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Jean Paul Leroux
“Soy un francés
de Guatire”

Después de su participación en la película más taquillera del cine nacional, Secuestro Express, y de su breve tránsito como animador en el espacio Kasa Loka, el actor se dejará ver en Ciudad Bendita, la nueva producción de Leonardo Padrón para el canal de la colina. Idalia De León. Fotos: Natalia Brand

A Jean Paul Leroux le gusta hablar mucho. Podría pasarse horas conversando sobre su oficio, la actuación. También sobre temas que le interesan o le preocupan, especialmente, la política y el país. Comenta que sus amigos lo consideran aburrido, y le dicen que debería reírse más. Es cierto, el hombre no es de risa fácil, razón por la cual su sonrisa amplia de dientes perfectos la reserva estrictamente para los momentos que la requieran. “No soy un tipo fácil. Soy un hombre honesto que da la cara y que, a veces, se mete en aprietos por decir la verdad. Yo no puedo manejarme con una diplomacia social que para mí es hipocresía. No soy un ‘diente pelao’ porque no juego a la media sonrisa. No pretendo mostrar algo que no soy”, señala como en defensa ante quienes no lo miran con buenos ojos desde que hizo el papel de machista impertinente en el programa de Televen Noche de Perros, ya fuera del aire, y por su papel de bisexual en el taquillero largometraje de Jonathan Jakubowicz Secuestro Express (2005).

Su discurso fue mucho más divertido y mordaz después de que la cinta que grababa la entrevista llegó a su fin. A partir de ese instante se sintió más en confianza como para apasionarse con el tema de la política y mostrar su impotencia ante el hecho de que en Venezuela se pretende hacer país “a punta de misses y peloteros”.

A Jean Paul no parece incomodarle mucho que la silla en donde está sentado en el momento de la entrevista no se ajuste a sus proporciones (mide un metro 92 centímetros). Tampoco parece darse cuenta de que una dama de la mesa de al lado se da permiso para mirarlo a sus anchas, pues, después de todo, su acompañante tampoco se inhibe de echarle más que una miradita a la actriz Roxana Díaz quien, casualmente, se paseaba por el café luciendo un atuendo adaptado al calor de mayo. Y es que si no fuese una figura pública, la presencia de Jean Paul, en cualquier lugar, sería igualmente objeto de atención. Sus facciones son el ejemplo perfecto de las tan cacareadas bondades de la mezcla de razas. Rasgos europeos sobre una piel morena clara y que contrastan, además, con unos ojos verdes aceituna, no son detalles para pasar por alto. Difícil es, también, que pase desapercibida su humanidad de casi dos metros. Sus antepasados son franceses, pero parece el producto de un alemán con una venezolana, o viceversa. No cree, de paso, que dichas características le otorguen demasiadas ventajas sobre los demás actores. “No estoy de acuerdo con que el actor tenga que lucir bien, porque, si a ver vamos, los personajes son siempre gente común y corriente. Yo no creo que todas las mujeres midan 90-60-90 y que todos los hombres tengas figuras atléticas. Yo he cambiado para mis personajes, he engordado, he rebajado. Lo de la belleza es muy relativo. A mí me dio mucha risa cuando Estampas me eligió como uno de los hombres más bellos de 2005. Yo pensaba que se trataba de un chiste cuando me llamaron por teléfono para notificármelo. Lo que pasa es que siempre he parodiado ese tema de la belleza porque en este país se le da mucha importancia. Uno como actor tiene que moverse en un margen en el que puedas jugar con tu físico de acuerdo con lo que te demande el personaje. Me mantengo en forma porque, por ejemplo, en El violinista sobre el tejado tuve que bailar al lado de bailarines de Danzahoy, y hacer una coreografía de una polka rusa, lo cual fue muy exigente. Más nada”. Y si bien no cree que el asunto sea la belleza, tampoco le da demasiado crédito a lo que se llama talento. “Yo no creo en el talento, creo en el trabajo, en la disciplina. No creo que con talento únicamente la gente llegue a grandes ligas. Si tienes el talento para ser un buen pelotero tienes que esforzarte”.

