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Notas

Cinco francesas que se ven muy bien

MARTES 8 DE MAYO DE 2012

El próximo viernes 11 de mayo empieza una nueva edición del Festival de Cine Francés. Como ha venido sucediendo ya desde hace 26 años, los espectadores venezolanos tendrán la oportunidad, por unas semanas, de ver una muestra de lo que realizadores de habla francesa han producido últimamente -si bien casi toda la programación está conformada por filmes de 2009 y 2010. Se trata de 14 títulos de autores tanto jóvenes como veteranos. Tal vez falten grandes nombres de la producción reciente de ese país, como Intocable o De dioses y hombres -se extraña la gran película, un calificativo que quizás pueda adjudicársele a Séraphine,  ganadora de siete premios César en el año 2009 -justamente la única que ya ha sido estrenada en la cartelera local-, pero, sin duda, hay obras interesantes que bien vale la pena disfrutar. Acá les muestro las cinco que más me llamaron la atención -además de la premiada Séraphine-, y explico por qué...



Entre la fe y la pasión (Hadewijch), de Bruno Dumont (2009)
Es bueno hacer la advertencia desde un principio: Dumont es, quizás, el cineasta más respetado entre todos los que presentan una obra en este festival (L'Humanité, La vida de Jesús), pero, también, el que con toda seguridad tiene menos facilidad para conectarse con el gran público. Esto es así debido a las características de su cine: uno que podría calificarse de intelectual y, además, poseedor de un ritmo que nada tiene que ver con aquel vertiginoso al que la industria de Hollywood ha acostumbrado a los espectadores. Es un verdadero autor -para decirlo de alguna manera-, y uno que hasta se ha visto en la necesidad de aclarar que su deseo es hacer un cine que "la gente quiera ver". Pues bien, en este caso, cuenta la historia de una joven estudiante de teología
-Hadewijch, su nombre en el convento, el mismo del poeta del siglo XIII Hadewijch de Antwerp, autor del libro Las paradojas del amor-, que es expulsada de esa institución por el extremismo con el que asume su fe. Una vez de vuelta en el mundo real, la joven, ahora con su nombre mundano, Céline, vivirá experiencias también extremas, siempre manteniendo un frágil equilibrio entre la gracia y la locura, que retratan, en última instancia, hasta donde conduce el fanatismo religioso. Sirvan las palabras del crítico Stepehn Holden del diario The New York Times, para sacar conclusiones: "El punto de vista 'cósmico', que, sobre la humanidad, tiene Dumont, es tan duro y penetrante que permite poco o ningún sentido del humor. Los espectadores que no están en su misma longitud de onda tienden a despreciar su trabajo calificándolo como sombrío, pretencioso y aburrido. Los que le siguen, sin embargo, se encontrarán en el territorio particular de Ingmar Bergman, Robert Bresson y Carl Dreyer". 

 

Mi Refugio (Le refuge), de François Ozon (2009)
Siempre resulta atractivo un título de Ozon, aunque no sea de los mejor valorados en su trayectoria. El realizador de Bajo la arena y Swimming Pool protagoniza uno de los raros casos de un cineasta francés del que se han estrenado no pocas obras en la cartelera local -recuérdese, también, Gotas de agua sobre piedras calientes y 8 Mujeres... En Mi Refugio, ganadora del premio especial del jurado en el Festival de San Sebastián 2010, el prolífico y, hay que decirlo, irregular cineasta, vuelve con varios de sus temas predilectos: amor, muerte, culpa, tensión sexual, la complejidad del universo femenino, al contar la historia de una mujer adicta a la heroína que, a las primeras de cambio, enfrenta la muerte por sobredosis de su pareja y, con ello, la necesidad de apartarse de todo y de todos para tomar una decisión importante: seguir con su embarazo... o no, como pretenden quienes eran sus suegros. La llegada al "refugio" del hermano del joven fallecido la llevará a tomar caminos no previsibles. Una nota curiosa. Este último personaje es interpretado por el conocido músico francés Louis-Ronan Choisy, a quien le vaticinaron una promisoria carrera en la actuación después de este debut.

