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SPA PARA NIÑAS
Las chicas también quieren divertirse

Boquitas pintadas, uñitas de color, guiños domésticos a la estética del pasado. Hoy, la coquetería infantil se ha profesionalizado. Cremas, aceites, mascarillas, aromas y desintoxicación del cuerpo amplían el menú. Son tiempos de merecer para niñas y adolescentes, quienes saben que acompañar a mamá a un spa es también garantizarse una cita para ellas. Los sets de la belleza, antes para adultos, se abren ahora a la edad
de la inocencia

Por Néstor Luis Llabanero. Fotos: Natalia Brand

Adriana Angarita -así, por nombre y apellido, como la llaman sus tres amigas- debe ser una de las chicas más adelantadas de su clase. Y que se entienda, la referencia de adelantada no alude a lo académico, un tema que es harina de otro costal, sino a la sensibilidad que tuvo para indagar, a muy temprana edad, sobre los beneficios estéticos y de salud que provee el servicio de un spa.

Cuando apenas experimentaba la niñez -a los nueve años- acudió a una sala integral de belleza para acompañar a su mamá, María Antonieta. Desde entonces se prometió que, en el futuro inmediato, ella sería otra clienta. Dos años más tarde hizo el debut. Recibió el pediluvio. Un tratamiento de desintoxicación del cuerpo.

Para que éste funcione sólo basta meter los pies en un recipiente de agua con sal marina, y activado el aparato de ionización, los cambios de color del agua van indicando la purificación interna de las clientas. De acuerdo con los esteticistas que resaltan tanta benevolencia, entre ellos la terapeuta Izumi Martínez, al final de la sesión, las jovencitas casi salen inmaculadas. Expulsan todo. Desde contaminantes, como la grasa que genera la mala nutrición; pasando por sustancias tóxicas absorbidas del medio ambiente, como el humo de carros y cigarrillos, hasta las energías negativas que en momentos puedan afectar el alma infantil, como las preocupaciones y el estrés.

El asunto es que hoy Adriana -a los doce años- transformada en liceísta caraqueña del séptimo grado, convocó extra cátedra a sus compañeras. Juntas decidieron que un jueves en la tarde sería ideal para dejar el uniforme en casa. Entraron en cabina. Allí no le exigieron sacar veinte puntos en la boleta sino entregarse a las atenciones de la especialista y consolidar así la calidad de vida. De manera que abandonadas las muñecas, comenzaron ellas a serlo. En consecuencia, Vera Lucía, Andrea y Lorena se estrenaron en uno de los principios irrenunciables de la venezolana: estar de punta en blanco. Y Adriana las miró, risueña. Se supo responsable de la travesura.

JUGANDO A SER MUÑECAS
Hasta hace cinco años, los spa se destinaban a la atención exclusiva de los adultos. Se creía que las personas de seis años y un poquito más podían canalizar sus preocupaciones (en caso de que alguien crea que a esa edad puedan derivarse altos niveles de estas emociones) a través de otras vías: jugar, escuchar música y descubrir respuestas a preguntas básicas. Pero resulta que la sociedad multicultural no ignora las diferencias de los tiempos, sino que las acepta. Y aquí hay una. Los niños y jóvenes de ahora están incluyendo un spa entre sus alternativas de escape. Lo que hay detrás, como argumento que valida tan novedosa actitud urbana, es que si el estrés deteriora la vida de los mayores, también perfora la calma de los menores.

Irma Barragán, gerente encargada de Slim Body Spa, en el Centro Profesional Santa Paula, es una que así lo afirma. Ella habla desde su experiencia de quince años en el mundo de la belleza; tres de éstos dedicados a la atención de niñas de seis años en adelante. Porque en Venezuela, que nadie lo olvide, es muy firme una convicción: ser bella parece oficio que se cultiva desde el inicio de la vida.

"Los niños y adolescentes también se estresan debido al ambiente, a toda la problemática del país, y por eso tenemos una opción para ellos", justifica Irma Barragán un servicio que algunos apoyan, y que otros ponen en duda para la edad de la inocencia.