Primero, actor
El apellido Leroux (se pronuncia lerú) le viene de su bisabuelo paterno, de quien no recuerda el nombre. Fue un personaje a quien, según el periodista Oscar Yanes, trajo al país Guzmán Blanco para que fuera su carretero personal. “Yanes dijo que mi bisabuelo le había salvado la vida a Guzmán Blanco en una oportunidad y que éste le quedó debiendo una recompensa de 20 bolívares que le asignó el gobierno por la hazaña”. Pero aunque por sus venas corra sangre de los galos, dice que él no es más que un francés de Guatire, pues sus padres son de esa localidad mirandina. Nació en Caracas el 7 de enero de un año que se negó a revelar, pues a pesar de su imagen tan portentosa y de que en persona luce como quien recién está inaugurando sus treintas, recurre al viejo recurso de no confesar la edad: “Tengo menos de lo que aparento. En todo caso, tengo la edad que necesita mi personaje”, expresa. Aunque llegó al mundo en la capital, tuvo el privilegio de una infancia en la provincia. “Hasta los nueve años viví en Barquisimeto, así que tuve la oportunidad de crecer en casas donde se podía vivir con las puertas abiertas, con patio, perro, con una mata de mamón donde te montabas para meterte en la casa de los vecinos para robarte los mangos. Creo que esa infancia no la cambio por nada”, enfatiza. Otra vez en Caracas, a la que regresó como consecuencia del divorcio de sus padres, culminó su formación media en el Liceo Francisco Espejo. Sus días de universitario llegaron hasta el octavo semestre de Estadísticas y Ciencias Actuariales en la Universidad Central de Venezuela, y el voleibol de playa, disciplina en la que llegó a ser atleta de alta competencia, también quedó atrás cuando la actuación ya empezaba a marcar su destino. Estudió con Carlos Ospino, Felicia Canetti, Morelia González, Elba Escobar y Mariela Fuentes. Tomó el Master Class que el Actors Studio dictó en Caracas. En teatro actuó en Tócala de nuevo, al lado de Marialejandra Martín; en La Cenicienta (donde, claro, era el príncipe). También estuvo con Mimí Lazo en El Aplauso va por dentro, y más recientemente en El violinista sobre el tejado. En televisión hizo pequeños papeles en dos dramáticos de Venevisión: Más que amor frenesí, y Mambo y canela (2002). En el ínterin filmó Secuestro Express, la cual finalmente se estrenó en 2005. Después lo llamaron de Televen para el programa Noche de Perros, y más adelante, para animar Kasa Loka, espacios que lo proyectaron entre el público seguidor de la programación local. “A finales de 2005 me planteé que en 2006 me iba a alejar de la animación y me dedicaría única y exclusivamente a la actuación. Lo que pasa es que yo no soy animador y no estoy formado para serlo. Yo puedo conducir un programa, me siento a gusto haciéndolo, pero quiero que se me vea como un actor, que se me respete como tal y no como un animador que de vez en cuando actúa”.

La decisión empezó a dar sus frutos rápidamente. Ya se encuentra grabando para la nueva telenovela de Venevisión, Ciudad Bendita, escrita por Leonardo Padrón, y en la que encarna a un personaje que tiene una relación directa con el protagonista, Roque Valero. También terminó de grabar Elipsis, un largometraje dirigido por Eduardo Arias-Nath en el que también participan Marisa Román, Gaby Espino, Angélica Aragón y Edgar Ramírez, entre otros, y cuyos derechos de distribución ya adquirió 20th Century Fox.

 ¿Qué le debes a Noche de perros?
“Le debo parte del odio que me tiene gente del público. Sin embargo, yo soy fanático de los late nights, y yo creo que arrancarle una sonrisa a alguien antes de dormir garantiza un mejor mañana”.

¿Qué tal la experiencia de trabajar con Mía Maestro en Secuestro Express?
“Es una actriz que me dio grandes lecciones de profesionalismo y de antidivismo. Es una artista a plenitud. Es muy inteligente y extremadamente disciplinada. Tiene muy claro el concepto de equipo”.

¿Quiénes son los nuevos nombres del cine nacional?
“Está sucediendo algo muy interesante con el cine. Hay mucha gente interesante en la palestra. Yo tuve la suerte de trabajar con Jonathan Jakubowicz y en la ópera prima de Eduardo Arias-Nath, que ya fue comprada por Fox. Yo creo que la nueva ola del cine que viene ahora tal vez nos lleve a la época de oro del cine de los setenta”.

¿Qué prefieres: teatro, cine o televisión?
“Creo que el teatro es el medio por excelencia del actor. Es un espacio donde no hay intermediarios entre actor y espectador. Te da la oportunidad de demostrar tu trabajo sin pasar por una sala de edición y el ojo visor no depende exclusivamente del criterio del director sino del espectador. Hay algo de magia en el teatro, pues el público tiene que asumir como un acto de fe que esas paredes de cartón piedra y la utilería son de verdad y hay que convencerlo de que quienes están en escena son Romeo y Julieta. Creo que es muy romántico, y no en vano es un arte muy antiguo”.

¿Cómo te sientes dentro de la farándula?
“Nunca he sido farandulero. Nunca he entendido el término farándula”.

