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Con estilo victoriano

El arsénico una vez fue el método preferido para deshacerse de un marido no deseado. Max Haines

El doctor Carter lo dijo claramente: la enfermedad de James se debía a un regalito presente en el estómago.

¿Ella lo hizo o no? Esa es la pregunta.

La dama de nuestro rompecabezas tan civilizado es Florence Elizabeth Chandler Maybrick de Mobile, nativa de Alabama. Flo tenía 18 años de edad cuando conoció a James Maybrick, de 42, en el elegante barco Báltico. Ella estaba navegando hacia Europa para visitar el continente, mientras que él regresaba a Inglaterra de un viaje de negocios en Estados Unidos. James era un empresario algodonero y a menudo viajaba al extranjero. Flo y James se enamoraron y se casaron en Londres el 27 de junio de 1881.

Para 1886 los Maybrick estaban instalados permanentemente en Liverpool, Inglaterra, en una mansión de 20 habitaciones con cinco criados. Tenían dos niños: un hijo llamado James y una hija llamada Gladys.

Las apariencias pueden engañar. Para su círculo social, los Maybrick eran una familia próspera que vivía con todos los lujos que la Inglaterra victoriana les permitía tener. La verdad era diferente.

James era un hipocondríaco que tragaba píldoras y pociones como otra gente come maní. Su afinidad por las medicinas de todo tipo se inició cuando contrajo malaria, mientras se encontraba en un viaje de negocios en Virginia. Un doctor prescribió arsénico. Mucho después, cuando ya se encontraba bien, Maybrick continuó tomando arsénico diariamente. Acompañado de otras medicinas que consumía, su estómago era una zona de química desastrosa.

Aunque los Maybrick mantenían todas las apariencias de riqueza, en realidad el negocio de James producía apenas lo suficiente para sobrevivir. Flo llevaba la gran casa con un presupuesto muy estricto. Por si fuera poco ser un hipocondríaco tacaño, James tenía una amante escondida. Flo se enteró de la existencia de la dama poco después de tener a la hija pequeña, Gladys.

Por eso Flo era tan susceptible a los encantos del joven Alfred Brierley, un atractivo muchacho que conoció inocentemente cuando él le pidió un baile en su propia casa. Nunca fue probado cuánto tiempo llevaban juntos Al y Flo, pero seguro más de dos días, suficiente como para situar a Flo a la sombra de la horca.

El 22 de marzo de 1889, Flo telegrafió al hotel Flatman de Londres, a fin de reservar una habitación doble, adecuada para el señor y la señora Maybrick. Al y Flo pasaron dos noches en el Flatman. Ella le dijo a James que iba a visitar a una tía enferma.

Las cosas no le fueron muy bien a Flo. Hay evidencia de que Al, tras tomar parte de los obvios encantos de Flo, le dijo a su amante que él tenía otra damisela en la manga, por así decirlo. Nunca consideraría casarse con Flo. A pesar de ello, la pareja siguió viéndose durante abril y mayo.

Los Maybrick tomaron parte en la Gran Carrera Nacional de Aintree, como hubiera hecho cualquier pareja de clase media inglesa. En ese momento James ya tenía graves sospechas sobre lo de su mujer y Al. Cuando los vio cara a cara en las carreras, gritó furiosamente a su mujer. Unos pocos días después le puso un ojo morado a Flo.

El sábado 27 de abril, James se quejó de un dolor de estómago. También le dolían sus miembros y vomitó, pero no se sintió lo suficientemente mal como para no ir a las carreras de Cheshire. Ese día llovió en la pista y James regresó con un resfriado muy feo. Al día siguiente estaba tan enfermo que llamaron al doctor de la familia, Richard Humphries.

El doctor Humphries sabía muy bien de la adicción de James con el arsénico y que de vez en cuando se metía un viaje de estricnina. Flo le había contado previamente a su doctor el hábito de su marido de echar una cucharadita del polvo blanco a su té. El especialista examinó a James y le diagnosticó su problema como una dispepsia crónica.

