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El director Losé Ramón Novoa (derecha) y su "Don", Laureano Olivarez

Un padrino
a lo latinoamericano

El autor de Sicario y Huelepega,
José Ramón Novoa, vuelve el próximo noviembre a la gran pantalla con
El Don
, una película donde se narra
el auge y caída de un capo del narcotráfico. El cineasta venezolano asegura haber logrado su mejor obra, de la que sólo aguarda la respuesta del público que nunca le ha sido desfavorable.
Raúl Chacón Soto. Fotos: Natalia Brand

Cuenta Jose Ramon Novoa que la idea de narrar la historia de un “padrino” latinoamericano le rondaba en la cabeza desde que terminó Sicario, allá por 1994. En ese entonces, no había festival por donde apareciese con su película bajo el brazo en el que no se le preguntara cuál iba a ser su próximo proyecto. Los periodistas también indagaban sobre los planes del actor principal de la impactante historia del jovencito que mataba a sueldo. Querían saber si Laureano Olivarez —que así se llama el intérprete—, continuaría en el cine, si no iba a terminar como el pequeñín que personificó a Peixote en el film brasileño del mismo nombre, quien, como todos saben, acabaría asesinado en una de esas violentas calles de un barrio de Río de Janeiro. Sí, desde esos lejanos días Novoa tenía claro el deseo de contar cómo se gesta un poderoso narcotraficante. Ahora, casi diez años después, su intención se ha vuelto película, y, justamente, con aquel joven que debutara de su mano otra vez como protagonista, en una jugada del destino que poco debe a la casualidad, como el propio cineasta dirá más adelante.

“No puedo dejar de reconocer que El Padrino, de (Francis) Coppola, era una película que me impactó mucho en su momento. Me pareció que era una excelente forma de narrar un período, de contar una época; y, a través de un personaje, de desnudar toda una realidad como la de la mafia italiana en Estados Unidos”. Con semejante motivación, Novoa y su equipo —una manera figurada de hablar de su esposa, la también cineasta Elia Schneider— empezaron a hacer una investigación que les llevó mucho años —revisaron periódicos, libros, documentales— con el único fin de encontrarle respuesta a la pregunta que se habían planteado: ¿Qué es, en esencia, un “padrino” latinoamericano?

Como era de esperarse, fueron muchos los caminos andados y desandados. Una primera historia, escrita a cuatro manos por la pareja, sirvió de base para lo que luego sería el guión, que finalmente tomaría cuerpo con el trabajo de Henry Herrera. Podría decirse que está basado en hechos reales, pues todos los elementos lo son, sólo que, a diferencia de la película, no todos ocurrieron en la vida de una misma persona. Así que un poco de Pablo Escobar aparece en la historia, así como también de Fabio Ochoa, de Carlos Leder y hasta de narcotraficantes venezolanos. “La idea que más nos interesaba era la de un joven que, viviendo en situación de extrema pobreza, puede llegar a ser un hombre tan poderoso. ¿Qué sucede con la mayoría de los personajes que tomamos como ejemplo? Que lo lograron rompiendo las reglas establecidas por la sociedad, la misma que les impedía llegar a ser alguien (por otro camino). Así que estableciendo otras reglas de juego lograron transformarse en hombres poderosos y ser respetados al punto de ser llamados ‘don’, que es una muestra de respeto o de reconocimiento”.

Pero interés también tuvo, tanto para el guionista como para el director, la dualidad que acompaña a estos personajes, quienes por un lado son autores de los más terribles crímenes, mientras que, por el otro, se revelan como seres capaces de actos nobles y generosos. “Queríamos hacer el fresco de una realidad tanto hacia el exterior —el personaje relacionado con el entorno—, como hacia el interior; es decir, él en sus relaciones familiares, sus afectos. Queríamos mostrar cómo el personaje puede ser, por momentos, tan tremendamente extremo, tan radical, tan dolorosamente insensible; y, por otro lado, noble, querido, capaz de dar afecto e, incluso, de dar su vida por los que quiere. Hemos visto en América Latina varios ejemplos de personajes que han tenido este tipo de comportamiento; que han sido queridos por una parte de su pueblo y que, también, son implacables con el enemigo. Eso nos interesaba mucho”.

