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revista Estampas
 

De profesión:
payasos
de hospital

Tardaron en nacer en Venezuela, pero lo hicieron
y con todas las intenciones de arrancarle una sonrisa
a los niños que —aún acostados sobre una
cama— tienen la mejor disposición de comerse
una buena tajada de la
alegría que les ofrecen
estos clowns en formato médico María Elisa Espinosa / Fotos: Natalia Brand

Están por todo el mundo y los han llamado de innumerables maneras: que si Payamédicos, que si Pupaclowns, que si Doctores de Alegría, que si Hopi Clowns,
que si Doctores Bola Roja, que si Saniclown, que si Pallapupas... Lo cierto es que todos apuntan a lo mismo: facilitarle al niño su estadía sobre una cama de hospital, o lo que para los efectos es igual: lograr que su permanencia allí sea lo menos dramática posible.   

¿Cómo lo consiguen? Pues con muchas narices de goma, pelucas estrambóticas, trajes multicolor y sonrisas a flor de piel, pero sobre todo con la conciencia de que el trabajo de un payaso de hospital va más allá de jugar y hacer reír. Además, y en gran medida, deben tener los ojos y el corazón bien abiertos para poder ofrecer la dosis exacta de soporte y alivio que requiere un niño en su condición de paciente. 

Aunque no necesariamente todos los payasos de hospital se han inspirado en la experiencia vivida por el estadounidense Hunter “Patch” Adams, la referencia a este particular doctor empeñado en romper los cánones establecidos por la medicina moderna, parece obligada para muchos de quienes —siendo o no sus colegas
de bata blanca— se dedican a desperdigar humor como mecanismo sanador en centros asistenciales, y muy concretamente en servicios de Pediatría en el ámbito mundial. 

La iniciativa, que puede medirse tanto en Europa como en América Latina con la varita del éxito a juzgar por el aval y apoyo dado incluso en algunos casos en instancias gubernamentales, cuenta con una experiencia incipiente en Venezuela, la de Doctor Yaso, nacida hace dos años como apéndice de AkekéCirco-Teatro, aunque desde hace poco tiempo, a raíz de la muy buena reacción en los pequeños pacientes de hospitales y los médicos y enfermeras que los asisten, ha decidido desprenderse como un programa que respire con pulmón propio.

Y de eso se han encargado Lilver Tovar, Jorge Parra y Franklin Romero, fundadores de Doctor Yaso, junto a otros actores y clowns ganados para este proyecto que nació —no se olvidan de acotar— a raíz de los deslaves ocurridos en febrero de 2005 en el área metropolitana de Caracas.

“En aquel momento comenzamos a visitar los centros de refugiados que se instalaron en la ciudad, queriendo entretener a los niños de las familias que estaban allí, pero luego nos dimos cuenta de que este tipo de actividades siempre hace falta en lugares donde hay mucha tensión, y entre ellos los hospitales”, explica Tovar.  
  
Entendieron, sin embargo, que para que creciera esa semilla era necesario prepararse, cuestión que hicieron Lilver y Jorge Parra en Barcelona, España, para luego servir como multiplicadores de la experiencia con sus otros compañeros del grupo.

“Nos impresionó mucho ver que allá, en los servicios de Pediatría de los hospitales, es obligatorio tener payasos, así como se tienen especialistas y enfermeras. Es decir, por turno debe haber un mínimo de dos payasos para cada habitación, y eso es, de hecho, una profesión que se estudia”, agrega la joven actriz quien personifica a Luna en las constantes visitas que hace hoy por hoy Doctor Yaso a los hospitales caraqueños.

Saber entrar



Franklin Romero, otro de sus fundadores, habla, y muy serio,
de la manera cómo este tipo de payasos debe manejarse en los encuentros con los pequeños pacientes, sus familiares (quienes también suelen estar muy afectados, y a veces más que sus propios hijos) y los doctores que los asisten, para que el asunto fluya bien:

“Lo primero que hacemos es dirigirnos al cuerpo médico del servicio donde vamos para presentarnos y saber si hay alguna restricción que tomar en cuenta dependiendo de cada niño. ¿Debemos usar tapabocas? ¿Hay algún chico operado del corazón? ¿Alguno con fractura que no pueda voltearse a
vernos y, por ende, nosotros le debemos hacer la función
de frente? En fin, son muchas cosas las que hay que considerar siempre, entre ellas, estar claros de que si un niño te dice ¡no!, pues no entras, o en todo caso pasas a la cama de al lado,
hasta que él te permita encajar. Es decir, tenemos que
aprender a jugar con esa negación, con los altos y bajos”.


Y así se lo hicieron saber al grupo de 16 participantes del primer taller de formación
de payasos de hospitales voluntarios que impartió Doctor Yaso a principios de este año en Caracas, con la idea de repetir la experiencia muy pronto, tanto en la capital como en otros puntos del país, considerando el éxito obtenido también en Maracaibo. 
 
