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El alma baila
en la danza del vientre

Desde niño, con su hermana Dolores como mentora, José Julio de Campos se inició en el placer del baile. Hoy lleva más de 15 años dedicado profesionalmente a la danza árabe en nuestro país, incluyendo su enseñanza. Maritza Jiménez / Fotos: Natalia Brand


Vinculada siempre con la feminidad, cada vez más hombres en el mundo se acercan a la danza del vientre para disfrutar también de su belleza y sus beneficios. Otros, en su enseñanza, ofrecen enfoques que pueden contribuir a la formación integral de las bailarinas.

Entre estos últimos, el más destacado actualmente en Venezuela es José Julio de Campos, Zekha, diminutivo de José en portugués, o simplemente Julio, como fuereconocido en la danza flamenca.

De padre portugués y madre angoleña, nació en Angola, como el menor de ocho hermanos, en una familia donde todos bailaban. Su hermana Dolores, Lola, fue su primera maestra de flamenco. Además cursó ballet clásico y teatro. Pero sus dos grandes necesidades fueron siempre el flamenco y, sobre todo, la danza oriental, en la que evocaba el misterio de Las mil
y una noche
, leído en su infancia.

“Esa bailarina, enigmática y sensual, era el ideal femenino para mí. Era yo, mi parte femenina, representada en ese arquetipo profundo. Un enfoque muy cuestionado por el sistema machista. Pero yo considero que la danza es energía, y que es el alma la que baila. Y en un cuerpo como el mío, que es masculino, todos los movimientos, los fuertes o solares, los lunares, los sutiles, los más intensos, todos van a ser masculinos porque son de un cuerpo de hombre. Del mismo modo, los movimientos fuertes en la mujer serán siempre femeninos, porque son movimientos ‘un ella’”.

Aunque es meteorólogo de profesión, y llegó a formar parte de la Asociación Mundial de Meteorología, Venezuela lo llevó a cambiar las predicciones climatológicas en los aeropuertos europeos por una entrega total a la danza. Fue en los años ochenta cuando vino a visitar a su hermana y sus sobrinos en Venezuela. Con el fallecido Roberto Sevilla, bailarín reconocido del Ballet de Cuba, que trabajaba en Radio Caracas Televisión y tenía una escuela en la avenida Lecuna, continúa los estudios
de flamenco que había iniciado en su país con su hermana Dolores y comienza con la danza árabe, “como se enseñaba hace 20 años”, dice, “de una manera muy teatral, muy de poses hollywoodescas”. Luego va a una escuela que ha hecho historia en este país, la Academia Españoleto, donde retoma los estudios de danza del vientre con Angel Españoleto.

“En realidad, la danza del vientre llega a través de los hombres. En los países árabes,  por ser culturas muy estrictas con la mujer, eran hombres los que bailaban públicamente, al igual que pasaba antiguamente en el teatro con los actores que representaban los roles femeninos. Hoy en día muchos dan clases, y Angel, que aprendió de Alí, un árabe que estuvo aquí, fue quien formó a casi todas las bailarinas actualmente conocidas entre nosotros, excepto Sherezade”.

Angel Españoleto, que había sido su compañero de danza flamenca y un excelente coreógrafo, enseñaba esa danza, pero no la bailaba. Julio sí, pero aunque proviene, como afirma, “de una cultura donde mover la pelvis es alegría, sin pensar si es pecado o no”, seguía apegado a la imagen del conservadurismo árabe y la danza tradicional, donde la que se mueve es la mujer. Hasta que un día, hace 15 años, unas muchachas que le pidieron asesoría para montar un espectáculo, lo llevaron a tomar la decisión. “Después vino toda esta tendencia actual, donde el hombre también baila, y a partir de ahí empecé a crear y desarrollar mi propia línea de trabajo”, añade.

Algo más que vientre

Las bailarinas del vientre, al estilo que hoy se conoce, aparecieron durante la colonización inglesa y francesa de Egipto. Algunos hablan de antecedentes en los cultos de la fecundidad en los templos paganos prehistóricos, y de una era de esplendor y refinamiento en el antiguo Egipto. Según otros, los gitanos habrían extendido esta danza por todo el Medio Oriente, India y norte de Africa, y cada cultura le habría añadido movimientos especiales.