Si bien el volumen de clientes infantiles no es aún tan demandante, existen modalidades de spa que ofrecen el servicio de manera itinerante. Quienes lo ofrecen mudan el set de belleza a la casa del solicitante. O se organizan en clubes de fiestas para celebrar el cumpleaños, mientras agasajada e invitadas se ponen bellas.

Por ejemplo, el Mini Spa Girl de Isabel se promociona como "un nuevo concepto de entretenimiento para que sea disfrutado de principio a fin". Su dueña, Isabel Ayala de Salvatti, dice que ella ha sido, durante la última década, una madre asidua a fiestas infantiles, en especial a las de niñas. Y cree que el día de cumpleaños debe evitarse el estrés, tanto de la cumpleañera como de los padres. "Es por eso que surge el Mini Spa Girl", apunta.

En su caso, son tres horas de servicio para niñas entre seis y doce años de edad. La oferta incluye mini peluquería, uñitas pintadas, maquillaje, masajes, chocolaterapia y mascarillas naturales de frutas.

Es lo que la señora Isabel de Salvatti llama nuevas formas para "divertir con belleza". Un concepto que ha ido creando conjuntamente con sus dos hijas, Isabella, de 11 años, y Carlota, de cinco.

En la misma tendencia está Producciones Extrema, que asumió la propuesta desde el año pasado. "Empezamos por hacer fiestas temáticas", dice Karen Archila, del departamento de ventas de la empresa. "Luego nos fuimos a las propuestas inéditas. Pensamos que si las niñas van a la peluquería era perfecta la opción de un spa".

Archila dice, apegada a los comentarios que recibe de cada fiesta, que "a los ocho años ya las pequeñas no se sienten niñas, se sienten mujeres adolescentes, comienzan a creerse ya grandes, y pretenden dejar de ser las princesas para pedir otros entretenimientos como los spa".

Durante tres horas, se desarrolla la ceremonia. Primero con una sesión de yoga que busca relajar a las menores. Y entonces el paso siguiente es entrar al set de belleza. Dos camas de masajes esperan por las niñas que recibirán mascarillas, aceites, cremas, manicure, pedicure. Todo dirigido por las recreadoras, en cantidad suficiente para satisfacer las necesidades del grupo. Son profesionales entrenadas para no decepcionar en tales atenciones. Éstas acuden vestidas en mono, camisas anchas y zapatos de goma. "Como en los spa", recuerda Archila.

No creemos que puedan convertirse en ADICTOS a la belleza, porque esto es, más que todo, para crear hábitos de salud

¿Y NO ERA A PARTIR DE LOS 15?
"Las primeras reacciones cuando abrimos el spa no fueron positivas, decían que no era una buena idea", recuerda Irma Barragán. "Luego aceptaron y lo vieron oportuno. La gente adulta cree que una niña de seis años no quiere una experiencia de ésta. Los adultos tenemos la convicción de que los niños no se estresan. Pero ellos se estresan hasta en su casa. A veces por vía de un adulto alterado. Normalmente se cree que el spa es a partir de los 15 ó 16 años, pero el niño reconoce el placer de un masaje. Y no creemos que puedan convertirse en adictos a la belleza, porque esto es más que todo para crear hábitos de salud, porque la estética es salud".
Menciona los casos de jovencitas que llegan "con piel acnéica, con sus caras llenas de puntos negros y pústulas", y que, luego de ser atendidas con tratamientos específicos, "muestran resultados maravillosos".

En ese sentido, destaca que las clientas tienen opción a dos paquetes distintos. El primero llamado Girl Day Spa, dirigido a edades entre seis y doce años. Tiene dos fases. En la inicial, aplican un facial según la edad. En media hora, la niña recibe "masajtos" en la cara y el cuero cabelludo. "Muchas veces vienen por iniciativa de los mismos niños", asegura Irma Barragán. "Otras veces son los padres que traen a sus hijos como una forma de regalo".

En la fase final, se produce la exfoliación corporal que se prolonga por una hora. "Siempre se llama antes para apartar la cita. Al mes, por lo regular, se atienden hasta doce niños. La atención de varones va en aumento, pero las hembras siguen siendo mayoría".

