Aventura en la Gran Sabana
Para este año, el atractivo turístico venezolano se encuentra entre los más promocionados en toda Latinoamérica
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Existen lugares en el mundo que todos deberíamos conocer. La Gran Sabana es uno de ellos. Afortunadamente para los venezolanos, este paraíso natural está al alcance de la mano, aunque muchos piensen que es un destino inalcanzable, al que solo algunos privilegiados pueden llegar.
Durante 2011 muchas agencias de turismo apostaron a promocionar la Gran Sabana como un destino premium en Latinoamérica: paisajes espectaculares, una aventura inolvidable, posibilidad de explorar costumbres y culturas poco conocidas, todo por un costo que osciló entre 3.000 y 6.000 bolívares fuertes, dependiendo del tiempo y las condiciones de la estadía. Para este año, muchos viajeros tienen este paraje natural como una prioridad entre sus destinos favoritos.
En noviembre pasado tuve la oportunidad de conocer una pequeña parte de esa maravillosa inmensidad, gracias a la actividad ecoturística Travesía Jeep Campamento y Aventura que organiza anualmente Chrysler de Venezuela. Así, un grupo de periodistas, expedicionarios, personal de la marca y de logística vivimos una inolvidable aventura.
"Un lugar remoto donde el tiempo y el espacio se miden en atardeceres, en silencios, en el vuelo de gavilanes, en gotas que caen y en estrellas parpadeantes. Un lugar mágico que se expresa con un lenguaje distinto, en las voces de los ancestros, que por siglos y hasta ahora fueron indescifrables". Con este párrafo la marca Jeep consiguió exaltar el aletargado espíritu aventurero de los más acérrimos citadinos.
El viaje, en su séptima edición, buscó mostrar las bondades turísticas y naturales que ofrece el sur de Venezuela y transmitir un mensaje conservacionista, para demostrar que es posible hacer turismo responsable con el medio ambiente a bordo de un 4x4.
Con el slogan "Yo vivo, yo manejo, yo soy jeep", la travesía inició a partir del kilómetro 88, en ruta hacia Santa Elena, extendiéndose más allá de la línea dibujada por el horizonte.
La actividad tuvo como anfitriones a los ejecutivos de Chrysler de Venezuela, representados por su presidente, Elías Levy; Jesús Rodríguez, director Comercial de Chrysler de Venezuela; Daniel Guedez, gerente de Marca Jeep y Milka Torres, gerente de Relaciones Públicas. Entre los invitados especiales destacó la presencia del Instituto Nacional de Parque (Inparques), así como la de las marcas Coleman y Pirelli como patrocinantes oficiales de la Travesía. La aventura se inició minutos antes de aterrizar en el aeropuerto de Santa Elena de Uairén, cuando entre cúmulos de nubes se pudo apreciar al río Orinoco. El recibimiento no pudo ser más cálido. Los representantes de Jeep explicaron las normas de manejo, las señales a manejar en caravana y mostraron algunas de las características y atributos del vehículo. La sorpresa fue una representación de bailes típicos pemones.
Rumbo al pasado
La caravana de 15 rústicos arrancó. Poco a poco, con un preámbulo delicioso, comenzó a desfilar frente a los visitantes la imagen curvilínea de la zona. La primera parada fue el mirador Chiricayen, una ladera desde donde se pueden apreciar dos paratepuyes.
El almuerzo discurrió ameno en la posada Salto Catedral. Se trata de un lugar acogedor. Este hostal fue creado hace 25 años por la familia Amiel, que migró desde el otro lado del mundo. El patriarca Joseph es hebreo y se instaló en la Gran Sabana con su esposa e hijos. Su posada es un oasis en medio de tanta inmensidad.
Sin darse cuenta los viajeros fueron sorprendidos por el atardecer en medio de una placida sobremesa. Rápido la caravana enfiló hasta el lugar donde se había plantado con anterioridad el Campamento Jeep - Coleman en el sector Las Brisas, en la posada Brisas del Pauji.
La cena fue todo un poema. El fogón del chef Nelson Méndez ardió con todo el sabor de la selva amazónica. Hubo degustación de platillos tan increíbles como araña mona y gusano de morichal, pero también un exquisito bufé con preparaciones más tradicionales aderezadas con las bondades selváticas, como los bachacos y el chigüire.
Esa noche hubo alegría, una fogata que alumbró al ritmo de los calipsos, los boleros y la salsa. Los más afortunados recibieron un masaje de regalo y todos se fueron a dormir pasada la medianoche con una mezcla de emoción y alegría.
Baño de agua fría
La Travesía tomó un nuevo rumbo al día siguiente. Una vez terminadas las actividades de campamento, la caravana enfiló vía Santa Elena de Uairén hasta el salto La Cortina, donde los valientes aventureros pudieron darse un chapuzón, internarse en la Cueva de la Cortina y escuchar el sorprendente relato de la anaconda que vive en las profundidades.
La próxima parada fue el Salto Sorowapo. La tarde cayó despacio y poco a poco miles de luces titilantes adornaron el cielo. Los viajeros abordaron sus vehículos hacia la parada final del día: la posada Anaconda.La noche trajo fiesta, música, chocar de copas y baile. Hubo abrazos, fotos en grupo, estrechar de manos y promesas de volver a verse muy pronto, y un recuerdo imborrable en el corazón.
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