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Infidelidad
¿Por qué nos
duele tanto?

Al parecer, las razones
por las que se sufre luego
de saber que la pareja
ha sido desleal a la
relación, van mucho
más allá del orgullo
herido y del conjunto
de emociones negativas
que se generan.
También hay un
motivo subyacente
relacionado con la
supervivencia
de la propia especie.
Así lo ha planteado
la conocida investigadora
Helen Fisher

Por Betzy Barragán

 

Foto: www.latinstock.com.ve/ Images.com / Corbis

Sería interesante preguntarle a alguien en cuya cultura está aceptada la poliginia (un hombre con varias esposas) o la poliandria (una mujer con varios esposos), qué entienden por infidelidad y qué sienten al compartir a su pareja con otras mujeres o con otros hombres, según sea el caso; pues muchos estudiosos de las relaciones de pareja opinan que la manera en que se asume el adulterio depende, en gran medida, de los paradigmas particulares y culturales. Esta opinión la suscribe Franca Trezza, psicóloga clínica y especialista en terapia de pareja, quien agrega: "la infidelidad no es importante en otras culturas, pero en la nuestra sí, porque significa una obvia trasgresión a ese acuerdo de exclusividad que previamente han realizado dos personas".

Resulta curioso que en aquellas culturas donde la poliginia es practicada como, por ejemplo, la islámica o la hindú, el grueso de la población masculina es monógama debido a que convivir con varias mujeres es un privilegio de los hombres adinerados. Particularmente, el Corán estipula que el esposo debe mantener a sus señoras y a sus hijos. Una situación muy similar ocurre en India.

Por otro lado, de vez en cuando se reaviva el debate en torno a si es natural la monogamia en el ser humano. Por este motivo muchos investigadores han tratado de dilucidar los motivos por los que a los individuos les cuesta tanto mantener la exclusividad sexual. Producto de esta discusión han surgido muchas explicaciones, y las que más se repiten son las que plantean que el hombre es biológicamente infiel, pero, a partir del desarrollo de valores y principios morales, tiene la posibilidad de revertir conscientemente este impulso primario y visceral. Si la infidelidad es así de natural y espontánea, por qué no asumirla con una actitud más fría y racional, y por el contrario se experimentan sentimientos tan devastadores cuando se descubre. Al parecer, las razones discurren en dos vertientes paralelas, una igualmente biológica y otra de orden psicosocial.

Explicación racional

Helen Fisher, antropóloga e investigadora de la Universidad Rutgers en Nueva Jersey, Estados Unidos, ha dedicado
buena parte de su existencia a estudiar los factores neurobiológicos que se relacionan con las emociones
humanas, y es autora de famosos títulos como Anatomía
del amor y ¿Por qué amamos?, entre otros. Según Fisher,
no se está ni se estará preparado para enfrentar la infidelidad, debido a que "existe una motivación de carácter estrictamente darwiniano y sólidas razones evolutivas para ser posesivos con la pareja -en particular las mujeres. Tanto los machos como las hembras invierten una gran cantidad de energía para establecer una relación de pareja, cuyo propósito fundamental es tener crías viables. El costo de arriesgarla en términos de supervivencia de la especie es alto". La investigadora sugiere que la necesidad de establecer un vínculo con una pareja estable surgió, aproximadamente, "hace cinco millones de años cuando estaban las mujeres caminando por el páramo, llevando en un brazo un bebé y, en el otro, la comida y piedras para defenderse por si la atacaban. Era algo muy difícil, casi imposible, con más de un niño. Entonces, surgió la necesidad de unirse a un hombre de manera más permanente. Por otra parte, para los hombres, proteger y alimentar a varias mujeres y sus crías era casi imposible. Así se desarrollaron en el cerebro tres circuitos distintos: el de la atracción sexual, que sirve para unir al hombre y a la mujer en primera instancia; el del amor romántico, que sirve para concentrar toda la energía reproductora en una sola persona, y el cariño perdurable, que mantiene a las parejas unidas con un lazo profundo".

