Cuerpo y Mente

Cuerpo y Mente18 ABR 2012


SALUD

Alimentar la esperanza

¿Influye la dieta en la calidad de vida de un niño con autismo? Estampas consultó a tres especialistas que están casados con esta idea y obtuvo el testimonio de una madre cuyo hijo, quien padece este trastorno, ha mejorado su calidad de vida al cambiar sus hábitos alimentarios

por PABLO ERNESTO BLANCO | ESTAMPAS | DOMINGO 14 DE NOVIEMBRE DE 2010


Para muchos, el término autismo continúa siendo un misterio... y esta constatación no es en absoluto gratuita. Las investigaciones alrededor de la enfermedad vienen rodando desde finales del siglo XIX. Y hasta el sol de hoy sigue habiendo controversia alrededor de su diagnóstico y tratamiento. Uno de los puntos que ha generado más polémica entre los médicos en torno a la enfermedad es el de si hay una influencia directa o no de la nutrición en el desarrollo de la calidad de vida de un individuo con autismo.

Los especialistas consultados para este trabajo opinan que, en efecto, la alimentación de estos pacientes es un factor determinante en el tratamiento que reciben, así como en su desarrollo. Se trata de las doctoras Lenny González, pediatra gastroenteróloga, miembro de la Sociedad Venezolana para Niños y Adultos Autistas, y Lorena Benarroch, pediatra inmunóloga del Hospital de Clínicas Caracas, quién también ha pasado por las filas de SOVENIA. Ambas son practicantes del protocolo Detengamos el Autismo Ahora (DAN, por sus siglas en inglés), organizado por el Autism Research Institute de Estados Unidos. Se suman a sus explicaciones, el enfoque de la psicóloga María Isabel Pereira, directora del Centro de Entrenamiento para la Integración y el Aprendizaje (CEPIA).

La no respuesta
La doctora González explica que "el autismo es una enfermedad clínica que se define como un desorden del neurodesarrollo que implica un severo trastorno de diversas áreas y sistemas, alteración de la interacción social, alteración del lenguaje, de la comunicación, comportamientos estereotipados, disruptivos (que producen rupturas bruscas) y destructivos, frecuentemente asociados con trastornos del sueño, así como con patrones de conductas autoagresivas e irritabilidad".

Benarroch, por su parte, agrega que esta afección "implica una incapacidad del individuo de responder a estímulos normales, y, como es de origen multifactorial, afecta muchos órganos y sistemas. Incluye desórdenes del desarrollo neurológico, compromiso del tracto gastrointestinal y una severa disfunción del sistema inmunológico. De 50 varones que nacen vivos, uno padece el trastorno, proporción que en el caso de las hembras es de una de cada ochenta niñas (cifras suministradas por las especialistas consultadas).

Pereira comenta: "Hoy en día preferimos referirnos al autismo no como un síndrome único, sino más bien como un conjunto de trastornos al que llamamos Trastornos del espectro autista. Esta categoría abarca, desde cuadros con una condición muy severa, con retardo asociado, hasta muy leves, de individuos que pueden incorporarse a la sociedad con un mínimo apoyo. Los trastornos del espectro autista, son de origen orgánico y sus síntomas aparecen durante los primeros tres años de vida. Se caracterizan por diversas dificultades en la comunicación, socialización, integración sensorial y procesamiento de información, las cuales afectan su capacidad de desenvolverse con el entorno".

Aquí no se come gluten…
El organismo de todo ser humano normal digiere los alimentos y los transforma en proteínas y aminoácidos apropiados para el organismo. En la digestión de un individuo con autismo, el gluten, proteína del trigo, y la caseína, proteína de la leche, no llegan al final de su correcta transformación sino que se convierten en aminoácidos tóxicos para el organismo, denominados gluteomorfina y caseomorfina, respectivamente (su efecto sobre el organismo es parecido al de la morfina). Esto es lo que sucede cuando los pacientes consumen gluten o caseína:

•Hay una respuesta alterada del sistema inmunológico, que produce anticuerpos principalmente contra los aminoácidos mencionados anteriormente (gluteomorfina y caseomorfina); es decir, el intestino los reconoce como nulos y se desencadena una suerte de "cascada" inflamatoria en todo el organismo.