Julio es del parecer que, más que al tiempo de los faraones, como se ha dicho partiendo de las imágenes halladas en las pirámides, esta danza se remonta al “tiempo del pueblo”, porque, sostiene, “es el pueblo el que siempre ha bailado”, y en ello sus observaciones de las culturas tradicionales africanas le sirven de argumento.

Así, llamarla danza del vientre es obviar que se baila no sólo con el vientre —también entran brazos, manos, hombros, cuello y hasta la mirada—, y poner el acento en uno solo de sus aspectos, el más comercializado. Es lo que se conoce como cabaret style, cuyo origen se remonta a la presencia de Napoleón en el Medio Oriente, tras la derrota en la batalla del Nilo, en 1798, cuando comienzan las excavaciones arqueológicas y estudios de la cultura faraónica. 

Investigador del tema, Julio Campos señala que muchachas de los barrios eran llevadas en esa época a distraer con sus  bailes a los militares del ejército napoleónico, quienes eran seducidos por su gracia y la sensualidad de sus movimientos.

Así se fundó el primer cabaret de El Cairo, La pequeña África, de Sol Blumm, donde las bailarinas eran preparadas y refinadas para presentar los espectáculos nocturnos. “Ahí empezó el lado mercantilista, donde las mujeres bailaban para ganarse la vida, y algunas de ellas causaron un gran impacto”.

Posteriormente, ya en el siglo XX, una libanesa llamada Badia Mansabni abre en 1930 una sala de fiestas llamada Casino Badia, donde trabaja con coreógrafos y bailarines europeos, se incorpora la vestimenta conocida hoy y se convierte en puerta a los escenarios hollywoodenses para numerosas bailarinas. Ahí empezó el lado mercantilista —dice—, donde las mujeres bailaban para ganarse la vida, y algunas nombres causaron verdadero furor, como Samia Gamal, Tahia Karioca, Badia Masanbni, entre los nombres más conocidos.

Belly dance es un término mercantilista, enfocado en el machismo y sumamente degradante para la mujer. Supone que si no eres joven, bella y atractiva, no puedes bailar”. Por eso, como persona proveniente del continente africano, y conociendo bien el tema, Julio prefiere no limitarse al término.

Pero tampoco al de danza árabe, como también se le llama. Primero, dice, porque no existe una sola, sino numerosas danzas en cada país árabe. Luego, porque designarla así subraya el dominio exclusivo de una cultura, dejando por fuera las contribuciones de muchas otras que han entrado en su conformación. “Parto del principio de que los árabes encontraron estas danzas cuando invadieron culturalmente a los países africanos, donde se baila por todo, desde que se nace hasta que se muere. Para mí el norte de Africa fue el matrimonio entre el continente africano, el Mediterráneo y el Asia central. Los árabes lo que hicieron fue absorber y mezclar. La cultura de Asia Central está enfocada en las danzas de arriba, brazos, cabeza y en la expresividad del rostro. Y todo lo que es trance, bastón, pelvis, golpes de cadera, pies, tierra, es africano. Es una osmosis. En cuanto al flamenco, que encuentras en Andalucía, resulta de la unión de la danza fenicia con las danzas árabes, en la época de Al andaluz”. Por eso, prefiere hablar de danzas  orientales, traducción literal de raqs sharki, como la conocen en los países árabes, término más ajustado a su realidad cultural.

A su juicio, lo que se enseña generalmente en las escuelas es una serie de movimientos de danza enfocados al mercantilismo del cabaret, lo que llamaron en Estados Unidos cabaret style, “en el que la mujer exhibe un poco su cuerpo, y hace ciertos  movimientos, para divertir al hombre en restaurantes y night clubs”.