Motivos emocionales

Desde muchos puntos de vista, la fidelidad es considerada un valor. Es el deber ser de toda pareja. "Las personas se unen pensando que va a ser para toda la vida, 'hasta que la muerte los separe' -dice la psicoterapeuta-, ese es su deseo, más allá de que logren materializarlo o no. Por eso duele tanto cuando se rompe el acuerdo conyugal, el cual no sólo se reduce al matrimonio, abarca todas las uniones que se fundamentan en un pacto de compromiso mutuo". La traición es como un terremoto que sacude violentamente el piso emocional. Es un serio golpe a la autoestima y origina una profunda herida narcisista, muy complicada de curar, porque hay un rompimiento de ese ideal del que todos se sienten merecedores.

Saberse engañado, significa experimentar una especie de devaluación, porque existe la convicción de que alguien mejor ha usurpado el lugar que se poseía.

A raíz del hecho infiel, se sucede toda una cadena de sentimientos de pérdida -tanto para el engañado como para el que engaña- que tienen que ver con un proyecto de vida en común, las amistades, los familiares (que suelen parcializarse a favor de alguno de los dos), en fin, un sinnúmero de aspectos que adquieren una nueva dimensión e importancia.

La pareja transgresora también padece -aunque desde otro lugar- una gran pena. La culpa, el arrepentimiento y la incertidumbre lo agobiarán hasta tanto no regrese, de nuevo, la calma.

Por otro lado, el cónyuge víctima atraviesa situaciones inéditas de dudas y desvalorización propia. Consciente e inconscientemente buscará compararse con la otra u otro, y aunque vaya obteniendo respuestas, siempre se asomará una nueva interrogante. La hostilidad, la rabia y la impotencia que se generan después de "conocer la verdad", son sentimientos que aparecerán intermitentemente en tanto la persona no termine de recuperarse de un todo.

La terapia y el terapeuta

Algunos especialistas advierten que en algunas relaciones donde ha habido infidelidad se presentan patrones en los que ambos son "semivíctimas" y "semicómplices". Esto quiere decir que, en primer
lugar, la responsabilidad de las fallas en la relación
son compartidas y sus consecuencias dañan a ambos miembros de la pareja. En segundo lugar, siempre
hay indicios que levantan sospechas (él o ella ahora
se arregla más, está a la defensiva casi siempre,
los horarios habituales se desordenan, entre otras conductas dudosas), pero se ignoran hasta que son inaguantables o demasiado evidentes. Esta situación puede dar lugar a interminables conflictos, con el consecuente resquebrajamiento del vínculo amoroso. En determinados casos, hay quienes son capaces de recuperar el canal de comunicación, en cambio,
otros necesitan someterse a una terapia para
solventar todos los inconvenientes.

Foto: Archivo

Al respecto, Trezza señala que, de unos diez años para acá, ha ocurrido un cambio realmente favorable con respecto a la terapia, que concierne básicamente a los hombres. "Ahora ellos también llaman para pedir consulta y, además, les dicen a sus parejas que los acompañen. Sin duda alguna, la gente se ha abierto a la posibilidad de buscar apoyo profesional".

Aunque no es fácil tomar la decisión de acudir a la consulta, pues se tendrán que ventilar intimidades con un desconocido y se removerán recuerdos dolorosos, entre otros aspectos incómodos, el terapeuta puede fungir de traductor entre esas dos personas que hablan el mismo idioma, pero que no se entienden.

Borrón y cuenta nueva

"Hay distintas razones por las que los individuos pueden permanecer juntos: económicas, por mantener una estructura familiar, para criar y cuidar a los hijos, pero, el afecto y el cariño deben ser los motivos más importantes para que dos personas vivan juntas en esta época individualista y hedonista", expresó una vez el filósofo español Fernando Savater.

Es cierto que la infidelidad, en determinados casos, provoca un renacimiento de la pasión y refuerza la unión. Sin embargo, puede que este hecho sólo sea momentáneo, y luego se regrese al resentimiento. Pero, "indudablemente -agrega la psicóloga- hay relaciones que han evolucionado y crecido a partir del hecho infiel. Básicamente porque se han dado cuenta de que aún se aman profundamente y que definitivamente están dispuestos a recuperar todo lo perdido. Obviamente, esto requiere un arduo trabajo y una gran disposición. Hay que abandonar el papel de víctima, fomentar la comunicación sincera y analizar concienzudamente los motivos que llevaron a la infidelidad, para no caer de nuevo en la misma trampa".

