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revista Estampas
 

¡Gracias a la vida ... !

 

“Erase una vez un hombre desesperado que acudió a un rabino, buscando ayuda.
-Querido Rabino —le dijo—, el panorama de mi casa es aterrador, y no tiene pinta de mejorar. Mi mujer, mis seis hijos, algunos con sus respectivas familias y yo, vivimos juntos en una pequeña casa. Como estamos tan apretados, los roces y las discusiones están a flor de piel. Hemos llegado a un punto en que estamos todos gritando y peleando; ya no tenemos paz.

El Rabino reflexionó unos minutos y le dijo:

-Si haces lo que te digo, pronto mejorará tu vida y la de los tuyos. Pero antes dime algo: ¿Tenéis animales en la granja?

-Sí, tenemos una vaca, dos cabras, varias gallinas y seis patos —contestó agobiado nuestro hombre.

-Estupendo, entonces regresa a tu hogar y mete a todos los animales dentro de tu casa a vivir contigo y con tu familia y regresa en una semana, antes no.

El pobre hombre atónito, y sin decir palabra, obedeció las órdenes de su Rabino sin comprender nada. Al llegar a casa, metió resignadamente todos sus animales dentro de ella.

Pasó una semana y nuestro amigo con grandes ojeras y cara de angustia, acudió al Rabino, y le dijo: “La situación no puede ser más caótica y con todo respeto, es peor el remedio que la enfermedad. Mi hogar se ha convertido en un establo; la vaca, por su tamaño, ha destruido todo; las cabras se comen las alfombras y los muebles huelen horrible;  finalmente, las gallinas vuelan por toda la cocina ensuciando todo. Mis hijos casados, con sus familias, se fueron huyendo, pues no resistieron más, y mi esposa quiere abandonarme. Todos salen al amanecer y regresan tarde en la noche. Ayúdeme, por favor, se lo suplico.

-Pues bien, regresa a tu casa y saca a los animales. A los días, el hombre plácido
y alegre volvió donde el Rabino.

-En verdad, no sé cómo darle las gracias, sus sabias palabras nos han sido de gran ayuda. Ahora que sacamos los animales, tenemos mucho más espacio y nuestra
casa es un hogar limpio y acogedor. La vida nos vuelve a sonreír, mis hijos al salir temprano de casa consiguieron trabajo y los casados se marcharon a hacer
su propia vida. Usted tenía razón: Dios nos ha ayudado”.

 A muchos de nosotros nos puede pasar como al hombre de la fábula, porque estamos tan agobiados por las preocupaciones y el ritmo de actividad acelerado que mantenemos, que dejamos de ver y de reconocer los elementos positivos que tiene la vida. Al dejarnos llevar por el estrés diario, y la carrera alocada para conseguir las cosas que creemos necesitar, perdemos la capacidad y la disposición de hacer lo necesario para mantener la armonía y el bienestar de nuestro espacio familiar. Lamentablemente, el estrés nos toma por completo sin que nos demos cuenta, trastornando nuestro carácter y manera de ser, llevándonos en la mayoría de los casos a convertirnos en personas agresivas, irritables y defensivas, ignorando y olvidando el valor que tienen los pequeños placeres de una vida sencilla.

Cada día creemos necesitar más, nada nos satisface y cualquier pequeñez nos amarga la vida. A veces nos sentimos con derecho a todo, hasta que la vida sin anunciar nos pone en la justa dimensión.

Vale la pena detenernos y reflexionar un poco acerca de esto, pues el deseo de adquirir o alcanzar una mejor calidad de vida material, puede llevarnos a equivocar
el camino y al recorrerlo, perder los regalos y las bendiciones que recibimos día
a día y que debemos disfrutar, agradecer y compartir con los demás. 

Conectémonos sólo a aquellos eventos, comentarios e  ideas positivas, que nos lleven a vivir a plenitud cada día y a disfrutar mucho más de la vida, reconociendo
que tenemos muchas veces, más de lo que en realidad podemos usar y disfrutar.

Claves para disfrutar
y valorar lo que tenemos


Aprecia lo que tienes. Si haces una lista de tus bendiciones, te darás cuenta que tienes más de lo que en realidad puedes usar. Incluye en la lista a las personas que te quieren y quieres, las pequeñas grandes cosas que disfrutas y los regalos esenciales, como la oportunidad de estar vivo y los momentos de felicidad y paz en tu vida.

Desecha lo negativo. El perdón y el olvido, son los antídotos por excelencia para sanar el resentimiento y liberar los sentimientos y los recuerdos negativos. Recuerda sólo lo bueno y positivo.

Deja de compararte. Evita mirar hacia los lados, para fijarte en lo que tienen los demás, pues la envidia se apoderará de ti. Más bien concéntrate en cada esfuerzo que haces por conseguir tus metas y la paz interior.

