Punto y Aparte | CUERPO Y MENTE
Respetar la decisión de otros
por MAYTTE
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imagen: FOTO: WWW.SHUTTERSTOCK.COM |
DOMINGO 3 DE FEBRERO DE 2013
Cuántas veces nos empeñamos en convencer a otros de cómo deberían actuar, pensando que, de esta manera, los libraremos de cometer errores, de tener problemas más adelante o de experimentar una situación difícil o desagradable como consecuencia de su error.
Pero lo cierto es que por más que insistamos, no podremos hacerlos cambiar de parecer a menos que ellos estén dispuestos a hacerlo por su voluntad o conciencia. Es más, si son personas queridas, seguramente enfrentaremos el rechazo abierto a nuestros comentarios e intentos de sugerirles un comportamiento, un punto de vista o una decisión diferente.
Tengamos presente que toda relación que se mantenga a través de la manipulación y la culpa produce malestar y que, con el tiempo, la persona que se siente presionada comenzará a sentir frustración y resentimiento, aunque nuestra intención haya sido la mejor.
Es preciso aprender a soltar, a respetar el proceso de la otra persona si es adulta y está en capacidad de tener autonomía, a menos que nos involucre a nosotros, aun cuando tengamos que verla a punto de repetir los mismos errores que en su momento cometimos nosotros, de correr riesgos innecesarios o de poner en peligro su bienestar físico, mental y emocional. Soltar significa permitir que vivan las consecuencias de sus comportamientos y decisiones para que puedan aprender y madurar a través de cada experiencia, sin que nos sintamos responsables por ello. Además, no podemos esperar a que se comporten o actúen como nosotros pensamos que deberían hacerlo, recordemos que cada uno tiene capacidades y limitaciones diferentes que lo convierten en un ser único y especial.
Nadie ha dicho que soltar será fácil, porque quisiéramos seguir protegiéndolos hasta de ellos mismos, pero no podemos hacerlo. Es importante aprenderlo si deseamos preservar nuestra salud emocional y mantener relaciones más armoniosas y duraderas con ellos. Pero, por supuesto, hay una excepción, y es que siempre debemos estar dispuestos a compartir nuestro punto de vista y experiencia cuando nos lo pidan y a brindarles el apoyo que necesiten en cualquier momento.
Aprendamos a mantener una comunicación abierta, clara y respetuosa que nos permita expresar nuestras inquietudes y necesidades en un momento dado, sabiendo que seremos escuchados y que juntos analizaremos la situación para encontrar la mejor solución aun cuando esta nos afecte de alguna manera.
Pero lo cierto es que por más que insistamos, no podremos hacerlos cambiar de parecer a menos que ellos estén dispuestos a hacerlo por su voluntad o conciencia. Es más, si son personas queridas, seguramente enfrentaremos el rechazo abierto a nuestros comentarios e intentos de sugerirles un comportamiento, un punto de vista o una decisión diferente.
Tengamos presente que toda relación que se mantenga a través de la manipulación y la culpa produce malestar y que, con el tiempo, la persona que se siente presionada comenzará a sentir frustración y resentimiento, aunque nuestra intención haya sido la mejor.
Es preciso aprender a soltar, a respetar el proceso de la otra persona si es adulta y está en capacidad de tener autonomía, a menos que nos involucre a nosotros, aun cuando tengamos que verla a punto de repetir los mismos errores que en su momento cometimos nosotros, de correr riesgos innecesarios o de poner en peligro su bienestar físico, mental y emocional. Soltar significa permitir que vivan las consecuencias de sus comportamientos y decisiones para que puedan aprender y madurar a través de cada experiencia, sin que nos sintamos responsables por ello. Además, no podemos esperar a que se comporten o actúen como nosotros pensamos que deberían hacerlo, recordemos que cada uno tiene capacidades y limitaciones diferentes que lo convierten en un ser único y especial.
Nadie ha dicho que soltar será fácil, porque quisiéramos seguir protegiéndolos hasta de ellos mismos, pero no podemos hacerlo. Es importante aprenderlo si deseamos preservar nuestra salud emocional y mantener relaciones más armoniosas y duraderas con ellos. Pero, por supuesto, hay una excepción, y es que siempre debemos estar dispuestos a compartir nuestro punto de vista y experiencia cuando nos lo pidan y a brindarles el apoyo que necesiten en cualquier momento.
Aprendamos a mantener una comunicación abierta, clara y respetuosa que nos permita expresar nuestras inquietudes y necesidades en un momento dado, sabiendo que seremos escuchados y que juntos analizaremos la situación para encontrar la mejor solución aun cuando esta nos afecte de alguna manera.
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