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Enmarcar más que recuerdos

Hay objetos que develan quiénes somos, artilugios que se convierten en una especie de tarjeta de identificación de gustos y particularidades. El portarretratos es, sin lugar a dudas, uno de ellos; una pieza íntima que, a la par de decorar, da pistas de esas emociones y momentos estelares que definen nuestra manera de vivir

por ÁNGEL SILVA-ARENAS  |  imagen: WWW.SHUTTERSTOCK.COM | SÁBADO 18 DE DICIEMBRE DE 2010
Existen momentos especiales que, si fuéramos magos, desearíamos que nunca acabaran. Celebraciones, gestos, encuentros, personas que, en la fugaz y embriagadora mirada del lente de una cámara, nos recuerdan -como la celebérrima película de Roberto Benigni- que la vida es bella. Estampas que merecen un sitial preferencial en nuestros hogares y que enmarcados en los portarretratos adecuados fungen de memoria intermitente de nuestro inventario afectivo.  

Para toda la vida
Hay imágenes que, por lo fundamental que representan, tienen un espacio ganado en el hogar. ¿Quién olvida la ceremonia civil de un matrimonio o la del primer beso de los esposos, ese que refrenda ante el altar y con la venia de Dios, el amor eterno? ¿Quién desprecia la foto del bautizo o la primera comunión del hijo o el nieto? Sería una ligereza olvidar la gráfica de los quince años de la consentida de la casa, así como aquella que descubre la alegría de hacer realidad el sueño de ser profesionales, con la respectiva toga y birrete.  

Fotografías que son para toda la vida y que, como afirman los versados en constelaciones familiares, sirven para alimentar el nexo vital de las relaciones primarias. La psicóloga Mariol Valiente, experta en estas lides, recomienda colocar en el hogar fotos emblemáticas. "Además de servir de elementos decorativos, estas representaciones ayudan a cultivar una suerte de historia íntima, esa que todos necesitamos para saber quiénes somos y de dónde venimos".  

No dude entonces en utilizar los portarretratos como indispensables elementos en la decoración. Judith Vera, especialista en este oficio, señala: "Hay estancias que obligatoriamente precisan de la rúbrica de sus moradores. Es ahí cuando las fotografías hacen lo suyo, pues a la par de conferirle calidez al hogar, permiten mostrar, a los ojos de terceros, el particular porte de nuestro abolengo".  

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