•Estos aminoácidos bloquean los receptores del cerebro y producen lo que se conoce como el efecto opioiásis; es decir, la unión del antígeno (la sustancia que produce el anticuerpo) con el anticuerpo provoca en los pacientes una sensación similar a la que genera el consumo de opio. Los niños están, literalmente, como "drogados" y se convierten en adictos a alimentos dañinos para su organismo como la leche y el pan.

•El sistema inmunológico reside en el intestino delgado y allí están las células madre que son las que sensibilizan el organismo del paciente con los aminoácidos que estos anticuerpos rechazan.

•Esto trae como consecuencia una inflamación a nivel intestinal. Hay una respuesta inadecuada del sistema inmune de estos niños que impide frenar la producción de estos anticuerpos. La inflamación de la mucosa intestinal produce en el organismo de los pacientes un déficit de absorción de vitaminas, nutrientes y oligoelementos.

•El mismo problema inmunológico trae como consecuencia un considerable crecimiento bacteriano e infecciones frecuentes, no sólo intestinales sino de oído, de garganta y de piel. Para atacarlas, los pacientes son tratados con antibióticos en grandes cantidades, los cuales destruyen la flora intestinal.

•Las glúteomorfina y la caseomorfina contienen péptidos (moléculas formadas por varios aminoácidos) que pasan a través de la vía hematógena (de la sangre) hacia el sistema nervioso central, produciendo la conducta típica en los pacientes con autismo: no hacen contacto visual, no responden por su nombre, etcétera.

•Los pacientes se intoxican con metales pesados porque no tienen producción suficiente de los agentes quelantes naturales que poseen todos los individuos. Por ejemplo, la mayoría tiene bajo el ácido piroglutámico, precursor del L Glutahione, proveedor de la sustancia química que ayuda a sacar los metales del organismo, en un proceso orgánico que se denomina quelación.

•Los niños con autismo no absorben nutrientes como el hierro y eso los vuelve anémicos. Hay varias teorías alrededor de esta condición. Una de ellas señala que tiene que ver con la deficiencia de enzima DPP IV, encargada de transformar el gluten y la caseína en el aminoácido apropiado, el mercurio inhibe la acción de la misma.

•Los individuos con autismo tienen bajas cantidades de células NK (natural killers), que son la primera línea de defensa del organismo. Esto complica el cuadro de los pacientes. Comienzan a generarse círculos viciosos y, al final, el asunto se transforma en una debacle.

•La consecuencia de todo este proceso, en los niños autistas, a veces, no es tan visible. Ellos no pueden expresarse normalmente y eso dificulta determinar los síntomas.

Luz roja
Si bien cada paciente con autismo se convierte en un caso particular, con un tratamiento específico que se deriva del resultado de los estudios médicos, hay una información básica, en torno a su alimentación, que debe manejarse.

•Lea bien las etiquetas. Todo producto que contenga proteínas de la leche como caseinato de sodio, lactoalbúmina, lactoglobulina, está prohibido para el paciente. Vigile que tampoco contenga gluten. Esto incluye mantequilla, margarina, quesos, yogur, cereales, avena, cebada, trigo, pan, pasta, galletas, jamón de pavo o de pollo, boloñas, etcétera.

•Los pacientes con autismo no pueden consumir azúcar, en ninguna de sus formas (papelón, miel, fructosa, galactosa, edulcorantes artificiales como el Aspartame, Sucralosa y otros ), ya que promueve el crecimiento de microorganismos patógenos en el intestino.

