Tendría los ojos negritos...

En esta Navidad el popular aguinaldo El niño criollo cumple 50 años de creado. Fruto de una inspiración divina, sus autores rememoran anécdotas de un poema que se sigue escribiendo y que ahora incluye una estrofa larense

por FABIÁN SOTO RUEDA  |  imagen: FABIÁN SOTO RUEDA | DOMINGO 23 DE DICIEMBRE DE 2012
Como muchas de nuestras tradiciones, solemos creer erróneamente que todos los aguinaldos y villancicos son por definición antiguos e incluso de autores anónimos, cuyos versos se han colado de boca en boca hasta vencer el tiempo. Y aunque buena parte de nuestro cancionero popular venezolano es así, siempre hay afortunadas excepciones que deslumbran con sorpresa. El niño criollo, el popular aguinaldo que dice: "Si la Virgen fuera andina y San José de los llanos..." (el resto del verso está en su memoria), es un extraordinario ejemplo de cómo todavía la Navidad nos hace saltar de nuevo como niños.

Este tema interpretado por grandes artistas nacionales y popularizado por la televisión, donde se usaba como parte de la banda sonora del homenaje que RCTV y Venevisión realizaban a Venezuela en esta época, celebra justamente 50 años de su creación, fruto de las manos, mentes y sobre todo corazones de dos profundos y comprometidos venezolanos: el maestro Luis Morales Bance (música) y la señora Isabel Herrera de Umérez (letra).

Corría diciembre de 1962 y un grupo de jóvenes, adolescentes en su mayoría, repartían sus pasatiempos decembrinos entre patinar en el Parque Los Caobos de Caracas y reunirse en las tardes para cantar aguinaldos. "En esa época la leche y el pan se dejaban en las puertas de las casas, y por supuesto eran arrasados por la hueste patinadora de las 4 de la mañana", apunta con una sonrisa pícara Luis Morales Bance, el laureado violinista, concertino de la Orquesta Filarmónica de Caracas, al describir aquellos diciembres de sus 11 o 12 años, cuando conformó por primera vez un grupo de aguinaldos invitado por la pianista Rosario Marciano.

En El Rosal, El Bosque, Las Mercedes y hasta Altamira, los muchachos formaban conjuntos de música que iban por las casas de estas urbanizaciones a cantar antes o después de las Misas de Agui-naldo. Si la Eucaristía era a las 6 de la tarde, o más allá, se reunían para ensayar y terminaban ofreciendo recitales que se convertían en retretas con comida, bebida y fiesta. Si en cambio la misa era en la madrugada, a las 4, al salir se equipaban con patines y se apoderaban de las calles hasta que saliera el sol o el anuncio de algún padre dispersara la diversión.

"Los Herrera y los Morales éramos vecinos, y cuando los niños, mis hermanos menores y los Morales más pequeños, como Luis, se ponían a jugar y hacían alguna travesura, mi mamá los regañaba, pero los regaños... ¡le salían en verso!", recuerda con admirada jocosidad Isabel Herrera, quien para diciembre de 1962 vivía con sus padres en la calle Londres, Quinta Roraima de Las Mercedes. La estudiante de arquitectura tenía 22 años entonces, seis más que Morales, a quien ya se le reconocía como un prometedor ejecutante. Él compartía el atril de la amistad con otro querido músico venezolano, Frank Dipolo, quien tocaba muy bien la tumbadora y la trompeta, "que a pesar de no usarse en los aguinaldos, nos servía de excusa para encadenarnos toda la noche".

No está claro de quién fue la idea de formar el grupo en aquella Navidad providencial, lo cierto es que Isabel recuerda muy bien que ambos jóvenes eran los baluartes del conjunto porque solo ellos tenían estudios formales de música y eso les permitía garantizar calidad en la ejecución de los aguinaldos más populares como Cantemos, cantemos, Purísima María y Mi niño lindo, entre otros.

"A Luis Morales le pusieron la tarea de llevar un aguinaldo y buscó a mi mamá para que le ayudara; cada vez que la veía se lo pedía. Un buen día, por inspiración divina digo yo, porque nunca había escrito nada , me senté y escribí el aguinaldo de un solo golpe. Llegué a donde Luis y le dije: Mira, mi mamá no ha escrito nada pero a mí se me ocurrió esto".

Entre las primeras casas donde se interpretó El niño criollo se cuenta la del maestro Ángel Sauce, con quien Luis Morales estudiaba armonía y quien con frecuencia ponía como tarea llevar temas o canciones. Otro recital memorable fue en casa del economista Antonio Carpaya, quien desde que lo escuchó predijo que sería un tema muy famoso, por eso sugirió a los autores que lo registraran antes de volver a cantarlo en público: "Él es el padrino de El niño criollo, le hicimos caso y ese diciembre solo lo cantábamos en nuestras casas hasta que lo registramos. Al año siguiente, en la Navidad de 1963, el señor Carpaya, quien trabajaba en una televisora privada, nos pidió permiso para usar el aguinaldo como jingle para identificar su programación decembrina".

Isabel Herrera todavía conserva el disco de 45 revoluciones que grabaron bajo la dirección del maestro Aldemaro Romero en el canal de televisión, acontecimiento que sin duda ayudó a popularizar el contagioso ritmo y la entrañable letra: "Nosotros no hicimos este aguinaldo con fines de lucro. Esta es una canción venezolana que la gente ha tomado con tanto cariño que a mí me satisface y me llena de mucho orgullo. Se ha interpretado de muy diferentes formas y eso me encanta, siempre y cuando no se le falte el respeto al Niño Jesús".

"José Ignacio Cabrujas decía que cada vez que mencionas Venezuela ganas adeptos", reflexiona Morales Bance: "Creo que el gran impacto de esta pieza es, más allá de la música que es pegajosa, la letra que refleja la forma de cómo le gusta ser visto al venezolano".

Después de 50 años, este aguinaldo hace parte del inconsciente colectivo del venezolano y, como la teoría junguiana de los arquetipos, El niño criollo "no es mío, ni tuyo", tampoco es de sus autores, a quienes siempre les estaremos agradecidos. Ahora sin duda es de todos aquellos que alguna vez han tenido "la cara tostadita del sol de por estos lados".

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