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revista Estampas
 

Juego madera

Generalmente llegan a esto por azar, pero cuando llegan se quedan. Son nuestros jugueteros artesanos, quienes no dejan de sorprender tanto a niños como a adultos con sus hermosas piezas que invitan al disfrute, a la imaginación, a la vida… Conozca aquí a algunos de estos hacedores. Conozca sobre el arte de jugar y propiciar que otros también lo hagan.

María Elisa Espinosa / Fotos Natalia Brand

Asistentes de fotografía: Raúl Carrillo y Anita Carli

Mario Calderón
Tendedor de puentes


¿Quién no lo ha escuchado mencionar al menos una vez en la vida cuando de juguetes se habla? ¿Cómo no reconocer sus carruseles, sus músicos, sus malabaristas y sus
submarinos amarillos? Mario Calderón ya es una marca registrada en Venezuela, aunque
no se malentienda lo que aquí se dice: en
realidad, las piezas de este músico y
juguetero, radicado en Mérida, terminan
siendo únicas para quien tiene la dicha de contar con ellas; pues en eso consiste
—o debería consistir— un juguete artesanal,
a diferencia de aquellos que se hacen uno detrás de otro y gracias al soporte de la gran industria. En ese quehacer a mano, cuidando cada detalle y creando historias que no se repitan demasiado, coincide Calderón con sus colegas, algunos de ellos sus propios maestros y muchos otros sus pupilos y seguidores. A propósito de esto, asegura no estar preocupado por el hecho de que en los últimos años le haya surgido competencia: “Siento que hay gente muy buena y muy importante en este noble oficio de hacer juguetes. Lo que sí podría decir es que yo serví de puente para abrir el espacio al juguete, para que fuera visto más allá de un objeto para entretener a un niño”. Inevitable, entonces, contar cómo fue que salieron los primeros maderos para armar ese camino hacia la reivindicación de la creatividad que se genera en el taller de un artesano, o cómo fue que las circunstancias llevaron a Mario Calderón a convertirse en una versión criolla de Gepetto. “Yo tengo cerca de 25 años en esto, pero en el momento en que decidí ponerme a hacer juguetes no tenía ni idea de que iba a ser un hacedor de juguetes. Todo surgió a raíz de Pilar Cabrera, una pareja que tuve, con quien conocí en Rubio la tienda de Elisa Ostos, que resultó ser una mina de juguetes. Nos hicimos asiduos visitantes de esa tienda y en uno de esos viajes Pilar me planteó que nos pusiéramos a hacer juguetes de madera. Así empezamos, pero poco después ella muere en un accidente. Tras eso, decido que en lugar de llorarla, mejor era tratar de construir eso que habíamos soñado, y es cuando decido convertirme en un hacedor de juguetes”. Así nació en 1990 el proyecto Juguetes del Pilar, que hoy se resume en su taller de confección de piezas artesanales, pero asimismo en La casa del juguete (con una exposición permanente de más de dos mil objetos que datan de 1890 hasta estos días), a lo que eventualmente se le unirá un taller-escuela como otro de los sueños que Calderón quisiera ver materializado algún día en su vida. Ahora bien, lejos de lo que algunos pudieran pensar sobre la posición que este juguetero tiene con respecto a las piezas en serie surgidas de una moderna máquina, el artesano expone un muy particular punto de vista: “Creo que cuando cualquier persona recibe un juguete o cualquier regalo y ocurre el efecto sorpresa, entonces está cumplida la meta del objeto. Por eso yo no tengo ningún prurito con respecto al juguete industrial ni con la computadora. Nada de eso, creo que lo importante en este oficio es crear”. Claro que nadie negará la enorme satisfacción que pudo representar para este juguetero el día que supo que un pequeño había elegido para su lista del Niño Jesús una pieza nacida en su taller. “Puedo asegurar que esa es una de las experiencias más sublimes que he tenido como hacedor de juguetes”. 