Irma Barragán explica que las necesidades de las niñas de seis años son distintas a las de doce años. Las primeras quieren brillo para la piel. O que les pinten los labios, o les retoquen las cejas. Las segundas piden recomendaciones de bronceadores o protectores solares para los días de playa. O una crema para la espalda luego de salir de la piscina.

"En algunos casos, cuando son muy pequeñas, empiezan a revelar sus fantasías. Dicen que van a cuidar su piel para que cuando estén grandes puedan ir al Miss Venezuela. Creo que en algunos casos, no es lo general y eso hay que dejarlo claro, el Miss Venezuela es la fantasía".

La especialista dice que en un spa "hay una activación permanente del mundo femenino, pero todo se maneja siempre con la conciencia de que el público es infantil. La idea nuestra es crear hábitos. Lejos de la belleza, estamos yendo hacia la salud, pero de una forma más suave, más tranquila. Si empieza a los seis años, cuando llegue a adulta no tendrá que atender su piel como aquellas que nunca se esmeraron".

El otro paquete es juvenil. Lo llaman Teen Day Spa, dirigido a las señoritas entre 13 y 19 años. Las atenciones son las mismas que en el infantil: un tratamiento facial y uno corporal. Sólo que en este segmento, por ser de más edad, hay mayor pensamiento participativo de las clientas. Las necesidades se manifiestan de manera abierta, y como se trata de etapa de cambios corporales, la piel requiere ser diagnosticada con rigor

JOVENCITAS SIN UNIFORME
Vera Lucía González, 13 años. Séptimo grado. Limpieza facial.
"Estoy aquí porque mi amiga me invitó a probar cómo es la nueva experiencia en un spa para adolescentes. Me parece muy bien. Hasta ahora ha superado mis expectativas. Yo no esperaba mucho, porque nunca antes había ido a un spa, y pensé que era normal, las uñas o el pedicure, pero un facial y el masaje me parecen excelentes. Hoy quisiera hacerme el tratamiento para mejorar mi rostro. Mi mamá dice, porque ella tiene experiencia en estas cosas, que tengo un poco de acné. A mí no me incomoda mi acné, pero me parece que un spa me ayudaría.
Aunque es la primera vez que vengo, me gustaría seguir asistiendo. La belleza me importa, pero más me importa relajarme y sentirme bien por dentro".

Lorena Acuña, 12 años. Séptimo grado. Masaje de relajación.
"Es la primera vez que vengo. Me hace falta relajarme y ahora que estoy en séptimo grado es muy diferente. Todo lo que es tarea y nuevas exigencias lo pone a uno (cierra los ojos, une sus manos y mueve su cuerpo)... cómo decirte, es difícil. Mi amiga Adriana me contó, me pareció buena idea y vine. Quiero relajarme y calmarme un poco. Como estoy viviendo algo tan diferente con los estudios, cualquier cosa me pone de mal humor, y quiero 'bajar' un poco y estar más calmada. Yo soy nueva en el colegio, estudiaba en una escuela pequeña y éste es mucho más grande. También pensé en la posibilidad de comenzar una rutina de ejercicios. Una vez estuve averiguando para hacer yoga, me lo recomendaron, pero no se dio. Un spa me parece una buena opción, y estaría bien hacerlo regularmente. Más que nada lo hago por salud".

Andrea Betancourt, 13 años. Séptimo grado. Pediluvio iónico.
"Vengo motivada por amigas y por un masaje en los pies. De un spa busca masajes. ¿Por qué? Porque los estudios a veces estresan. Mis padres no van a los spa. Sin embargo, cuando dije que iba a uno, me dijeron que aprovechara la oportunidad, que estaban contentos, que les parecía muy bien. Es la primera vez, pero creo que podría venir nuevamente cuando se acerquen las pruebas de lapso. A veces te fajas mucho buscando buenas notas, o los problemas con tus amigas, todo eso estresa. Las uñas me las atiendo yo misma. Me las limo, me las limpio, me echo una cremita y luego, si quiero, me coloco brillo o pintura de color. Ahora siento mucho alivio en los pies (están terminando el masaje). También fue que ayer tuve deportes".