Muchas emociones
No cuesta mucho entender por qué Elia Schneider vio en él las cualidades necesarias para interpretar al “don”, pues aquello de callado, observador y misterioso que requería el personaje, salta a la vista al tener a Laureano Olivarez frente a frente. Pero no hay que ser injustos con el actor. Al rato de empezada la conversación también apareció la cara más amigable y, con ella, las risas y hasta cierta ingenuidad en las respuestas que terminaban por ganarse simpatía. “El día que (Novoa) me dijo: ‘bueno, Laureanín, ahora eres Antonio Caicedo’, me puse a llorar, me emocioné. Luego agregó: ‘es una gran responsabilidad, es un trabajo que tengo desde hace 12 años en mente y no es por casualidad que hemos decidido que seas nuestro actor otra vez, te lo ganaste’”. Lo más difícil para Laureano, aparte del esfuerzo de concentración que significó el hecho de que la película se filmara “de atrás para adelante” —lo que quiere decir que al principio resolvió las escenas del “don” mayor, para finalizar con las de Antonio Caicedo jovencito— fue el lograr ser convincente como un hombre poderoso que rige el destino de muchas personas. “Eso me costaba mucho... ser jefe de 200 personas, tener que mover cantidades exorbitantes de dinero. Yo decía: ¡guao!.. esto es para mí, Laureano Olivarez, increíble... porque yo soy un chamo de clase media, todo el mundo profesional, pero... Hacer que eso se viera creíble es duro”. Antonio Caicedo es
el cuarto personaje protagónico en la carrera de Olivarez—pronto aparecerá en el film Cielo Despejado, de Mariana Rondón, que se encuentra en postproducción—. Recientemente también participó en El Caracazo, de Román Chalbaud, y se prepara para interpretar un personaje en el corto de un debutante, Luis Rahamut, que se llamará Un gallo y un corral. Entre sus nuevos proyectos figuran lo próximo de Elia Schneider, Desautorizado, y también uno de los nuevos trabajos de Novoa, que llevará por título Solo. Egresado de la César Rengifo como director, en el futuro se ve como realizador; de hecho, ya está escribiendo una película acerca de las malas amistades, y hasta tiene en mente una pieza de teatro con tema infantil. También, por supuesto, se ve en el cine de Europa —habla inglés y francés—, uno de sus sueños, dirigido por Alex de la Iglesia o por Almodóvar. “Siempre cine y teatro... cuando ando mucho en zapatos me fastidio, porque uno en teatro siempre tiene los pies en contacto con el piso... Yo me siento bien con todo lo que he hecho. Me río todos los días, soy feliz, eso es lo más importante... ah, y quiero conocer el mundo... ya me hablaron de Bangkok (refiriéndose a la gira promocional de El Don), son muchas emociones”.

Un don precoz
Un tercer aspecto que terminó por ser determinante en la película y que, a juzgar por la trayectoria del cineasta, era quizás inevitable, es que la historia se centra en un “don” bastante joven, un hombre poderoso que llega a la cúspide del poder cuando apenas tiene 33 ó 34 años, personaje al que se le sigue la pista desde que es un niño de unos 11 ó 12 años. En otras palabras, toda una vida vivida en poco más de dos décadas, reflejo inequívoco de la realidad de estos países, donde todo se hace de prisa, pues no hay nada que perder y a veces la vida no vale mucho, no se sabe cuánto va a durar. “A diferencia de lo que podía ser un padrino europeo o estadounidense, quien por lo general llega a tener el control al alcanzar cierta edad, en nuestro continente el poder se alcanza pronto... las vidas son mucho más cortas, mucho más intensas, los jóvenes llegan a una madurez a una temprana edad. Eso me gustaba verlo en este personaje”.

No es de extrañar que el “don” de Novoa haya terminado por ser un hombre joven. Después de todo, como él mismo dice, esa es la realidad en América Latina; además, basta echar un vistazo a sus títulos anteriores para confirmar lo que, incluso, algunos seguidores de su obra —y la de su esposa, pues conforman una dupla creativa— han sostenido, y es que, como creadores, casi siempre han tenido a la infancia y a la juventud como motivos de sus películas. Algunos hasta han llegado a afirmar que tres de sus piezas anteriores, Sicario, Huelepega y Garimpeiros, conforman una trilogía dedicada al tema. “Es verdad, nunca nos planteamos que fuera así, pero creo que mirando atrás podemos ver que hay una visión de tres situaciones diferentes del joven: la del sicario, la de los niños huelepega en las calles de Caracas y la de los jovencitos que trabajan en las minas. Intuitivamente se dio así; y, en ese sentido, también Punto y raya es una película de jóvenes. En El Don sucede lo mismo. A mí no me interesaba un “don” de 50 años; además, no es real. Según la investigación que hemos hecho, son personajes que no han vivido más de 35 ó 40 años y que han hecho su carrera antes de eso”.