Foto: Cortesía Mario Calderón

 

 

 

 

 

 

 

Coordenadas
La casa del juguete está ubicada en la calle 13, entre
avenidas 3 y 4, N° 3-81, ciudad de Mérida; pero además su piezas también se pueden encontrar en La calle mayor del Mercado Principal de Mérida, así como en las tiendas de algunos museos y galerías de Caracas.
Teléfono: 0274-511.1242
Página web: www.mariocalderon.com

Jean Pierre Le Corvec
Autodidacta y juguetón


La mejor prueba de calidad a la que se pueden someter las piezas elaboradas por este francés entregado a los parajes de Tovar, es pasar por sus propias manos y por las de los niños. “Yo juego con ellos, hago que participen, que jueguen con las perinolas, con los trompos, con cualquier cosa, y luego veo que salen súper contentos”, cuenta el artesano con un acento galo que no desaparece a pesar de que se reconoce hoy como un merideño de pura cepa. “Es que llegué muy joven para acá”, explica por teléfono poco antes de viajar a la Colonia Tovar, estado Aragua, donde expuso el mes pasado parte de su trabajo, junto a otros hacedores de juguetes del país que también asistieron como invitados especiales al Festival Internacional de Música de ese pintoresco pueblo. Le Corvec comenzó en este oficio hace más de 20 años y lo aprendió por su propia cuenta. “Es decir, soy un autodidacta”. Y de los buenos, valga aclarar. De hecho, es considerado (junto a Humberto y Gustavo Rivas, del Taller de marionetas de Los Andes) uno de los maestros de otros tantos que a nivel nacional se han organizado en la Asociación de Jugueteros Artesanos. Su trabajo, no solamente se orienta a los juguetes tradicionales; además, está su serie de animales venezolanos y otra con juegos de mesa para adultos. Todos se diferencian, eso sí, de los objetos industriales a los que Le Corvec denomina “de otro mundo”. Pues el suyo sigue siendo aquel que lo remonta a una infancia feliz. “A fin de cuentas, el juguetero es un adulto que se quedó niño y vive en la nostalgia”.

Coordenadas
Tovar, Estado Mérida. Teléfono: 0275-873.4058
E-mail:atelier_Jean_Pierre@yahoo.com.es

Myriam Sosa
En millares, jamás


Nada más distante a las intenciones de esta artesana que convertirse en una industrial del juguete de madera. “Para nosotros la meta no es cumplir con un compromiso de dos mil piezas; de hecho, si nos lo piden, tenemos necesariamente que decir que no”. Periodista de profesión y juguetera por pasión, Myriam Sosa se cuenta entre las mujeres venezolanas que también han querido volcar su sensibilidad sobre un trozo de madera. Con la más pura destreza lo corta, lo tornea
y lo pinta para transformarlo en una muñeca que se divide en pedazos, en un caballito que se mece, en un rompecabezas con el que el niño aprende mucho más de lo que un adulto pueda imaginar.

“El trabajo de cada uno de nosotros es diferente; es decir, el juguete de madera
como tal, exceptuando los tradicionales como el trompo, el yoyo, la perinola y el gurrufío, son cosas que cada uno hace a su estilo, luego de investigar, de ver qué hacen los otros. Yo, por ejemplo, tengo una serie de rompecabezas que representan las tradiciones venezolanas y esa es la línea en la que generalmente me manejo”.
Utiliza para ello no sólo madera sino pinturas que no sean tóxicas, así como guarda especial cuidado en el acabado de las piezas, considerando —¡cómo olvidarlo!— que serán utilizadas por los más pequeños de la casa. Aunque claro que no faltará quien las quiera colocar en una vitrina, pues además de divertidos, los juguetes artesanales siempre son hermosos.   