Comenzar otra vez

"Paradójicamente -dice Trezza-, cuando se le pregunta al hombre si perdonaría una infidelidad, casi sin vacilar responde que no, aun siendo partícipe de una dinámica en la que
se pretende salvar su matrimonio. La mujer siempre está más dispuesta al perdón, pero tampoco se crea que todas. Algunas se deciden tajantemente por el divorcio, sin dar espacio a la negociación. A veces, lo más sano
es separarse y tomar caminos individuales, tratando de superar esos aspectos personales que sabotean una buena relación, para, de esta manera, poder,
más adelante, escribir una nueva historia amorosa".

Foto: Archivo

Ejercicios a dúo

Para superar los inconvenientes hay que esforzarse
de manera conjunta y sin egoísmos

Ser empático

Cuando se presente algún desacuerdo o malentendido es interesante que ambos miembros de la pareja procuren ponerse en el lugar del otro, así sea por un breve momento. Preguntarse cómo o qué se sentiría en el caso propio, contribuye a cultivar la tolerancia y la comprensión.

Foto: Archivo

Tiempo para los dos

Muchas veces la rutina atenta contra la cercanía entre esos dos seres que se aman, pero que inmersos en sus responsabilidades diarias dejan en segundo plano el cultivo de su intimidad. Adueñarse de un día o de unas horas, sólo para los dos, ayudará a mantenerse comunicados y a compartir aquellas cosas agradables que, en un inicio, sirvieron para conformar la pareja.

Reducir el rencor

Hacer una lista en la que se diferencie lo que satisface y lo que disgusta de la otra persona, para posteriormente ser intercambiada entre los dos y generar un sano debate de los diversos puntos, permitirá poner en perspectiva lo que sienten el uno del otro. Es preferible conversar primero acerca de lo negativo y culminar con lo positivo, así se evitará continuar con los enfrentamientos. Por último, se puede
quemar o romper la lista de los aspectos negativos como un gesto simbólico
de hacer borrón y cuenta nueva.

Sin perder la ecuanimidad

La psicóloga Franca Trezza brinda algunos consejos que pueden resultar útiles para manejar, de la mejor manera,
el torbellino de emociones que se suscita en una
persona que ha sido engañada

No tomar decisiones al calor de la furia y el rencor.
Sólo se podrá evaluar con lógica y objetividad cuando
se está en calma. Cuando ésta llega, las respuestas aparecerán con mayor claridad.

Obtener apoyo profesional. Es lo ideal; sin embargo,
hay seres cercanos que pueden ser de gran ayuda,
pero sólo si están dispuestos a ofrecer consejos imparciales.

No evadir el dolor. Es muy importante tener claro que
el sacudón va a ser fuerte por donde se le mire. No tiene
sentido hacerse el fuerte ni echarse a morir. Refugiarse
en la espiritualidad contribuye a alcanzar la serenidad.

Golpea un cojín. Aparte de evitar que el golpeado
e insultado sea el otro, impide acrecentar el conflicto.

Buscar la comunicación. Después de que retorne
la calma es conveniente hablar con la pareja para compartir
las razones de su comportamiento. Por otro lado,
hay que aceptar que la responsabilidad es compartida.

Mitos y realidades

Nota: La letra en negritas es la que indica el escenario acertado

Hay que separarse
después de una infidelidad

M R

Reaviva la pasión

M R

Todo el mundo es infiel

M R

Los hombres son más infieles que las mujeres

M R

Se puede tener una aventura amando a la pareja

M R

"Si me entero y me
hago el loco. Es mejor"

M R

El o la amante
es mejor que la pareja

M R

Es síntoma de otros problemas de la pareja

M R

"Él o ella me forzó"

M R

Ocasiona una ruptura
total de la relación

M R

 

 

 
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