Al día siguiente, James se sintió mejor. Entonces, Flo salió y compró un par de docenas de papeles extra. Durante los siguientes días, James alternaba una jornada horrorosa con otra en la que se sentía mejor. El doctor Humphries se encontraba sorprendido por el empeoramiento de la situación de James. El médico contrató a una enfermera y buscó una segunda opinión. El doctor Carter hizo el mismo diagnóstico que su colega, pero lo dijo claramente: “la condición de James se debía a una presencia irritante en su estómago”.

El 8 de mayo, Flo cometió su gran error cuando escribió a Al refiriéndose a él como “Queridísimo”. Evidentemente, Al había escrito a Flo diciéndole que se iba de Inglaterra. Ella le imploró que se vieran una vez más antes de su partida. De paso, ella mencionó que su esposo James estaba “enfermo de muerte”.

Entrando en nuestra complicada trama está la enfermera Alice Yapp. Flo le dio a Alice la carta para que la enviara por correo a Al. La señorita Yapp, quien había escuchado a los criados cotilleando sobre el papel remojado, se sintió obligada a leer la carta de Flo. La compulsiva Yapp le mostró la misiva al hermano de James, Edwin, quien telegrafió a otro hermano, Michael, en Londres, para que viniera a Liverpool. Estaban pasando cosas extrañas.

Con la llegada de Michael, Flo se convirtió en una prisionera virtual en su propia casa. La observaban constantemente y no se le permitía atender a su marido. El 10 de mayo, se produjeron varios incidentes en el tenso hogar. Michael Maybrick vio a Flo echar una medicina de un frasco a otro. El le dijo: “Florrie, ¿cómo te atreves a manipular de esa forma la medicina?”. Más tarde, esa misma noche, una enfermera escuchó al casi delirante James decirle a su mujer: “Gatita, ¿cómo lo pudiste hacer? No pensé que tú pudieras hacer algo así”. Flo respondió: “Viejo tonto, no te preocupes con esas cosas”.

El 11 de mayo, Flo casi colapsó, escribió al doctor A.R. Hopper para pedirle ayuda. Le interrogó: “Porque pequé una vez, ¿debo siempre ser mal juzgada?”. Entonces Florence colapsó, cayendo en coma de la que no salió durante 24 horas.

El desconsiderado de James decidió abandonar este mundo mortal en ese mismo período de tiempo.

Hermanos y allegados aprovecharon la enfermedad de Flo para registrar la casa en busca de alguna evidencia incriminatoria. Encontraron todo tipo de evidencias. Había una carta de Al para Flo, un paquete sellado, etiquetado con arsénico. También, veneno para los gatos y otros frascos que contenían arsénico. En total, se encontró suficiente arsénico en la casa de los Maybrick como para deshacerse de 50 cuerpos adultos.

Flo aún se encontraba en la cama cuando los detectives la transfirieron al hospital de la penitenciaría de Walton, en Liverpool, y la acusaron del asesinato de su esposo. Una autopsia indicó que en el cuerpo de James había suficiente arsénico como para matarlo si lo hubiera tomado de una sola vez.

El 31 de julio, 1889, Florence Maybrick se presentó al juicio por el asesinato de su marido. Flo fue declarada culpable después que el jurado deliberara sólo 38 minutos. Se le sentenció a la horca.

Sólo después del juicio surgió un movimiento para salvar la vida de la mujer convicta. El esfuerzo sirvió para cambiar la sentencia de Flo a cadena perpetua.

A pesar de los esfuerzos de dos presidentes estadounidenses, Cleveland y McKinley, Flo pasó 15 largos años en la cárcel antes de ser liberada. Volvió a Estados Unidos y durante unos cuantos años se le trató como a una celebridad. Con el tiempo, la belleza de Alabama, de mediana edad, desapareció en la oscuridad. Vivió su vida como una reclusa, sola con sus gatos hasta el día de su muerte en 1941, en el pueblo de South Kent, Connecticut. Tenía 76 años de edad. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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