Coordenadas
Taller Cositas de madera, El Paraíso, Caracas
Teléfono: 0416-801.2109
E-mail: cositasdemadera@hotmail.com

Mario Colombo
Lo viejo se hace nuevo


Argentino de nacimiento y merideño de vocación. Pero, además, el menor de los hermanos de una familia amplia, por lo que no le quedó otro remedio que criarse con los juguetes de madera y los osos de peluche rellenos con aserrín heredados de sus hermanos. Esta, precisamente, es la razón por la cual los juguetes de Mario Colombo son como son: “Así como viejitos”. “Me imagino que a la gente le llaman la atención porque no son hechos en serie y con muy poca maquinaria; casi todo es hecho a mano, tallado. Entonces, nada es idéntico, por más que sea el mismo modelo”. A todo esto se le agrega una acotación del también escultor y pintor de brocha fina: “Más que para jugar-jugar, mis trabajos son objetos lúdicos que traen recuerdos. Quizás por eso es que, principalmente, mis clientes sean gente mayor, aunque los comencé a hacer para mis hijos cuando nacieron”. Los niños, en todo caso, se manifiestan sorprendidos con los modelos de sus carros, pues son, definitivamente, modelos antiguos. “Ellos se emocionan, es verdad, pero les parecen cosas raras; los más pequeños quieren ver si los carros ruedan y las niñas si a las muñecas se les mueven los brazos”. La anécdota a propósito de todo esto no falla: “Los chamos suelen reírse mucho cuando ven que los pilotos de mis carros son de los años 20: con el gorrito de cuero pegado, con los bigotones, con las bufanditas... Y entonces un día se me acercó uno y me dijo: ‘¡Coye!, este no parece Schumacher!’. Y es que efectivamente no lo era. ¿Cómo podía serlo?”.

Coordenadas
Tienda Trasnocho Acto Cultural, Paseo Las Mercedes, Caracas.
Teléfonos: 0274-266.3243 y 0414-748.8980

Enrique Capablanca
Arquitecto de lo lúdico



La “pura afición” lo colocó de pronto, aunque muy seriamente, en el taller donde hoy pone a volar los sueños de miles de niños, ¡y de adultos también!
Este arquitecto y escultor, nacido en Cuba aunque adoptado por Venezuela, no puede sino hablar bien del arte de hacer juguetes, un oficio que desde hace
un tiempo ocupa buena parte de su vida y la de su esposa, la psicóloga infantil Haydée Logreira, con quien comparte no sólo casa, familia y gastos domésticos: además está el gusto de ver a otros maravillarse por una pieza llena de color y movimiento. “Aprendí parcialmente de manera autodidacta, porque igual ya contaba con una formación académica de escultor y de tecnología de la madera (doy clases de eso en la Universidad José María Vargas), pero definitivamente esto se aprende haciendo”, no repara en aclarar Enrique Capablanca, tan responsable del proyecto de recuperación del Teatro Municipal de Caracas como de los caballos alados que se ven cada año en la Feria de Navidad del Ateneo de Caracas. Al igual que el resto de los artesanos jugueteros que se han organizado en el país, es un defensor del carácter único de cada pieza, aunque reconoce que los procedimientos que se usan en estos días no descartan la maquinaria eléctrica como herramienta fundamental. “Es decir, no trabajamos con las manos para tallar, pero sí pintamos a mano y los diseños son todos nuestros, aunque claro que también hay que tener en cuenta que los diseños de juguetes se parecen en el mundo entero. ¡Ya a estas alturas nadie inventa!”, sugiere con una carcajada y sin complejos el arquitecto antes de ofrecer una frase a prueba de tachaduras: “Los jugueteros como nosotros mantenemos el espíritu del artesano”. Eso es, ciertamente, lo que los define, aunque igualmente la orientación que cada uno le da a su trabajo: “En nuestro caso, además de dedicarnos a hacer juguetes para bebés y niños pequeños, también hacemos determinados juegos para niños mayores, como el tangram (rompecabeza chino), casas de muñeca, objetos ornamentales y repisas”. Capablanca, sin embargo, y coincidiendo con algunos de sus colegas, no está reñido con el juguete industrial:
“El niño tiene una capacidad enorme para jugar con distintas cosas. Ni el juguete de madera puede sustituir al industrial, ni el industrial al de madera; creo que son dos cosas que marchan parejas: el niño tiene una atención muy variada, puede mirar hacia una cosa y después hacia otra. ¡Y lo bueno de esto es que puede usar todo!”.  

