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Los muebles de mitad del siglo pasado fascinan a los seguidores de esta tendencia

VINTAGE
Mirar y tocar

El vintage -contrario a la moda- no es mera tendencia. Supone explorar una forma de vivir que antecedió a la actual; un momento de esplendor social anhelado entre quienes viven el presente. ¿Cómo entender ese apego por lo antiguo? Por NÉSTOR LUIS LLABANERO. FOTOS: JAVIER GUTIÉRREZ

Lo vintage, un concepto inglés que en el presente se invoca para justificar la añoranza de los seres por los enseres del pasado, posee valores que se sobreponen a lo efímero de una tendencia. Las piezas, nacidas, en su mayoría, a mediados del siglo pasado, tienen su mayor atractivo, según lo entienden especialistas venezolanos, en sus valores estéticos (el diseño) y en la historia que las envuelve. Los artículos que corresponden a este período son apreciados, justamente, porque acumulan reminiscencias -de allí que se hable de una moda retro-, bien de un pasado histórico o, simplemente, de un entrañable momento familiar. ¿Quién no valoraría sentarse en una silla utilizada por John Kennedy? ¿Quién no quisiera retozar nuevamente en los muebles de la abuela?
En Venezuela, dicen arquitectos, coleccionistas y vendedores de "antigüedades", el gusto por lo vintage tiene un doble origen. Por un lado, la fuerza de la moda ha empujado a que cada vez más personas se animen a adquirir piezas de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. Por el otro, los compradores con verdadera vocación por lo antiguo reconocen, además, la trascendencia del elemento cultural de aquella época.

No hay dudas de que en el país, y así lo estiman los expertos, a la vuelta de unos pocos años, bajará el interés en los primeros, pero se mantendrá o acrecentará en los segundos. Y esto sería así por una sencilla razón: la gente que ha adoptado lo vintage como una moda seguirá su propio instinto y, entonces, lo abandonará por creerlo una transición. Justamente lo contrario respecto a quienes lo respetan y le atribuyen la fortaleza de lo clásico, característica que supera la barrera del tiempo.

Por eso, según opinan los entendidos, para acercarse con autenticidad a lo vintage hay que estar consciente de que la calidad de esas piezas es invalorable en términos económicos. Es por ello que tienen un alto valor como arte.

QUE SEA ARTE FUNCIONAL
Uno de los aspectos a tomar en cuenta con respeto a lo vintage es el pecado, no siempre naif, de intentar hacer de la casa una especie de galería con la intención de exhibirla más que de disfrutarla. Lo que debe entenderse es que los lugares residenciales, ambientados con objetos de hace 60 años, no son meramente para la contemplación. Si bien cualquiera de esos elementos podría clasificarse como arte, este arte sería -y esto es importante- primordialmente utilitario. Los muebles de diseño del pasado deben generar un gozo a la vista, pero no debe descuidarse la función primaria del uso. A este respecto, cabe recordar uno de los principios filosóficos del arquitecto Le Corbusier, para quien la casa era fundamentalmente un espacio para vivir en términos metafísicos. Esto suponía belleza y funcionalidad.

El vintage permite unir accesorios del pasado y presente

En ese sentido, puede mencionarse una regla básica que aplica contra ese temor de novicios que prefieren contar con muebles para mirar y no para tocar: los objetos son utilitarios. De manera que no tiene caso comprar una silla si no se emprende su uso. Por lo cual también queda descartada cualquier decisión de llegar a una mueblería y no probar los enseres.

A pesar de la validez de este criterio, hay quienes hacen de su casa un escenario de exhibición social. Son quienes van adquiriendo objetos por el sólo placer de disfrute visual. Eso sí, los conocedores argumentan que la contemplación, en sí misma, implica, en los amantes del vintage, el respeto a un artista que diseñó una pieza con absoluto cuidado. También implica el reconocimiento de un instante político, cultural y social determinado, y el discernimiento de saberse frente a un objeto que nunca más se realizará igual.

