Cultivar la ecuanimidad frente a la incertidumbre
Nada es tan importante como para hacernos perder la calma

MAYTTE

23/08/2020 05:00 am



La ecuanimidad consiste en la capacidad que tenemos de mantenernos serenos y en calma, atentos, como observadores imparciales de las situaciones o las circunstancias cambiantes e inesperadas que se manifiestan en nuestra vida. 

Es una fortaleza que, al mantenernos equilibrados, objetivos e imparciales, nos protege del efecto negativo que nos pueden causar las emociones alteradas y los pensamientos pesimistas. Al mismo tiempo, la ecuanimidad nos lleva a estar firmes, a sentirnos seguros durante los momentos difíciles, a sentir confianza en nuestra capacidad de manejarlos y a tener presente que no estamos solos, que la Divinidad siempre nos acompaña y conspira para que podamos enfrentar y manejar las situaciones de la mejor manera posible.

Nada es tan importante como para hacernos perder la calma. No permitamos que las circunstancias externas nos hagan perder de vista la presencia y el valor de las cosas esenciales e importantes de la vida.

Claves para conseguir el objetivo

Aceptar el cambio. Es necesario que aprendamos a aceptar los cambios que forman parte natural de la vida, que además está en un permanente proceso de transformación y renovación. Hay que entender que el cambio es lo único constante en nuestra vida, lo que además nos ofrece la oportunidad de aprender, crecer, madurar e inclusive conocernos mejor a nosotros mismos, para así descubrir y usar nuestras fortalezas y capacidades al momento de afrontar la vida de la manera más asertiva posible.

Practicar mindfulness. Cuando somos capaces de reconocer lo que está sucediendo en el momento, y nos enfocamos en una sola cosa a la vez, fluimos con la experiencia; es decir, nos conectamos con todos nuestros sentidos a lo que estamos haciendo o viviendo, sin emitir juicios o comparaciones. A través de la atención plena evitamos agregar sufrimiento a las experiencias difíciles al mantenernos en el presente, serenos y dispuestos a buscar y usar los recursos y las herramientas para manejarlas o superarlas. Cuando la practicamos, comprendemos que todo pasa y que todo se renueva.

Conectar con la gratitud. Crear un pequeño ritual para agradecer al final del día cada evento, persona o cosa que nos haya hecho sentir bien. Por ejemplo, reconocer y valorar los regalos esenciales que recibimos: estar vivos o tener familia y amigos. Eso nos ayudará a recuperar la calma y la confianza, y a potenciar nuestro bienestar. Solo podemos experimentar gratitud después de habernos detenido para reconocer y apreciar todos los elementos positivos que también forman parte de nuestra vida, y en los que nos podemos apoyar para minimizar la dificultad y confiar en que seremos capaces de superarla.

Responder a lo negativo siempre de forma positiva. No podemos cambiar la forma de reaccionar o de actuar de otras personas, pero sí podemos cambiar la forma en que nosotros vamos a responder al comportamiento, los comentarios o la actitud de los demás. Cuando nos llenamos de pensamientos y sentimientos negativos, y no encontramos la forma efectiva de transformar los primeros y canalizar los segundos, perdemos el balance y la paz necesarios para tener la claridad mental que nos permita hacer mejores elecciones y darle respuestas más asertivas a la vida.

Aceptar que las cosas pasan. En lugar de resistirnos a aceptar lo sucedido, pensando en todo lo que pudimos haber hecho para evitarlo o para que sucediera de otra manera, mejor enfoquémonos en buscar una solución. Dramatizar o exagerar el efecto o las consecuencias de una situación, imaginando de la peor manera todo lo que podría suceder, solo nos traerá estrés, ansiedad y la sensación de sentirnos desbordados e incapaces de manejarla o de superarla.

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