1) Joel Novoa, quien ya ha debutado como realizador, asistió en la dirección a su padre
2) La mayoría de las escenas fueron rodadas en Caracas y sus alrededores
3) Edgar Ramírez interpreta al primo de Antonio Caicedo
4) Lo más difícil para Laureano Olivarez fue hacer creíble que era un hombre con inmenso poder
5) Maricarmen Pedraza interpreta a la esposa del protagonista
6) El actor colombiano Juan David Restrepo (La virgen de los sicarios) tiene un papel importante en el film como guardaespaldas del capo
De Origen Noble
De cómo Antonio Caicedo llegó a transformarse en un poderoso capo del narcotráfico es de lo que trata esta película. La producción, como era de esperarse, es de las grandes, sólo que el realizador prefiere no hablar de sumas de dinero, pues mucho trabajo se hizo, como suele ocurrir en el cine venezolano, por irrisorios sueldos, para no decir gratis. A pesar de ello, la inversión, según Novoa, sería equiparable a la de cualquier otro proyecto internacional. No faltan helicópteros, barcos, aviones, animales... así que es fácil imaginarse las dimensiones. Además, estaba un aspecto que complicaba el rodaje, y es que en la trama transcurren 20 años de la vida del protagonista, lo que implicaba prestar suma atención a los detalles que definían cada época... Afortunadamente se contó con los aportes de la coproducción, en este caso, de España y Chile. La acción, para sorpresa de no pocos, transcurre íntegramente en Venezuela —se nombra a Valencia y se habla de la frontera, por supuesto—. La película fue filmada el año pasado en sólo siete semanas —lo que implicó un esfuerzo extra— en Caracas y sus alrededores. Una idea de la magnitud del proyecto la da el siguiente dato: alrededor de 150 personas laboraban permanentemente en el set... palabras mayores. Novoa volvió a trabajar con varios de sus más cercanos colaboradores. Además de Henry Herrera y Oscar Pérez, contó, para el montaje, con Daniel García y como directores de arte —importantes por lo ya mencionado— con Daphne Sandrea y Luis Castillo. Un último detalle: la música fue responsabilidad de Víctor y Pablo Escalona.

Satisfecho
Pero no se vaya a pensar que lo del “don” joven se decidió de inmediato. Por el contrario, al principio se pensaba en alguien mayor para interpretar el papel; tanto así que por el casting desfilaron varios de los mejores actores del país: Carlos Cruz, Iván Tamayo, Karl Hoffman... Una observación de Schneider —quien además de productora fue la encargada de la dirección de los ensayos con el elenco— fue determinante para darle el nuevo rostro al papel; que, como ya saben, terminaría siendo el de Laureano Olivarez. Fue ella quien se preguntó qué tal luciría el personaje un poco más joven. “En un principio no sabíamos si iba a ser Laureano. Yo sentí que era una opción en el camino. Yo vi actores que podían hacer el personaje, pero me daban una sensación de regreso que no quería... Laureano se fue afirmando. Estuvo como dos meses probando sin tener la certeza de que iba a ser él. Hasta que tomé la decisión de que iba a ser un ‘padrino’ joven. En el momento cuando se decide que es Laureano, todo se decanta. Se arma el proyecto, porque se determina quién será su mujer, quién será su amigo. Entonces está Maricarmen Pedraza, quien es su noviecita desde niño y termina siendo su esposa; Edgar Ramírez, quien es su primo aunque es como su hermano. También Andreína Blanco —su amor verdadero—, Beatriz Vásquez, Guillermo Suárez, Dad Dáger, Aníbal Grunn y el actor colombiano Juan David Restrepo... un elenco muy interesante que tuvo una preparación previa al rodaje de casi seis meses”. El trabajo con los actores, en el caso de los proyectos de esta pareja de cineastas, es, para decirlo en palabras del propio Novoa, “muy interesante”. Antes de que empiece el rodaje, ya el elenco ha ensayado durante meses, y ha convivido en diferentes situaciones —como los personajes que van a desarrollar—, que no necesariamente corresponden a las escenas que luego filmarán. En otras palabras, los actores salen a la calle, todavía bajo la piel de sus personajes, e interactúan en público, con el propósito de ir construyendo una manera de relacionarse que les resulte genuina, y, también, con la clara intención de compartir experiencias que luego pueden ser determinantes para darle autenticidad a sus interacciones frente a la cámara. Así que antes de rodar la primera escena ya hay todo un trabajo previo de meses.

José Ramón Novoa asegura que El Don
es su obra mejor lograda

Pero, ¿qué vieron en Laureano, aparte de la juventud? “Para mí es importante que el actor tenga un mundo vivido, una experiencia real en la calle, en la familia, entre amigos... Laureano, desde joven, ya tenía una carga interior que fue la razón por la cual lo seleccionamos para que hiciera Sicario... Eso lo desarrolló en Garimpeiros, y aquí mucho más. El lleva la película sobre sus hombros. Interpreta al personaje desde que tenía 17 y hasta que llega a los 34. Era un desafío muy grande para un actor, pero en los trabajos previos fuimos viendo que lo podía hacer. Si no se es injusto con él, se debe reconocer que es uno de los grandes trabajos del cine venezolano”.

La película, como ya se ha dicho, estuvo rondando en la mente de Novoa durante más de diez años. Es un proyecto que ha llevado con cuidado todo ese tiempo. No queda más que preguntarle: ¿Satisfecho? “Estoy muy contento, sí. Esta es la tercera película que hacemos con Laureano de protagonista, y en el grupo se mantienen las mismas cabezas —Oscar Pérez (Fotografía y Cámara), Henry Herrera (Guión)—, eso permite que se toque más profundo en cada proyecto. Creo que esta debería ser la película más acabada nuestra. Sí, estoy muy satisfecho”. l

rchacon@eluniversal.com

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