Siéntete agradecido. Reconoce y valora todo lo que tienes, siéntete agradecido con las personas que contribuyeron con tu bienestar y con la Divinidad por todas las oportunidades y las bendiciones. Esta es la base de la prosperidad. ¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa, todo va a estar bien!

maytte@maytte.com

 

Preguntas y respuestas

HOLA, MAYTTE. Mi novia y yo te leemos todos los domingos y comentamos tus artículos. Ella me sugirió que te escribiera, porque me siento muy desmotivado en mi trabajo, hasta el punto que he pensado renunciar. Al principio me sentía muy motivado, pero la falta de reconocimiento y de estímulo en la empresa me ha hecho perder el entusiasmo. L.M.T.

Cuando no estamos motivados, lo vemos todo muy negativo. Generalmente resaltamos el hecho de que el jefe no nos reconoce, que algún compañero quiere sobresalir por encima de nosotros, que los horarios son muy largos, que tenemos exceso de trabajo y responsabilidades… En fin, cuando nos sentimos así, siempre encontramos las razones necesarias para renunciar. Es preferible que no tomes ninguna decisión determinante mientras te encuentres afectado, pues es posible que cuando recuperes el balance, te arrepientas de haberlo hecho. Te sugiero que identifiques cuáles son los problemas reales y trates de solucionarlos; controla los pensamientos negativos que te llevan a evadir los problemas, y deja de pensar en que no vale la pena hacer el esfuerzo. Piensa en los beneficios y en los aspectos positivos que también tiene tu empleo; aprende a decir que no a ciertas tareas que no están bajo tu responsabilidad directa y practica actividades que te lleven a liberar el estrés y a divertirte un poco para balancear tu actividad laboral

HOLA, MAYTTE. Mis abuelos llevan juntos 48 años de casados, y continúan teniendo muestras de cariño y respeto el uno con el otro. Mi experiencia me dice que de novios todo es muy bonito, no hay roces y todo es complacencia, pero con el tiempo esta magia se va perdiendo. ¿Cuáles son las claves para consolidar una relación, y llevarla con armonía y mucha ilusión? D.G.

En realidad tienes cerca un buen ejemplo de convivencia, ya que tus abuelos lograron proteger y mantener el amor y el deseo de acompañarse el uno al otro por tanto tiempo. Lo más importante es que ambos estén verdaderamente enamorados y dispuestos a hacer cuanto sea necesario para compartir la vida. Algunas de las herramientas son: pasar tiempo a solas, porque esto ayuda a fortalecer la intimidad y el compartir entre los dos; mostrarse interesado en los asuntos del otro, para que ambos se sientan queridos y tomados en cuenta por su pareja; recordar los buenos momentos compartidos, en lugar de recordar y resaltar los eventos difíciles o dolorosos que hallan vivido; reconocer y valorar el aporte que hace tu pareja a la relación, aun cuando sean cosas muy pequeñas, porque al hacerlo él o ella sentirán que vale la pena el esfuerzo de dar y entregarle lo mejor de sí a la otra persona. Y por supuesto mantener una buena comunicación, que implica hablar de lo que sentimos y pensamos, brindándole a la pareja la posibilidad de conocernos para apoyarnos y complacernos de vez en cuando, y al mismo tiempo practicar una escucha atenta e interesada, que le haga sentir al otro que es muy importante y que puede contar con nosotros incondicionalmente. Aprender a expresar el cariño abierta y directamente, suavizará los roces y avivará la llama del amor.

QUERIDA, MAYTTE. Después de haber tenido un matrimonio de 24 años, él nos dejó. Lo superé y seguí mi vida con mis tres hijos que ya crecieron y se fueron de casa, dos se casaron y el último acaba de irse a la universidad en otra ciudad. Me quedé sola, y no sé como manejar todo el tiempo y el espacio que quedó vacío. ¿Me puedes dar una ayudita? C.E.L.

Me parece que estás en el umbral de una nueva etapa en tu vida, y tienes todas las herramientas para sentirte llena y realizada. Lo primero es aceptar lo que no podemos cambiar, pues no vale la pena recrear el pasado para conectarnos a la tristeza o a la nostalgia que nos produce algunos de los eventos que hemos vivido; más bien te sugiero que traces una línea gruesa y fuerte para separar el pasado del presente, de manera que mentalmente te prepares para comenzar a vivir con optimismo, ilusión y entusiasmo tus días.

Necesitas aprender a vivir para ti, sin sentirte culpable de hacerlo; eres una persona especial que sacrificó mucho para sacar adelante a los hijos. No te aísles, busca la compañía de tus amigas y acepta las invitaciones que te formulen para compartir o hacer alguna actividad divertida. Practica algún tipo de ejercicio con constancia y disciplina, te ayudará a liberar la tensión, a vaciar tu mente de pensamientos negativos y preocupaciones y te dará más vitalidad. Asiste a seminarios o a talleres, de temas que te interesen y te enriquezcan como ser humano. Inscríbete en alguna fundación u organización para prestar servicio voluntario y comparte parte de tu tiempo libre con las personas que te necesitan. Mantén el contacto amoroso con tus
hijos y al mismo tiempo bríndales tu apoyo para que se independicen y tengan una vida plena.

 

 

maytte@maytte.com

 

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