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Ser paciente aumenta tu bienestar

MAYTTE

14/01/2018 12:00 am



Cuando no podemos estar presentes y atentos para valorar todo lo que nos rodea, porque vivimos corriendo, ocupados, tratando de anticipar lo que va a ocurrir y lo que tendremos que hacer; cuando nos sentimos frustrados, porque las cosas no suceden cuando lo esperamos o de la forma en la que lo planificamos; cuando vivimos abrumados por lo que es urgente, ensimismados en nuestros pendientes y desesperados porque no podemos solucionar algunos de ellos; cuando nos llenamos de estrés e insatisfacción porque otros no responden o actúan como lo esperamos; cuando nos resulta difícil bajar la intensidad con la que solemos vivir, para conectarnos con un desconocido e incluso con nuestras personas queridas, para ponernos en su lugar o simplemente para compartir, aceptando las diferencias entre nosotros y disfrutando del tiempo que nos tomara hacerlo, necesitamos a tener paciencia.


La paciencia es la aceptación serena de que las cosas puedan ocurrir en un orden o en un ritmo diferente al que esperábamos; es una virtud y todos podemos desarrollarla. A continuación les comparto algunas recomendaciones para cultivarla. 

Mantente en el presente: La mejor manera de conseguirlo, es colocando nuestra atención en cada cosa que hacemos, despejando la mente voluntariamente de las ideas que llegan relacionadas con otras situaciones, experiencias y proyectos. Ocuparnos de una sola cosa a la vez es clave para desarrollarla y poder disfrutar del proceso.

Ser realista: Tener expectativas exageradas, fuera de toda posibilidad de cumplirlas nos llena de estrés, ansiedad y frustración. Comencemos por aterrizar, es decir, por comprobar la factibilidad de ver satisfechas nuestras expectativas, en base a la aceptación de las diferencias, de todos los elementos que intervienen en el proyecto o en la situación y del tiempo que tomara reunirlos, ponernos de acuerdo y hacer lo necesario para obtener el resultado que buscamos.

Tomarte unos segundos antes de: Esta es mi preferida, porque poniéndola en práctica, he descubierto que esos segundos que me tomo para primero, aclarar la intención que en realidad tengo, y segundo, para elegir las mejores palabras, el momento y la forma en que puedo responder a cada persona o situación, me permite hacerlo siempre de una mejor manera.

Esperar activamente: Esperar es tal vez una de las cosas más difíciles de hacer, porque una vez que hemos hecho lo necesario para obtener algo, pareciera que todas las demás áreas de nuestra vida, incluyendo las responsabilidades y las tareas cotidianas, desaparecen porque ponemos toda nuestra energía y atención en esperar lo que va a suceder, con el desgaste mental, emocional y hasta físico que esta espera conlleva. Si usamos la paciencia, podemos hacer todo lo necesario y ese algo más para obtener un resultado positivo, y mientras permitimos que los demás elementos que forman parte de nuestra posibilidad intervengan, nos mantenemos tranquilos, confiados y activos en las diferentes tareas, proyectos y responsabilidades que tenemos.

Practicar la respiración consciente: Lo que significa detener nuestra actividad automática para prestar atención a nuestra respiración, sintiendo el aire que entra y sale de nuestros pulmones, porque cuando lo hacemos, sentimos que estamos vivos, lo valoramos y agradecemos, y al mismo tiempo liberamos la tensión que tenemos dentro y ponemos nuestra atención de nuevo en el aquí y ahora.