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El hombre que arrulló al niño

En su fe y devoción recayó la custodia de la Divina Pastora y los cuidados a su hijo durante casi dos décadas. Hoy Oberto Montenegro rememora con añoranza las procesiones del pasado

por ORNELLA MÁRQUEZ | imagen: MARCOS SUÁREZ | DOMINGO 8 DE ENERO DE 2012

Siempre figuras femeninas han estado ligadas al cuidado de la Divina Pastora. Marbella Ríos, Rosa Mújica, María Leonor Sosa, María Magdalena de González y actualmente Yajaira Sánchez son algunas de las mujeres que se han encargado de vestir y arreglar la imagen de la Excelsa Patrona para su tradicional procesión cada 14 de enero.

Sin embargo, en una labor siempre destinada a ser cumplida por damas, figura un caballero: Oberto Montenegro, conocido entre los habitantes de Santa Rosa como "El Catire" por el color de su cabello y bautizado por los barquisimetanos como "El Hijo de la Divina Pastora" por una devoción que comenzó cuando era un niño.

Si bien sus manos no eran las que colocaban el vestido -una labor siempre concedida a una mujer-, tuvo la oportunidad de arrullar al Niño Jesús que la imagen sagrada lleva en brazos mientras la vestían. Además era él quien se encargaba de salvaguardar a la Patrona.

Custodio en la Tierra
Durante 18 años, Oberto organizó la procesión de la Divina Pastora a Barquisimeto. Era los ojos detrás de cada detalle para que la Virgen luciera siempre impecable, eran sus brazos los que cargaban al Niño Jesús mientras cambiaban a su madre y los hombros que sostenían a la Excelsa Patrona en el recorrido. Incluso fue el meticuloso celador que varias veces durmió en capillas e iglesias donde se quedaba la imagen durante su peregrinar por la capital larense.

Su misión comenzó en un encuentro casi divino y celestial con la Divina Pastora, cuando apenas tenía 12 años de edad. Era una Semana Santa y por razones que no recuerda no pudo viajar a casa de sus abuelos en Falcón, como era costumbre, y pasó la Pascua en Santa Rosa.

"Recuerdo que fui un día santo a visitarla al templo y no podía dejar de mirarla. Quedé encantado con esa imagen tan preciosa y durante el largo rato que permanecí allí sentí que alguien me dijo: 'Tienes que estar aquí'", cuenta El Catire, con el azul de sus ojos más intenso por la emoción de aquel recuerdo.

Tras la experiencia se convirtió en asiduo colaborador de la iglesia y luego como monaguillo. A los 15 años, el párroco de entonces Raymundo González Pérez, le confío la llave del cuarto donde estaban todos los artículos de la Divina Pastora y pasó a formar parte de la recién fundada Sociedad Divina Pastora de Santa Rosa (1968), de la que posteriormente fuera su presidente durante 12 años y de la que aún es miembro.

Hoy, a sus 58 años y tras haber cedido su puesto a nuevas generaciones de fieles devotos, Oberto continúa acompañando a la Divina Pastora. Ya no debajo de la imagen en la procesión o velando por la simetría del vestido durante el cambio de traje, pero sí a través de sus oraciones, de una fe que comparte con su esposa y que ha inculcado a sus tres hijos con un comportamiento siempre digno de enorgullecer a la Madre de Dios.

El hombre que durante años fue el guardián terrenal de la Divina Pastora y su hijo, rememora las procesiones de hace tres décadas y reflexiona sobre la devoción en los nuevos tiempos...

¿Cómo era cambiar de ropa al niño de la Divina Pastora?
"Realmente el encargado de arreglar al Niño Jesús era Manuel Villanueva, un hombre muy querido entre los feligreses porque le hizo muchos trajes a la Divina Pastora. Mientras Manuel llegaba al templo, yo lo sostenía, y luego que él lo vestía me lo entregaba nuevamente mientras terminaban de arreglar a la Divina Pastora. En ese momento era que lo mecía, le hablaba y lo consentía como a un niño de verdad porque esa imagen representa al hijo de Dios. Luego Manuel enfermó y murió, así que durante muchos años asumí su labor y cambié al Niño Jesús".

En esas charlas con él, ¿llegó a pedirle algo?
"Sí, le pedía constantemente tener hijos porque mi esposa y yo teníamos tres años casados y ella no se embarazaba. Le decía: 'No te me pongas celoso mi Niño, que cuando tenga mis hijos te querré más porque sé que fue gracias a ti y a la Virgen'".

¿Cómo era la preparación de la Excelsa Patrona en esos tiempos?
"Un momento sagrado. Había señoras que humedecían algodones con agua bendita para limpiarse las manos antes de vestirla en un acto de purificación. Era muy reservado, tanto así que durante los 25 años que estuvo el padre Raymundo de párroco, nunca presenció como vestían a la Virgen. Para la procesión del 14 de enero se arreglaba la noche anterior, como a las 11:30. Y alrededor se adornaba sólo con azucenas, una tarea de la que yo me ocupaba personalmente".

¿Qué es lo que más añora de esa época?
"La manera en que Barquisimeto la despedía. Tras salir de la Parroquia San Antonio María Claret, que en ese entonces era el último templo que visitaba, había un encuentro en la avenida Lara el Domingo de Ramos. El pueblo de Santa Rosa recibía nuevamente a su Virgen, mientras que los barquisimetanos la despedían con cantos de alabanzas y agitando pañuelos blancos en el aire. Era una imagen bellísima y esa costumbre se perdió".

Si ahora pudiera cambiar algo, ¿qué sería?
"Le entregaría de nuevo la Divina Pastora a su pueblo, a sus hijos. Estoy en desacuerdo con ese anillo militar de seguridad que han impuesto en los últimos años. A nadie se le ocurriría levantar una mano contra ella y menos en una multitud de ese tipo. Ella debe continuar en hombros de sus hijos".

¿Extraña organizar la procesión?
"Decir que no es mentirme a mí mismo. Siento nostalgia de esos años, pero uno tiene que vivir su realidad. Creo que Dios nos da el momento y el espacio, yo cumplí el mío. Él y la Divina Pastora se encargarán de decir si lo hice bien o no, pero los años que le serví lo hice con todo mi corazón... fueron momentos hermosos" (Oberto Montenegro habla con lágrimas en los ojos).

¿Qué opinión le merece el comercio actual en torno a la Virgen?
(Sonríe) "En mis años eran sólo dos vendedores y ofrecían rosarios y estampitas. Hoy día ha proliferado mucho. También hay que analizar que ahora la situación económica es diferente, así que lo veo desde el punto de vista que la Divina Pastora, aparte de llevar consuelo, fe y la palabra de su hijo, también facilita a muchos hogares a conseguir el pan de cada día".

¿Cómo se debe vivir la devoción a la Divina Pastora?
"Ahora que camino delante de ella y no entre la multitud he observado muchas cosas en los jóvenes y creo que necesitan cierta orientación para que aprovechen plenamente la procesión. Los adultos debemos preocuparnos por crear pastorales más dirigidas a ellos, que los animen a participar. Enseñarles a que deben asistir con el ánimo de ser joven, pero que éste tenga un por qué y un para qué en su vida espiritual".

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