Coordenadas
Taller Capa, Las Palmas, Caracas
Teléfonos: 0212 782.9796 y 0416-812.1472
E-mail:ecapablanca@hotmail.com

Moy Rondón
Ecología que divierte


No fue ella quien empezó, pero como fiel seguidora de los pasos dados por su esposo, esta mujer dedicada hasta entonces a la investigación de mercado terminó convertida en una artesana juguetera pero, además, gran defensora de la fauna venezolana a través, precisamente, de sus bien reconocidos rompecabezas de animales silvestres. “Comenzamos como un hobby cuando Fritz hizo un curso de carpintería y se inclinó por los juguetes con una propuesta ecológica para que los niños se interrelacionaran con la fauna, ampliándolo luego a una línea completamente didáctica que se enfocaba sobre todo en la región de Guayana, que es donde vivimos ahora”, explica la artesana que encontró en esto una manera de vivir y promover la preservación de los animales silvestres al mismo tiempo. “Pensamos que nuestro trabajo no iba a ser completo si no apoyábamos alguna organización de rescate de fauna, por eso comenzamos a ayudar a la Asociación de Rescate de Fauna Silvestre en el estado Cojedes, pues con la venta de nuestros juguetes hacemos un pequeño aporte que se utiliza para comprar las semillas de las aves que están reinsertando a su hábitat natural”. Aunque la conciencia ecológica no queda allí: cada pieza que confeccionan en el Taller Kerepacupai Merú (Salto Angel en idioma pemón) tiene en su reverso una breve información sobre el animal que representa. Así que es muy fácil aprender de la tonina, por ejemplo, o de las tortugas arrau y los sapitos mineros, mientras se arma un rompecabeza. Lo otro de lo cual se enorgullece Rondón es el hecho de utilizar, estrictamente, madera de bosques sembrados. “Es decir, no es que vamos a tumbar un árbol para hacer un juguete; nosotros trabajamos con pino caribe, puesto que hay miles de hectáreas sembradas”. Dicho esto, quedará claro que también emplean pinturas ecológicas, “puesto que nuestro trabajo lleva un mensaje implícito: el rescate de la fauna”, se encarga de reiterar la artesana antes de fijar posición con respecto a los juguetes industriales. “El niño tiene que jugar, y lo que pasa es que ese tipo de juguetes ayudan a que los niños hagan lo menos posible, piensen lo menos posible; ya hablan por ellos, ya no es como la muñeca de trapo que la agarrabas y le dabas vida... No, ya las muñecas hablan, te echan cuentos, caminan... Es decir, no dejan que el niño desarrolle la motricidad como tal, no dejan que el niño piense, que el niño represente; le están coartando demasiadas cosas. Dígame los juegos de video, lo único que ellos hacen es mover el dedo. Ya no trepan, ya no corren, ya no juegan metras, ya no juegan trompo... Es un problema sumamente grave y no entiendo por qué la gente no se ha dado cuenta de lo que está haciendo con sus hijos”.
l

mespinosa@eluniversal.com

Coordenadas

Taller Kerepacupai Merú, Ciudad Bolívar.
Teléfonos: 0285-671.0841 y 0416-787.3571. Pero además las piezas se pueden
conseguir en la tienda del MBA, en Los Roques, en la tienda Acuario de Puerto La Cruz
y en Canaima

 

 

 

 

 

 

 

 



Ver también en Encuentros:
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