UN ERROR COMÚN ES ADQUIRIR ELEMENTOS VINTAGE PARA HACER HACER DE LA CASA PARA HACER DE LA CASA UN MUSEO. RECUERDE QIE LOS MUEBLES NO SON SÓLO PARA CONTEMPLAR

Los estetas venezolanos del diseño explican que una silla, una mesa o un florero que actualmente se exhiba en tiendas de antigüedades no nace de procesos creativos aislados, sino de expectativas de vida de un momento particular. Así que lo que hoy se considera vintage alude -de allí parte de su trascendencia-, a sueños de alto vuelo de una época, a creaciones que fueron posibles en sociedades donde no había preocupación por saber cómo satisfacer las necesidades básicas del día siguiente. Corresponde a modelos de países que, cubiertas las expectativas esenciales, se dedicaban, en cierta forma, al hedonismo a partir de los objetos que proponían.

LA BELLEZA SE IMPONE
Para los no avisados, hay otro aspecto a tomar en consideración. Se trata de los sitios donde puede adquirirse un objeto vintage. En Caracas existen tiendas que son referencia, y otras que, aprovechándose de que "lo viejo está de moda", ofrecen una lista de aparentes piezas de valor, cuando, en realidad, muchas son imitaciones elaboradas en fábricas que las hacen en serie.


Los muebles de la abuela se han revalorizado

Lo que está claro para los especialistas en el área es que, como ellos mismos dicen, "un hacedor de ataúdes no llega a ser patólogo" así como un dealer (vendedor de antigüedades) no es, en sí mismo, un experto. De manera que cuando de elegir correctamente se trate, nada mejor que recurrir a la sensibilidad, que siempre es una buena aliada. Por supuesto, también es necesario el conocimiento, que se adquiere leyendo, estudiando y preguntando. Hay personas que saben identificar el mérito con sólo ver un detalle -ya sea el tirador de una gaveta o el tipo de madera empleado. Sin embargo, mientras no se alcance ese nivel hay que valerse de la sensibilidad; es decir, de todo lo que un objeto por sí mismo puede decirle a una persona, de todas las emociones que pueda despertar su contemplación.

Los conocedores determinan que, en el arte, la belleza (entiéndase como armonía, equilibrio, funcionalidad) es una tabla de salvación. Y, en ese sentido, la belleza es matemática, no necesita presentarse, sencillamente atrapa a cualquiera, sea un experto liberal o gente prejuiciada, pues tal atributo -entendido como calidad- habla y se impone por sí solo.

No debe olvidarse que el gusto, advierten los experimentados, está en el ojo de quien mira, lo que no impide que, en ocasiones, se caiga en el ridículo.

Así que si usted es de quienes podrían sentirse desconfiados (incluso de su sensibilidad), siempre queda la opción de buscar un asesor para que le ayude a seleccionar piezas adecuadas. ¿Un consejo? Un poco de humildad a la hora de introducirse en un campo tan específico sería la actitud para elegir correctamente. Y, por supuesto, no olvidar que una réplica no es superior, en ningún caso, a un original.

Un buen paso para quien no quiere tropezar es acudir a una tienda documentada sobre la originalidad del mueble, que restaure de forma impecable y que respete el espíritu con el cual se diseñó una pieza (telas o acabados de madera).

ROTOS, Y DE PASO, COSTOSOS
Muchos se preguntan cómo entender en lo vintage el criterio que eleva a objeto de alto valor piezas a veces rotas o notoriamente desgastadas. Respuestas abundan. Aquí va una. Seguramente se trata de un objeto concebido por un diseñador respetado que ya no vive.

Con las antigüedades ocurre que aunque las fábricas mantengan las patentes y continúen haciendo el mueble del pasado, nunca será igual contar con aquel que fue supervisado en directo por su creador, lo que se considera un punto importante. Antes del valor comercial, los muebles también tienen un valor sentimental. Y eso también sube la cotización. Los conocedores pretenden transmitir, en torno al vintage, que mientras más historia tenga un mueble, más entusiasmo despertará éste entre los compradores.


Especialistas consultados
Edmundo Hernández, Christian Moncada, Fran Beaufrand, Simón Chocrón (Tienda Mobel. Calle California, Las Mercedes), Rafael Abuchaibe, Héctor Chacón Hansen, William Niño y Miguel Ángel Belandria.

 

Ver también:
- El rostro latino de Hollywood
- Muñecas rockeras
- Talento 2: Ángel Sánchez y Christopher Coleman
- Milán 2009: Lo que viene
- 7 pecados al decorar

- Ideas fáciles para una casa cálida
- El sentido práctico de las bromelias
- Esos objetos del deseo

 
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