 

El padre de mis hijos (Le père de mes enfants), de Mia Hansen-Løve (2009)
La autora de esta película, a sus 31 años, no es una debutante, ya tiene tres largometrajes en su haber, además de un corto con el que se estrenó detrás de las cámaras- y todos con buena acogida por parte de la crítica. Lo que resulta curioso es que Hansen-Løve es la compañera sentimental de Olivier Assayas, el celebrado director de Carlos, con quien comparte vida y trabajo, pues fue de su mano que comenzó como actriz en un filme llamado Finales de agosto, principios de septiembre, del año 1998, y con quien hasta llegó a escribir sobre cine en la célebre Les cahiers du cinéma. El padre de mis hijos es en realidad su segundo largo, y con él mereció el premio especial del jurado en la sección Una cierta mirada de Cannes 2009. Su historia se centra en un productor de cine que intenta soportar las demandas de su profesión y de su familia (una esposa y tres hijas a las que ama con pasión) hasta que llega a un dramático punto de quiebre. A la directora le alaban el realismo con el que retrata a sus personajes -dicen que se inspiró para el rol principal en el caso de un reconocido productor de su país- y la capacidad y sutileza para mostrarlos en toda su humanidad. 

 El amor de Tony (Angèle et Tony), de Alix Delaporte (2010)
"Yo quería contar una historia de amor, un sentimiento muy fuerte que no habían experimentado antes los protagonistas. Quería asistir a ese momento, que nos emocionáramos con ellos, que sintiéramos su deseo, que nos importara y que nos afectara... Cuando era pequeña pasé mucho tiempo en Normandía, cerca del mar... rodeada todos los días de pescadores a quienes veía como personajes románticos. Gente que pasa la mayor parte de su tiempo en el mar, aislados en cierta forma del mundo real, pero fuertes hasta ser capaces de enfrentarse a un gobierno. Y bajo este influjo trabajamos: había que magnificarlos, que hacerlos héroes, retratarlos en su día a día, pero mejorarlos con la luz". Quien así se expresa es Delaporte, haciendo referencia a varios elementos distintivos de su primer filme: es la historia de un romance, uno bellamente contado; y está ambientado en la costa norte de Francia, en un pueblo de pescadores a donde va a parar la protagonista que se enamora de uno de ellos, todo a la luz de una hermosa fotografía. Mención especial merece la pareja principal de esta película, Clotilde Hesme y Grégory Gadebois, quienes ganaron el César 2012 como actores promesa, justamente el rubro donde triunfó Edgar Ramírez el año pasado. Sobre Hesme, los elogios también se refieren a su belleza: "Comencé un casting de duró tres meses, pero me di cuenta de que Clotilde, sí, era muy guapa, pero entre todas las que vi no encontré ninguna con ese aire infantil que ella posee. Y su belleza ha dado otro aire al personaje que yo había imaginado, una dimensión romántica", ha dicho Delaporte. Habrá que comprobar sus palabras.



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VÍA RÁPIDA A:  

Raúl Chacón

Siempre he sido un apasionado del cine. Como periodista del equipo de Estampas, y ahora como coordinador de la revista, siempre he tenido la oportunidad de seguir en contacto, ejerciendo mi profesión, con el hobbie, el arte, que más me gusta sobre los demás. Acá espero compartir con los lectores otra manera de acercarme a esta expresión que, de uno u otro modo, a casi todos nos alegra o conmueve. Esperen, entonces, comentarios, reflexiones –nunca crítica, pues no es mi terreno-, sobre lo que, ojalá, pronto se verá en nuestra cartelera y, en general, acerca de lo que está ocurriendo en ese maravilloso y seductor universo –películas, actores, tendencias, festivales. No faltarán, como algunos lectores lo han pedido, las recomendaciones, cada viernes, sobre lo nuevo que se estrene en el país. Como alguien que disfruta tanto del cine que se emociona no sólo con lo que ve en la gran pantalla, sino también con lo que lee en publicaciones de cualquier tipo y soporte, siempre habrá algo que compartir con aquellos que han hecho de las películas parte imprescindible de sus vidas.

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