“Allí les enseñamos técnicas básicas de clown, métodos de atención y estar alerta, de estar consciente de todo lo que está en tu entorno, así como a trabajar en pareja, realizar juegos, origami, globomanía, etcétera”, continúa especificando Romero antes de que Tovar no dude en celebrar la gran variedad de perfiles de quienes asistieron en aquel primer taller.

“Felizmente nos encontramos con médicos, enfermeras, secretarias, estudiantes de bachillerato o de los primeros años de Medicina y Psicología, personas que trabajan con medicina alternativa, cuentacuentos... Es decir, hubo una gran diversidad y eso
fue muy rico porque cada quien aportó algo”.

Lo cierto es que Doctor Yaso ha dado varios pasos certeros desde su nacimiento; como haber sido reconocido con un premio del Concurso Ideas 2006 en la categoría de Emprendimiento Social, al presentar su proyecto como asociación sin fines de lucro y auto sustentable.

Sobre eso no se olvidan de hablar sus responsables, pues si bien comenzaron a hacer este trabajo de manera completamente voluntaria, aclaran que tuvieron que buscar una fórmula para que —precisamente— el proyecto continúe dando sus frutos con la presentación de los clowns en hospitales sin que a éstos les represente costo alguno. Para ello se sirven de la contribución de empresas, instituciones y particulares, quienes colaboran en la medida de sus posibilidades con insumos puntuales o recursos económicos.

mespinosa@eluniversal.com

Dr. “Parche” en suelo criollo

El doctor Hunter Adams, el auténtico “Patch Adams” interpretado
en la gran pantalla por Robin Williams a finales de los noventa, está
en Venezuela, sí, aunque en apenas siete días estará tomando nuevamente vuelo para continuar su camino, recorriendo mundo
con su nariz de goma, el mejor pasaporte que ha encontrado para llevar su mensaje.

Llegó aquí de la mano de la organización social Global Exchange no
sólo para ofrecer una conferencia vestido de manera estrafalaria y echando al viento burbujas de jabón, sino, sobre todo, para arrancarle carcajadas a los niños de los diferentes hospitales de Caracas, con el objetivo preciso de demostrar que su teoría según la cual “el rol de un payaso y un médico es el mismo: elevar las probabilidades (de sanar)
y reducir el sufrimiento”, es cosa seria.

Se le conoce, pues, como el médico que cura con la risa, y bajo la premisa de que el humor es la mejor terapia para superar enfermedades, fundó en 1970 el Gesundheit Institute, en Arlington, Virginia. Desde allí desarrolla un programa de medicina humanitaria que ha intentado propagar por todo el planeta a través de charlas y llevando consigo a jóvenes médicos que además se han convertido en payasos, haciéndose eco de lo que plantea este peculiar Dr. Parche:
¡Reír es vivir!

El poder de la risa

Cinco minutos de una buena risa a carcajadas
equivalen a 45 minutos de ejercicio.
Las risas verdaderas, explosivas, hacen mover
400 músculos en todo el cuerpo,
activan el sistema inmunológico y oxigenan los tejidos.
Desde que se nace y hasta los seis años de edad una persona se ríe alrededor de 300 veces diarias. Ya adultos, los más risueños alcanzan 100 risas al día y los menos alegres apenas llegan a 15.
Quienes ríen poco o carecen de sentido del humor son más propensos a padecer enfermedades graves como
el cáncer. 

Listas para divertir

Danilée Pacillo. Estudiante
de 5° año de Bachillerato


“El taller fue excelente. Estuvimos dos semanas entrenando con Mondongo (Jorge Parra),
Luna (Lilver Tovar) y los demás, y la primera visita que hicimos a un hospital (el J.M. de Los Ríos) fue una experiencia impresionante. Ves niños muy necesitados y aprendes a valorar
lo que tienes, te engrandece totalmente”.

María Lorena Pinzón. Médico cirujano

“La experiencia en el taller fue maravillosa y me ayudó a ratificar lo que ya como médico he podido comprobar: efectivamente la risa estimula un sistema inmunológico deprimido y por ende ayuda a que el paciente se cure más rápido; pero no sólo lo ayuda a él, sino igualmente a sus padres. Sería algo maravilloso poder hacerlo con más frecuencia”.

Sandra Lezama. Dedicada a las artes

“Con este taller tuvimos la oportunidad de jugar, de olvidarnos que somos adultos, y explorar nuestro niño interior. Fue una terapia de risa espectacular y, al mismo tiempo, las personas
que lo dictaron supieron transmitirnos con una alta sensibilidad, y con una energía libre de paradigmas, cuál es el objetivo de todo esto, es decir, ayudar”.

 

Coordenadas

Para mayor información sobre cómo colaborar con Doctor Yaso o beneficiarse de sus
talleres o visitas, pueden contactar a los responsable del proyecto por las siguientes vías: www.doctoryaso.com; email doctoryaso@yahoo.com; o por los teléfonos: 576.6426,
0414-127.3446, 0414-237.4717

 

Fuentes consultadas

www.patchadams.org
www.myhero.com
www.consumer.es
www.mipunto.com

 

Ver también en Encuentros:
- Albi De Abreu Menos es más
- Erase una vez un imperio

- De profesión: payasos de hospital

 
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