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ilustración: www.shutterstock.com

El síndrome "SUPERWOMAN"

¿Eres una de esas mujeres que trabajan dentro y fuera de casa y ahora, además de cuidar a tus hijos, te ocupas también de tus mayores? Bienvenida a la "generación sándwich". Acá te contamos cómo
evitar sobrecargas innecesarias

Como explica la psicóloga y escritora española María Jesús Álava, las mujeres llevan una vida imposible: "Se levantan mucho más temprano de lo que su descanso exige y, antes de ir a su trabajo, realizan una jornada completa. Han despertado a los niños, preparado el desayuno, recogido la casa... y todo eso sin parar, a contrarreloj. En el trabajo tienen que rendir tanto o más que el mejor y, de vuelta a casa: niños, ropa, compra, cena. Llegan a la cama reventadas, sabiendo que no van a dormir lo suficiente. Y en todo el día no han tenido ni un solo momento para ellas".

Asegura Álava que, aunque algunos lo llamen "liberación", muchas mujeres viven esta situación como una "auténtica trampa". Caen en el engaño de querer ser una superwoman, la supermujer que llega a todo y pretende que, además, todo esté perfecto. "Debemos demostrar nuestra valía continuamente, dejar claro que la maternidad no afecta al trabajo que realizamos o a nuestro rendimiento. En conclusión: tienes que esforzarte más y la sobrecarga es excesiva".

Un informe elaborado en España por el Ministerio de Sanidad y Consumo de ese país, en 2006, califica esta situación de "falsa emancipación". El mismo documento revela un dato importante: 100% de las mujeres de entre 45 y 65 años dedican seis horas diarias a las actividades relacionadas con el cuidado de los demás, mientras que sólo 71% de los hombres lo hacen y su dedicación, en la mayoría de los casos, no alcanza las dos horas y media. Según un estudio de la Universidad de Michigan (Estados Unidos), la pareja genera siete horas de trabajo doméstico extra cada semana, sin contar el tiempo que se dedica a los hijos o parientes. Por eso, hay expertos quienes advierten del peligro de las mujeres que no saben delegar y que quieren ser el "perejil de todas las salsas". Hay que reconocerlo: muchas veces ellas se sobrecargan de gestiones y responsabilidades porque, sencillamente, no se fían de cómo van a afrontar los hombres determinadas tareas. Un ejemplo: en 95% de los colegios figura sólo el teléfono de la madre para avisar cuando el niño se pone enfermo. ¿Es ese tu caso?

ME SIENTO SOLA
La soledad afectiva es una de las grandes consecuencias de convertirse en superwoman. Así lo asegura Álava: "Más de 75% de las mujeres que acuden a la consulta no lo hacen porque aguante menos, sean flojitas o les guste quejarse. Llegan en un momento de extrema ansiedad, pánico, situaciones límite o a punto de separarse. Se sienten solas con sus problemas". Pero esta "generación sándwich" sufre también consecuencias físicas. El gran problema, según los expertos, es que todo se ha convertido en trabajo, que muchas veces se lleva a casa, y allí se genera también tensión. Se están produciendo más ictus cerebrales femeninos que nunca y enfermedades cardiovasculares en mujeres. La mujer no llega a tiempo a todo.

La soledad afectiva es una de las
grandes
consecuencias de ser una
superwoman

Cuando está en tensión genera adrenalina y cortisol, dos hormonas que servían al hombre primitivo para huir de las fieras cuando le acechaban. Ahora no. Tanto uno como otro están sentados frente al ordenador, apenas hacen ejercicio y esas hormonas pasan directamente a las arterias y se convierten en colesterol puro y duro. A más tensión (tu jefe quería un informe para ayer, te llaman del colegio porque tu hijo está enfermo, etcétera.), más hormonas se segregan y, al final de todo esto, tres de cada cuatro mujeres sufren estrés y son claras candidatas al infarto.

Y del sexo, ni hablar. No les quedan ni energías. Sexualmente, la mujer a los cuarenta años es una bomba atómica. El problema es que no sabe cómo hacerla explotar porque está agotada. Entre los síntomas y enfermedades que puede conllevar ser una superwoman se encuentran: depresión, agotamiento, lumbalgia, ansiedad, tristeza, enfermedades osteoarticulares, dolor crónico, cefaleas, malas digestiones, astenia, mareos y fibromialgia.

EL TRUCO: DOSIFICAR
Antonia Rodríguez trabaja en un diario de circulación nacional, tiene 45 años, dos hijos. Estudió, trabajó como recepcionista en una empresa de importación y, desde hace 25 años, está en el periódico. Ella cuenta cómo tiempo atrás, cuando no tenía yogures en la nevera, aquello se convertía en un gran drama. También los fines de semana, cuando trabajaba en el periódico y le tocaba estar de guardia. "Normalmente le pido pocos favores a mi madre y no siempre tengo dinero para pagar una ayuda. Así que volvía corriendo de trabajar, vestía al niño, lo bajaba al parque y, cuando subía, la casa era un caos. Las veces que he tenido niñera he llegado, incluso, a preparar la cena. Un contrasentido total". Y añade: "El problema no es realmente todo lo que tienes que hacer, que la verdad suele ser mucho, sino que hay que aprender a dosificarse, a ver lo que es necesario y lo que no. Si la alternativa es poner el grito en el cielo porque hay una pelusa de dos metros de largo debajo del sofá o hacer un rompecabezas con mi hija, la elección tiene que estar clara: el rompecabezas", asegura Antonia.