Me refiero a pertenecer a un medio que te somete a la exposición pública...
“Yo creo que esto se trata de no creértelo y eso se logra teniendo los pies puestos sobre la tierra, no creyéndote mejor que nadie. La gente te para en la calle y es simpática con uno, pero también puede ser muy crítica y llega a reclamarte cosas. Creo que esta es una profesión en la que se toman muchos riesgos. A nosotros nos pagan para mostrarnos vulnerables, y a veces uno se equivoca porque no encarnaste el papel como debías. En últimas, se trata de comentarios que te van llegando de primera mano, no por medio de terceros”.

¿Qué tanto miedo le tienes al fracaso?
“Yo mido el fracaso al igual que el éxito. Creo que el éxito está en poder hacer las cosas que tú quieres hacer. Yo me sentiría fracasar si estuviera ejerciendo una cosa que no me llene. No me sentiría mal si elijo un proyecto que no tenga éxito. Yo nunca me imaginé que Secuestro Express se convertiría en la película más taquillera en la historia el cine nacional. Hay actores que rechazaron el papel porque no se querían mostrar haciendo un rol de bisexual en una peliculita venezolana. Yo no vi eso como una limitante, más bien me pareció un regalo que llegara a mis manos un buen guión y un buen personaje. Es verdad, el tema de la película no era cómodo, había que estudiarlo muy bien, la psicología del personaje era muy exigente. Estudiar sobre el uso de estupefacientes, la conducta humana, sobre las preferencias sexuales, el terror psicológico al que eres sometido en una situación de cautiverio”.

¿Tienes pareja en este momento?
“No, pero creo que la soledad llega en momentos de aprendizaje. Creo que es una decisión consciente en la que no debes arrastrar a nadie. Gracias a Dios he compartido momentos maravillosos con mujeres maravillosas, pero el tema del trabajo me distorsionó un poco el foco en algún momento, así que actualmente estoy tratando de revisar un poco eso para optimizar mi tiempo y mis recursos y poder brindarle mi cariño sin que la otra persona tenga que pagar las consecuencias de estar disperso”.

¿Te planteas tener hijos?
“Si me hubieses preguntado eso hace seis meses a lo mejor te hubiese dicho que no. Creo que en el fondo lo que hay es temor de traer a un ser indefenso y no poder cumplir con el oficio más comprometido y hermoso que es ser padre. Yo podré equivocarme en mi trabajo como actor pero en el rol de padre no me lo permitiría. Yo he declarado mucho que no creo en el matrimonio, que no me voy a casar. He dicho un montón de cosas, ya mi mamá está escandalizada, pero ahora entendí que hay que salvaguardar el patrimonio común. Cuando vi el documental Tocar y luchar, de Alberto Arvelo, me sentí esperanzado, pensé que sí puede haber un mundo amplio, que lo único que parece recordarnos que somos humanos son las artes. Ahora me permito pensar la posibilidad de la paternidad”.
l

 

Secuestrado

¿Qué te dicen en la calle?
“¡Muchacho, tú si eres alto!”.

¿A quién le pedirías un autógrafo?
“Ya lo pedí, a Karch Kilary, un jugador de voleibol de playa que es medallista olímpico. Creo que a cualquiera de los grandes del cine, pero más que un autógrafo me tomaría una foto”.

¿Con cuál director te gustaría trabajar?
“Me gustaría hacer el Padrino IV con Francis Ford Coppola”.

Una película...
“El Padrino”.

Un libro...
“La Metamorfosis de Franz Kafka”.

¿Cuál libro estás leyendo ahora?
“El espejo enterrado, de Carlos Fuentes”.

Una ciudad...
“Me encantan Madrid y Barcelona, pero me gustaría conocer Praga, Budapest, Viena, Machu Picchu, Buenos Aires”.

Un defecto...
“Soy terco, testarudo, malhumorado”.

Una virtud...
“La lealtad”.

Tu último pensamiento del día...
“A veces pienso en el odio, a veces en el mañana”.

¿Qué no falta en tu nevera?
“Queso paisa y yogur”.

¿Qué música escuchas?
“El bossa nova y la salsa brava me gustan muchísimo… la Fania, Maelo, Héctor Lavoe... Esa afinidad con la salsa se la debo a mi papá, quien salvó la patria escuchando esa música. Pero yo escucho de todo: Soda Stereo, Charly, Sentimiento Muerto. Hay también mucha música de los ochenta que me gusta bastante”.

Asistente: Anita Carli. Maquillaje y Cabellos: Ronald Perozo. Telf.: 0414-1108784
Franelas de: FRA-NELLA. Correo: ropafra.nella@gmail.com. Estilismo: Nella Franco

 

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