, no siempre fue así: "No supe qué quería hacer de mi vida hasta los 24 años de edad. Recuerdo que me llamaron de Venevisión y pensé que había quedado para ser ancla del noticiero, por una prueba que había hecho". Ciertamente, su grado Cum Laude de la Universidad Católica Andrés Bello indicaba que la joven tal vez podría tener interés en el periodismo. Sin embargo, otro parecía su destino. La llamada de la televisora tenía como objetivo invitarla a participar en los talleres de actuación del canal. Para su buena estrella, uno de los profesores era el reconocido director de teatro, dramaturgo y actor, Héctor Manrique, convertido desde entonces en su mentor y su amigo.

Al finalizar el taller, los participantes debían realizar una obra de teatro en la que Wolf asumió la coordinación de la actividad. "Estaba completamente enamorada del proyecto", rememora. Tras un año de la primera experiencia de Melissa en las tablas, Manrique le pide que lo asista en la pieza El día que me quieras, escrita por José Ignacio Cabrujas y que tendría al respetado Juan Carlos Gené como protagonista. "¿Cómo iba a negarme?", se pregunta la otrora Miss Miranda. "Eran Cabrujas, Manrique y Gené. Fue un inmenso honor".

Habiendo quedado poseída por el espíritu escénico, más tarde, en 2006, dirige la pieza Momentos, basada en textos del español José Luis Alonso de Santos, como parte final del segundo nivel de los talleres de actuación de Venevisión. Posteriormente se encarga de las obras El cruce sobre el Niágara de Alonso Alegría Amézquita y Edmond de David Mamet, por la que obtuvo críticas como la del periodista Édgar Moreno Uribe en la que este menciona: "Hay pocas damas que se atreven a dirigir una cohorte actoral donde hay predominio de hombres, y una de esas excepciones es precisamente una fémina bella, con rubios cabellos largos e interesantes ideas estéticas, como lo ha demostrado Melissa Wolf con su impactante creación escénica".

Tras la proclama personal de haber nacido también para interpretar en el teatro obtiene su primer papel de trascendencia: Nell, personaje creado por Samuel Beckett en la pieza Final de partida. Más tarde, encarna a Antonieta Parissí en Acto Cultural y, luego, protagoniza El matrimonio de Bette y Boo.

Aunque parece corta la carrera actoral de Wolf, ya sabe del respeto de crítica y público: es la ganadora más reciente del premio Marco Antonio Ettedgui que entrega el Grupo Rajatabla a actores menores de 35 años de edad destacados por su compromiso con el teatro; y precisamente su último rol como Bette Brennan, la mujer obsesionada con ser madre en El matrimonio de Bette y Boo, le selló el sabor del galardón. Hoy, la actriz se dispone para la pieza Cinco mujeres con el mismo vestido, comedia escrita por Alan Ball, guionista del filme American Beauty y de la serie de TV True Blood, considerada un reto por la producción teatral que implica.

El estigma del Miss Venezuela
Un día: jeans, zapatos deportivos y el cabello recogido. Al siguiente: tacones, falda corta y cabello secado de peluquería. Así fue el cambio que vivió Wolf en 2002 cuando un par de cazatalentos la llevó frente a Osmel Sousa. Tan solo a instantes después de aquel encuentro, la tímida y espigada muchacha era elegida para llevar la banda del estado Miranda al Miss Venezuela, concurso en el que alcanzó el puesto de cuarta finalista.

"Creo que la 'Melissa Miss' fue mi primer personaje. Con frecuencia recuerdo cuando estuve en el escenario del Poliedro respondiendo la pregunta del concurso, y me digo: '¿Quién era esa?'".

Ganada para la tarea de iniciar a otros en el teatro, asegura estar consciente de que algunos se acercan para aprender pero con la desconfianza de estar frente a una exreina de belleza. "No me he quitado el estigma de Miss. En cierta forma, me gusta, porque las misses son señaladas como tontas y oportunistas", opina quien, además, presenta una defensa: "Señores: el Miss Venezuela es rudísimo y las mujeres que por allí han pasado y han sobrevivido con dignidad son unas 'duras'".

En su abecedario de experiencias, recuerda la de un joven alumno, quien durante un ejercicio teatral pronunció un monólogo sobre lo terrible que era recibir clases de alguien que había participado en un concurso de belleza.

"Hoy por hoy y antes de empezar las clases de Iniciación teatral, con el apoyo del Grupo Actoral 80, digo que fui Miss. He criticado mucho de lo que ocurre en el concurso, pero me siento orgullosa de haber estado allí. Cuando hago esta advertencia significa, para mí, que voy a destruir prejuicios".

El contacto con sus alumnos, por otro lado, ha sido un gran aprendizaje. "Me he probado como el abono de esa semilla que se explora en las tablas". Y lo afirma bien, en las tablas, porque Melissa Wolf no niega que en su crecimiento actoral también hay un episodio poco afortunado con las telenovelas: "Yo no cambié la televisión por el teatro. La televisión me cambió a mí. Cuando ingresé en una telenovela de Venevisión lo hice mal, pero muy mal. Siempre lo cuento a mis alumnos".

Melissa recuerda su participación en El amor las vuelve locas. "Era la contraparte de Lilibeth Morillo. Ambas peleábamos por el amor de Carlos Montilla. Yo era la villana. Mi personaje, si acaso, duró dos semanas, me sacaron y entró otra actriz para hacer mi papel pero con otro nombre. No es que no quise hacer más televisión sino que no me llamaron más (risas). Desde ese momento me integré al teatro. Durante casi nueve años me he formado. Si se da la oportunidad, me encantaría hacer televisión y cine, pues cuento con un poco más de conocimiento y con la humildad de querer seguir aprendiendo. Para mí en la vida hay dos clases de personas: las que tienen mucho talento y una chispa especial, a quienes todo se les da fácil; y a quienes todo les cuesta un poco más. Eso me gusta, que me cueste, porque significa que voy a trabajar con más rigor y con mayor profundidad. Cuando logro ese estado me percato de que a Melissa Wolf ¡no la para nadie!".



Agradecimiento
Teatrex


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