La psicóloga Álava reconoce que no es fácil dosificarse porque la autoexigencia y la responsabilidad de las mujeres consigo mismas es muy alta: "Si nos seguimos tratando como si no fuéramos seres humanos, sino sobrenaturales, tarde o temprano se termina sucumbiendo. La solución no es que la mujer renuncie a su vida en pareja o que hombres egoístas busquen mujeres poco exigentes. La solución sólo vendrá cuando los hombres entiendan que nosotras también tenemos derecho a una vida propia, que la convivencia es compartir".

Firme defensora de la conciliación de la vida laboral y familiar, Álava señala que existen dos peligros. Por una parte, las empresas, que no van a hacer mucho más en este terreno mientras no les sea rentable desde el punto de vista económico. Y por otro, las propias mujeres. "Hablamos mucho, pero somos poco coherentes porque, al final, acabamos asumiendo todo el peso del hogar. Por eso considero que es vital no transigir desde el principio y actuar en consecuencia. Decir: 'Dejo de hacer cosas porque no llego en función de las circunstancias y que sea mi marido, mi pareja, quien las asuma'...".

"Hablamos mucho, pero somos poco
COHERENTES
porque, al final, asumimos todo"

DELEGAR Y DIALOGAR
¿Verdad que te suenan estas dos palabras: "delegar" y "dialogar"? ¿Verdad que también te suena eso de "Mi marido no entiende nada, no va a cambiar nunca"? ¿Quién no comparte con Antonia una entrada triunfal en casa, después de llevar tres días buscando el maravilloso disfraz de la hija, y ver a su pareja, frente al televisor, que ni se inmuta cuando se entra por la puerta y se empieza a preparar la cena?

La mujer tiene que aprender a delegar y a darse cuenta de que los niños pueden hacer ciertas cosas solos. Por ejemplo, poner la mesa a la hora de la comida. Hay que ser padres inteligentes y comprender que ellos también cuentan. Desde pequeños hay que inculcarles el lema de que "todo es para todos" (papá pasa la aspiradora, tú pones la mesa, mamá prepara la cena, tu hermano(a) recoge la mesa...). Podemos llevar los niños a la compra y que sean ellos quienes tachen las cosas de la lista; o que se encarguen de echar el arroz a la paella, por ejemplo. Que se sientan útiles, protagonistas".

La familia, dicen los expertos, es como una pequeña empresa. "Hay que encontrar el especialista en ensaladas, que puede ser papá; el que mejor hace las camas o el que mejor limpia los zapatos; al experto en pasar la aspiradora o en planchar. Compartir, haciendo cada uno lo que más le guste o lo que más fácil le resulte".

Para sobrevivir
El síndrome de la Superwoman no deja de poner en alerta a más de un país. De hecho, en España , según se desprende de una información publicada en el diario El Mundo, hacen hincapié en reconocer a tiempo sus síntomas, entre los que destacan: dolor, tensión muscular, jaquecas, náuseas, espasmos musculares, irritación, mareo e insomnio. También allí se refieren a que "el remedio contra este trastorno, y en consecuencia, una de las fórmulas para reducir la carga de estrés que el mismo conlleva, es darse cuenta de que la imperfección no es ningún pecado". Otras tácticas a la mano son: ser realista con el tiempo y con la capacidad individual para llevar a cabo las actividades cotidianas; aprender a decir no y no sentirse culpable por ello; delegar en los demás; y a esto se le suma tomar medidas antiestrés, como hacer ejercicio, relajarse, seguir una dieta sana y conseguir un buen descanso. Foto archivo

Sin pecado concebidas

Destierra a la superwoman que intenta controlar tu vida. Párate, delega, respira y tómate un momento para ti.

1. Si estás irritable, cansada o triste, algo no funciona bien. Frena, analiza y prioriza tus tareas.

2. Busca todos los días un momento para tus cosas y no renuncies a él. Será tu minuto zen, sólo para ti.

3. No quieras ser el perejil de todas las salsas: aprende a delegar en tus hijos y en tu pareja.

4. Haz ver a tu familia que forman una pequeña empresa en la que "todo es de todos".

5. Dosifícate, relativiza; es mejor que utilizar tranquilizantes. Aunque, si te los recetan, es que son necesarios.

6. Si no llegas a todo, no lo intentes. Una pequeña huelga de brazos caídos es más eficaz que un enfado.

7. Jamás te hagas la víctima. En esta vida siempre hay ocasiones para
llenar el corazón de optimismo.

8. Si te sientes sola es porque quieres. Seguro hay alguien esperando tu llamada para tomar un café.

9. No consientas ataques a tu dignidad. Si estás insatisfecha, no sigas con tu pareja. La vida continúa.

10. Y no renuncies nunca a ser tú misma. Quienes te quieren de verdad seguirán haciéndolo.


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