Adriana Angarita, 12 años. Séptimo grado. Pediluvio iónico.
"Me gusta relajarme, me gusta estar en paz, siempre me siento estresada por la cantidad de exámenes y de presiones que hay durante los estudios, cosas que hay en la vida cotidiana como que peleas con una amiga. A mí me estresa la cantidad de exámenes y de exigencias académicas que tengo. Imagínate, salí de tener una profesora para todas las materias para entrar a un sistema donde hay uno por cada materia. Recuerdo que lo primero que me hice en un spa fue un pediluvio, me sentí muy bien, venía con un montón de carga impresionante, según me dijo la muchacha que me hizo el tratamiento. Yo me relajo bastante, me gustan los masajes, no me he hecho limpiezas, no entra dentro de mis inquietudes. Yo invité a mis amigas porque me parece que la buena experiencia hay que compartirla, no hay que quedársela. Las cosas buenas, yo en lo particular creo que todos deberíamos disfrutarlas, y por eso las invité porque son de mis mejores amigas

ITINERANTES
El servicio de spa para niñas también se ofrece de manera itinerante. No sólo se trata de quienes llevan el set de belleza a casa de quien lo solicite, sino también de quienes organizan todo un club de atenciones estéticas para celebrar, por ejemplo, el cumpleaños de una pequeña en compañía de sus mejores amigas. En este último caso, las niñas pasan unas tres horas recibiendo atenciones que incluyen desde mini peluquería, maquillaje y masajes hasta chocolaterapia y mascarillas...

nllabanero@eluniversal.com

Una madre, una psicóloga
La psicóloga Karinca Delgado sostiene que "un spa estaría mejor en la adolescencia cuando hay una conciencia individual, cuando las jóvenes se enfrentan a la transformación de su cuerpo, cuando saben que tienen que tener otros cuidados. Muchos padres creen que si exponen a los niños a experiencias tempranas, éstos podrán resolverlo todo cuando sean adultos, pero un aguacate no madura porque yo me lo quiera comer. Los procesos humanos llevan su curso, y forzarlos causa desviaciones".

Si los spa se entienden sólo como SITIOS donde encontrar belleza, se estaría negando el sentido de disfrute que implican

María Antonieta Pérez, lamadre de Adriana Angarita, coincide con esa idea desde su propio ángulo: "Si los spa se entienden sólo como sitios donde encontrar belleza, se estaría negando el sentido de disfrute que implican. A mí me parece que hoy en día las adolescentes están bombardeadas por un estereotipo de belleza perfecta. Y la perfección no existe. Creer lo contrario es un error de conciencia".

Consultada sobre la costumbre de pintarse con los labiales de la madre, o vestirse con las faldas de las tías, la psicóloga Delgado establece diferencias. "Aunque pareciera lo mismo, es distinto. Sacar del clóset los zapatos de mamá, y bajarle la bufanda del gancho de ropa, o colocarse el collar prohibido es un acto estricto de orden individual que tiene que ver con la identidad de reforzar lo femenino. Los varones hacen lo mismo con respecto al papá. Luego, cuando obtienen sus respuestas frente al espejo, lo que hacen es reírse. Sin embargo, nada de eso pasa por el punto de que sea un adulto quien los induzca, como sí ocurre en un spa".

Y la señora Pérez estima que llevar a las jovencitas a un nivel de información que les permita ver la responsabilidad que ellas tienen con ellas mismas, puede ayudarles a valorar su cuerpo hasta el punto de no contaminarlo.

Es lo que, en otro sentido, la profesional de la conducta humana mira con la perspectiva de la preocupación cuando las niñas apenas alcanzan seis o siete años. "Eso es sacarlas de su ritmo, de su rutina, de sus intereses, de sus inquietudes y posibilidades. Cuando se tiene esa edad no hace falta spa ni exfoliaciones ni masajes ni disfrazarse de mujeres sometiéndose a tratamientos".

"Lo que podemos hacer los padres -argumenta la madre de Adriana- es propiciar que nuestros hijos sean sanos, que sepan valorar su cuerpo y que lo asuman como un templo que deben cuidar. La familia tiene la responsabilidad de formarlos en ese sentido".

 
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