•En cuanto a las vacunas que se apliquen al niño (otro punto que ha generado controversia en el gremio médico) las especialistas consultadas recomiendan que las mismas no contengan timerosal (un derivado del mercurio). Y no consideran pertinente la aceleración en la aplicación de las mismas, ya que pueden agredir el sistema inmunológico del bebé.

Luz verde
•Entre los regímenes alimentarios que son idóneos para los pacientes (de acuerdo al diagnóstico) se encuentran la Dieta de los carbohidratos específicos, en la que los carbohidratos se clasifican según su estructura molecular, que en este caso es lo suficientemente pequeña para poder ser transportada a través del intestino delgado al torrente sanguíneo. Otra conocida es la dieta Feingold, creada, hace más de tres décadas, por el estadounidense Ben Feingold, alergólogo y pediatra que creó un menú libre de aditivos y salicilatos.

•El paciente puede consumir proteína de origen animal como las carnes rojas, pavo y pollo. Si se trata de pescado, lo recomendable es que sean filetes de merluza o pargo, ya que estos peces se encuentran en la superficie del mar y no están contaminados con mercurio.

•También pueden incluirse proteínas de origen vegetal como la quínoa y el amaranto que tienen un alto valor de ácido fólico y complejo B. Dentro de este grupo no deben incluirse el coliflor, los espárragos, el brócoli y el repollo porque contienen sulfuro y el paciente no los procesa adecuadamente.

•En cuanto a las frutas pueden consumirse melón, lechosa, patilla, guanábana madura, guayaba, pera, níspero, mango y zapote, entre otras.

•Dentro de los carbohidratos permitidos se encuentran el arroz, el plátano verde y el maíz.

•Todos los alimentos permitidos deben rotarse en la dieta del paciente para que éste no presente alergias a los mismos.

Todos para uno
"Definitivamente la alimentación impacta directamente en la conducta de mayoría de las personas con autismo", comenta María Isabel Pereira, directora de CEPIA. En nuestras aulas podemos observar cómo quienes manejan una dieta adecuada presentan menos irritabilidad, inquietud y conductas disruptivas en general, lo que facilita el aprendizaje y su integración. Primero nos aseguramos de que los padres estén bien asesorados a nivel médico y procuramos mantener una constante comunicación con ellos para estar al tanto de los detalles del tratamiento. Posteriormente, los apoyamos en la desensibilización sistemática a nuevos alimentos que, generalmente, son rechazados por el paciente, además de promover en la escuela un ambiente libre de productos perjudiciales. En cualquiera de los casos, para un adecuado tratamiento, se requiere que una vasta gama de especialistas interactúe para que el niño reciba una adecuada atención médica.

Vivirlo en carne propia
La doctora Benarroch rememora su experiencia cuando, accidentalmente, se contaminó con mercurio, lo cual, según explica, inevitablemente, le produjo algunos síntomas similares a los que sufren los pacientes con autismo. "Tenía dolores musculares, pérdida de peso, incapacidad intelectual, pérdida de memoria, pérdida del lenguaje expresivo, aislamiento social, hipersensibilidad a los ruidos, al tacto, olfato y pérdida del gusto. En unas vacaciones en Estados Unidos, di, accidentalmente, con un médico naturista ortomolecular (especialidad que contempla un aumento en el suministro de biomoléculas como las vitaminas, los minerales y los oligoelementos), quien sugirió que me hiciese un examen de orina y demostró mi intoxicación mercurial por ingesta de pescado (específicamente atún). Me indicó un tratamiento y en dos semanas volví como de una pesadilla. Si yo regresé, los pacientes también pueden hacerlo. En mi experiencia he visto a niños que emergen sanos de esta enfermedad, muchos con mentes superiores e inteligencias sobredotadas. De modo que el autismo es prevenible, tratable y curable".

pblanco@eluniversal.com

http://www.estampas.com/cuerpo-y-mente/101114/alimentar-la-esperanza