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Foto: www.ideasstock.com/corbis/Larry Williams/ Zefa



Los expertos en salud mental debaten en la actualidad tanto las definiciones del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad en adultos como sus patrones de diagnóstico y medicación.
Willow Lawson

Usted se distrae en el trabajo, detrás del volante, en la cena con su cónyuge. No puede recordar lo que alguien dijo hace apenas unos minutos después de conversar con esa persona. Se identifica con esos individuos que pierden las llaves a cada rato.

Pareciera que la mitad de la población activa se pregunta si sufre de Trastorno por Déficit de Atención (TDA) o de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Se dice que estos padecimientos no sólo afectan a los niños: los expertos señalan que el déficit de atención también se manifiesta en cerca de entre cuatro y ocho por ciento de los adultos, muchos de los cuales lo sufrieron en su infancia, pero nunca les fue diagnosticado.

Actualmente, los adultos sometidos a estimulación y actividad excesivas acuden masivamente a los médicos con la esperanza de que una pastilla pueda curar un cerebro disperso. Sin embargo, al contrario que los síntomas claramente definidos de la depresión y la esquizofrenia, los síntomas del TDAH son considerablemente más imprecisos. Un diagnóstico es, en gran medida, la interpretación subjetiva de un médico. (Se han detectado patrones característicos en exploraciones cerebrales de pacientes de TDAH, pero pocos doctores los usan para diagnosticar).

El TDAH se puede manifestar en una variedad de formas: inquietud y distracción, deterioro de la memoria a corto plazo, tendencia a expresar pensamientos inadecuados, dificultad al organizar actividades, incapacidad de terminar un proyecto
o concluir el trabajo personal. En pocas palabras, todos los comportamientos que son parte del ser humano en el mundo moderno. Quizás sea por ello que una reciente encuesta de la Kaiser Family Foundation encontró que 20% de los estadounidenses creen que el TDAH es una enfermedad ficticia.

Entonces, ¿en qué punto el comportamiento normal deja de serlo? Para los médicos,
la palabra de moda es deterioro: los síntomas son tan severos que la persona falla en algún aspecto de su vida. Entre los expertos, sin embargo, hay un profundo desacuerdo en cuanto a cuál debería ser el estándar de comparación. ¿Debería compararse un abogado con otros que tienen capacidades cognitivas similares?
¿O se debería comparar un abogado con un empleado de supermercado o un chofer de autobús cuyos trabajos no requieren la misma concentración intelectual?
Algunos investigadores dicen que existe el peligro de crear distintos estándares para distintos estratos de la sociedad.

Ya hay evidencia de que un diagnóstico de déficit de atención depende en gran medida del estatus socioeconómico y del acceso a la atención médica para desórdenes mentales. En Estados Unidos, de los adultos a los que les diagnostican TDAH, 73% son blancos, mientras que sólo 15% son hispanos y 6% negros.

“El TDAH es actualmente un diagnóstico casi exclusivo de gente de clase media”, indica Ronald Kessler, profesor de políticas de atención médica en la Escuela de Medicina de Harvard. Entre los profesionales, “la actitud generalizada es la siguiente, ‘si tengo un problema de concentración que afecta mi trabajo y si es una enfermedad que puedo solucionar, entonces quiero solucionarlo’”, dice Kessler.

Russell Barkley, profesor de psiquiatría de la Universidad Médica de Carolina del
Sur en Charleston, está a favor de una mayor restricción en cuanto al diagnóstico y medicación en los supuestos casos de TDAH. Sostiene que demasiada gente cree
que la inteligencia debería ser equivalente del éxito, cuando en realidad no es más que una medida de la capacidad cognitiva de una persona. “No es un indicador de cuán bien debería marchar su empleo o sus relaciones familiares”, señala.


¨El TDAH se puede manifestar en varias formas:
inquietud, distracción, deterioro de la memoria a
corto plazo e incapacidad de concluir un proyecto¨



El punto de comparación, dice Barkley, debería ser lo que es normal para un adulto promedio y saludable. La gente que realmente sufre de TDAH a menudo tiene aspectos de su vida, tales como trabajo, finanzas o responsabilidades como padre
o madre, que son un completo desastre. “A menos que usted me pueda demostrar
que funciona por debajo de lo normal —no sólo por debajo de su nivel intelectual—,
no tiene ningún desorden”, comenta.

Thomas Brown, director adjunto de la Yale Clinic for Attention and Related Disorders, de Connecticut, y profesor de psiquiatría, señala que sería un error no administrar medicación a una persona cuyo desempeño es alto, pero debe esforzarse para ello. Uno de los pacientes de Brown es un joven que tuvo un promedio de calificaciones muy bajo en su primer semestre en la Duke University, pese a haber obtenido una elevada puntuación en las pruebas de aptitud académica. “No estaba de fiesta”, dice Brown. “Sencillamente no podía organizarse. No podía recordar lo que había leído”. Brown le diagnosticó TDAH cerca de Navidad, le prescribió un estimulante y en el semestre de primavera el promedio de calificaciones del estudiante subió considerablemente. Se podría alegar que si un estudiante no puede estar a la altura
de una universidad, entonces no debería estar allí, indica Brown. “Pero, ¿por qué no tratarlos?”, se pregunta. “¿Le vamos a dar anteojos sólo a gente que está prácticamente ciega?”.

Entre tanto, un mayor número de personas está visitando a su médico para someterse a un despistaje, lo cual es bueno, dice Kessler. Sus estudios muestran que sólo una pequeña fracción de los pacientes de TDAH reciben tratamiento. Por otra parte, un incremento en el número de despistajes de TDAH casi seguramente aumente la cantidad de otros desórdenes graves: cerca de una tercera parte de las personas con TDAH consume drogas, mientras que otra tercera parte sufre de depresión. Los desórdenes de ansiedad suelen acompañar el TDAH, mientras que más de la mitad de la gente de cualquier edad con este trastorno presenta una dificultad de aprendizaje severa. “He atendido a personas que vienen pensando que tienen TDAH, pero en realidad sufrían de una gran depresión”, señala Kessler. l

Fuente: Psychology Today.
Derechos reservados de El Universal.
Traducción: José Peralta


 
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