Los fogones orientales arden a toda hora en cualquier parte
En nuestras carreteras se vende de todo. Desde chorizos y camarones, empanadas, pescado, cachapas, casabe y arepas, hasta el más exquisito chicharrón y el más sabroso guarapo de caña.

EVARISTO MARÍN

01/12/2019 05:00 am



La empanada anda por todas partes, con su sabor a Margarita. En las zonas petroleras de El Tigre y Anaco, y también en Cumaná, Carúpano y Puerto La Cruz, donde la población de procedencia margariteña es predominante, las de cazón están en lo más alto de la gastronomía popular.


La sazón insular está, como ninguna otra, en la preparación del exquisito guiso, con sus tres ingredientes indispensables: ajo, cebolla y ají tierno.
“También las ofrezco con mejillones y pepitonas. Esos moluscos revueltos con huevos lo único que necesitan para completar el condumio es una buena arepa”, explica Gertrudis Romero en uno de los puestos del terminal del ferry.

Los orientales siempre estamos dispuestos para armar el fogón en patios y carreteras. De esos calderos surgen sabrosamente la empanada, el pescado, el cochino frito. El chorizo y la morcilla carupanera, el queso con cachapa y el chicharrón expanden sus olores y sabores desde Unare hasta Güiria y de Puerto La Cruz hasta el Orinoco.

“En nuestras carreteras se vende de todo. Mazorcas y bollos de maíz, casabe, arepas, ciruelas y auyamas. Todo está a pedir de boca”, cuenta José Luis Tineo Andarsia, quien madruga para ofrecer sus chicharrones, arepas y guarapo de caña en la salida de El Tigre hacia Ciudad Bolívar.

"Para dar gusto al paladar tenemos desde un sabroso camarón hasta el más fresco lebranche", afirma Juan Ramón Tonito en Boca de Uchire.
En El Hatillo y La Cerca, “el lebranche cachicameao” es toda una exquisitez. El pescado se rellena y se pone al rescoldo de las brasas dentro de un hoyo, en la arena de la playa o de la laguna. La gastronomía de Unare está allí, espléndida, en la tierra del caimacuto, especie única de la región, del tamaño del langostino y con el sabor del camarón. “Es un langostino de agua dulce”, nos cuenta Tonito.

Hábiles vendedores los ofrecen entre Clarines y Boca de Uchire, ya cocidos, estado en el que adquieren un atractivo color rojizo, en bolsas –de 5 o 6 ejemplares, con peso entre 400 y 500 gramos– y acompañados de rodajas de limón. Durante julio y septiembre se pueden cosechar hasta 15 mil kilos por mes.

Los quesos y las carnes
Para saborear buenos quesos basta detenerse cerca de San Mateo, Aragua de Barcelona o Anaco. En San Mateo los más demandados son el queso de mano y el duro para rallar, bueno para las arepas, los plátanos horneados y las caraotas refritas. En Anaco y El Tigre, en la carretera que comunica con Guayana, las ventas de cachapa, queso y cochino proliferan. Las llaman " Guaraperas", en alusión al refrescante guarapo de caña que se ofrece a quienes hacen un alto para llenar el estómago y continuar. “Sin el guarapo, este negocio es difícil”, admite con franqueza Silvestre Rondón. La caña les llega desde plantaciones del sur de Monagas, Pariaguán y Zaraza.


El caimacuto de Unare es ofrecido en Clarines, cocido y empaquetado, con rodajas de limón

En Oriente y en las vías de los llanos puede faltar todo menos algún tarantín con humeante comida. En los predios indígenas del casabe, el paladar se deleita con la mejor carne silvestre, de cacería, nunca ausente de la mesa de los nativos Kariñas.

Cuando se habla de brasas, cocinas y cocineros, es ineludible el nombre de Juan Orpí, el fundador de la primera Barcelona (en 1637, a juzgar por las investigaciones de Juvenal León, cronista de San Mateo). 

Juvenal León sostiene que Orpí hizo las primeras parrillas, cuando Barcelona apenas comenzaba a tener fincas en las orillas del Neverí. Desde La Española, como bautizara Colón a la isla posteriormente denominada Dominicana, Orpí trajo las primeras reses desembarcadas por Barcelona cuando el Neverí era navegable.


Los quesos de carretera, de San Mateo, llenan de buen gusto los paladares a cualquier hora del día

Desde esa muy lejana época, cumanagotos y kariñas descubrieron que la carne asada nunca sabría igual sin la yuca y su primordial descendiente, el casabe. Es también muy sabrosamente criolla la guasacaca que acompaña las parrilladas.

En Anaco añoran los quesos de mano de El Tranquero, en la antigua carretera negra. De seguro usted habrá perdido la cuenta de las veces que no ha resistido la tentación de probar esos quesos llamados de telita, siempre muy frescos, en Clarines y en La Medianía de Píritu.


La tentación es irresistible ante un chicharrón recién salido del caldero

Vía hacia Ciudad Bolívar, en la entrada de El Tigre, una churuata de techo muy alto ofrece carne en vara y queso. El lugar invita a almorzar sin apuro.
Cachapas y quesos en la carretera hacia Cumaná hacen el viaje más inolvidable. Las que están en la entrada hacia Mochima agregan, además, el rico sabor de sus empanadas de cazón. 

Por años Edgar Mayorga pregonó en El Tigre el queso de telita y mantequilla llanera de Zaraza. Además, siempre ofrecía, tempranero y por encargo, la carne de res en pisillo.