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Martirio
"Sigo siendo la de las gafas y la peineta"

foto: Paco Rubio

Han pasado 25 años desde que la artista española debutara, sola, en un escenario. Hoy, ha querido dejar huella de semejante tránsito en un nuevo álbum. Por Jonathan Reverón. España

El Café Central, en la Plaza Santa Ana de Madrid, es una suerte de pub de jazz donde se dan cita reconocidas figuras del arte español e internacional. Cerca de 12 mesas pequeñas (a lo sumo 15), una barra y una tarima componen el local. Se entiende, entonces, que los asiduos a este bar son melómanos incorregibles y que sus empleados están familiarizados con el mundo de la música. Ya cerca de las ocho de la noche hace su entrada al lugar Maribel Quiñones, una mujer ya en la mitad de sus cincuenta, de ojos "color miel", como le gusta decir a Raúl Rodríguez, su hijo. El camarero que la recibe, al preguntarle sobre el número de acompañantes, no parece reconocerla. Tampoco la mesonera, quien más tarde exclamaría, con toda la razón, que sin sus lentes oscuros es difícil reparar en ella. Y es que quien acaba de llegar no es otra que Martirio, y lo ha hecho, como bien explicara Jorge Camarlengo, su jefe de prensa, para conceder una (esta) entrevista...

Han pasado 25 años desde que Martirio se defendiera sola sobre un escenario. Fue un 8 de marzo, casualmente el Día de la Mujer Trabajadora. "Vivo un momento muy especial. Sé mucho mejor lo que no quiero. Siento que, de alguna forma, estoy encontrando mi sitio en la música, con un reconocimiento y un respeto como pocas veces los he sentido".

Cuando canta su voz es más profunda. Es como si el folclórico abanico que usa con orgullo refrescara su garganta al hablar. "A mí la palabra madurez no es que me guste demasiado, pero sí, estoy más hecha, como cantante, como mujer, como madre y, si Dios quiere, como abuela… Aunque yo, por dentro, sigo siendo una niña, tengo la sensación de no tener años".

En lo musical se le han puesto muchas etiquetas, ya que ha saltado del rock al pop, del jazz al bolero, del tango al flamenco... "Ha sido una carrera atípica, pero con un criterio y un sentido muy claros de libertad, con una idea muy puesta en cuanto a la estética, porque sigo siendo la de las gafas y la peineta… Siempre digo que soy una adulta prodigio. Me hizo muy bien empezar a esa edad".

Dice estar escribiendo cada vez más el destino de su personaje. Ha llevado platos rotos como peinetas, fantasías "gaudianas", rascacielos; cuanto icono existe -de su historia de vida, claro- le ha pasado, literalmente, por la cabeza. Pero cuidado, Maribel no es Martirio. Por el contrario: hace malabares con la identidad. Así, se le ve en el Metro o de compras en el mercado sin los lentes de sol. Atraviesa las calles de su Madrid sin que una sola persona la reconozca. "¿Sabes?, es que soy de la casa". También es madre de su productor musical, quien interpreta la guitarra como los monstruos. Ella sabe moverse entre esas paredes invisibles porque lo ha inventado. "Yo no creo que sean barreras, son compartimentos. Martirio es un personaje que se inventa Maribel para ser ella misma, para sacar su mejor parte, y lo de mi hijo es una felicidad porque nos tenemos mucho respeto y compartimos este enamoramiento hacia la música".

25 en 16
Las 16 canciones del disco Martirio: 25 años en directo, ilustran las etapas de su carrera, en la que la intérprete se ha hecho acompañar de un trío de jazz, de una big band, del magistral Chano Domínguez en el piano, y también del tres cubano y la trompeta de Jerry González. Hoy, lo esencial marca su aniversario: "Quería hacer un repertorio desnudo, estirar las canciones y abrir una especie de abanico por todos los géneros que he tocado, con los arreglos más sencillos y más complejos... con un piano, una guitarra y una voz. Ahí hay que tocar y hay que cantar de verdad, no hay engaño posible".

La intérprete quiso "abrir un abanico" por todos los géneros que ha tocado

El verbo de esta mujer, que bajo las gafas oscuras oculta una mirada mística y maternal, está lleno de carga poética. Es un lenguaje-bálsamo. "Quiero volver a componer. Me cuesta mucho estar de gira y ponerme a escribir. Necesito tener una tranquilidad grande, poder esconderme y estar metida muy dentro de mí. Tengo ganas de hacer un homenaje a las mujeres que me han influenciado, desde Soledad Bravo hasta Chavela (Vargas). Vamos, tengo muchas ganas de escribir sobre las mujeres de mi edad".

Ahora mismo recorre España y, a la par, está medita en la preproducción de un proyecto dedicado a América, al idioma español, junto al pianista cubano José María Vitier. "Me apetece mucho darle el peso a la palabra, que se empiece a hablar más de la poesía, porque en un tiempo como éste, tan homogéneo, global y material, hace falta leer una cosa que te enriquezca y que te haga pensar, que te abra la cabeza, los ojos y las tripas… A mí me encanta mi país, pero me vuelvo loca cuando me dicen que vaya a América Latina". Sus últimos trabajos llegan con sabor a bolero, tangos y un cancionero latinoamericano poco popular y rebautizado por su flamenco. "Qué generoso ha sido ese continente conmigo. Yo huyo de lo obvio, me apetece mucho descubrir y no he visto más alma por metro cuadrado que allí, o sea, he encontrado cariño, humildad, valores, mucha educación y, también, mucha hermandad".


Ver también:
- Penélope Sosa: "Ya no necesito ir a un casting"
- Lo convencional no es para ellos

 
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