Una danza para todos

Es así como, para llenar ese vacío y la frustración dejados
por el cabaret, nace también en Estados Unidos el estilo
tribal, iniciado por otra libanesa, Jamila Salimpur. “El tribal aparece como un camino abierto y humano. Es un estilo más libre —dice—, en el que todos tienen cabida: gordas, viejas, jóvenes, homosexuales, ateos, creyentes, hombres,
todo ser humano, sin ponerle rótulos”.

Dentro de esa orientación, Julio Campos ubica su línea de trabajo, a la que denomina Danza fusión oriental o Fusión tribal oriental, y así aparece como representante por Venezuela en el directorio internacional de danzatribalenlared.spaces.live.com. Una visión más amplia
y profunda, a la que se suma el atractivo de su personalidad
y el respeto que él profesa por el desarrollo espiritual
del ser humano. 

Sus clases combinan la preparación técnica con la información cultural sobre la historia y características de esta danza en cada región, a la vez que reestablecen el contacto con el antiguo predominio de la fuerza de lo femenino, con la madre, o la Diosa, según otras filosofías.

La improvisación, por otra parte, ocupa un lugar importante, como instrumento mediante el cual el estudiante se entrena en la conciencia del espacio, contacto con el público y superación del miedo escénico.

“No todas quieren salir a bailar, porque algunas creen que no bailan. Es porque esperan demasiado de sí mismas, se critican mucho, y aspiran siempre a la perfección, que nunca existe. Bailar es un hecho momentáneo y es un estado. En realidad todo el mundo baila. Yo no quiero formar grandes bailarinas, sino seres humanos más completos”.

Pero el baile es una interrelación dinámica entre el que baila y el que observa. Y si en el caso de la que baila, Julio subraya siempre la importancia de tener conciencia de que lo hace para un público, también el que observa es sujeto de aprendizaje:

“Trabajo siempre en función de la persona que baila y de la que observa. A las que están observando les digo que no se queden estáticas observando. Es ley retribuir. Cuando sales a hacer una interpretación, es tu alma la que está hablando a través de tu cuerpo. Y las personas están allí, observándote y leyendo tu vida. Es tu realidad desnuda la que exhibes. Entonces, las personas del círculo tienen que retribuir de forma amorosa. De ahí el sagrib —o grito africano. En Occidente, cuando la persona baila con tarub, es decir con inspiración, dicen: ‘Esa se echó unos traguitos, está borracha’. Entonces te reprimen, te dicen ‘chica, qué pasa? Pórtate bien’. En África, al contrario, te inspiran a que vengan rápido al tarub. Y si no lo tienes,  te obligan a tenerlo a través de los gritos, del estímulo”. 

Tú has dejado todo, familia, profesión, para dedicarte
a esto, ¿qué ha significado para ti?


“No sé si el sentir la felicidad de otros, y que uno ha contribuido a ello, podría llamarse liberación. Yo he formado a mucha gente en la teoría y en la práctica. Sin embargo, más que enseñar, prefiero hablar de  educar, que en latín significa extraer de adentro. Lo que hago es ayudar a las personas a extraer de sí mismas lo que ya tienen adentro”. Pero él también, agrega, está en un proceso de crecimiento, esa dialéctica en la cual el maestro deviene aprendiz: “Mi trabajo, es un gran beneficio para  las otras personas, pero esencialmente para mí mismo. Y aunque nadie lo crea, la mayoría de las veces son las alumnas las que me dan el impulso para ese crecimiento y ese cambio. Ellas son las grandes maestras, no yo”.

Julio no olvida tampoco a sus mentores: “Ángel, Julia, Amatxi, Mariela Merino, (todos hermanos y co fundadores de la Escuela Españoleto); Roberto Sevilla, Paloma Marín
y Maritza (flamenco); Mohamed Elmanserí, Delilah, Susana del Vechio, Zorba Amir Thaleb, Rakia Asan, Yilina, Aziza, Mesmera...”. Y agradece a las “diosas y dioses de siempre”, quienes acompañan su trajinar en esta antigua danza. l

l Asistente de fotografia: Anita Carli
lLocación: Centro de Transformacion Osho OasisAsistente de fotografia: Anita Carli
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