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De Tuilla a New York

MÓNICA FERNÁNDEZ

28/10/2018 12:00 am



El Norte de España cuenta con un principado, Asturias. Una tierra mágica de guerreros, duendes y hadas. Esa que dio origen a España y donde unos pobres agricultores, llamados asnos salvajes, se rebelaron al mando del Rey Pelayo, quien con la Cruz de la Victoria en la mano, comenzó la llamada reconquista de España despojando a los moros poderosos. Allí nací y de esos ancestros he heredado una visión de la vida que me invita siempre a una y mil batallas.


Ciertas particularidades nos permiten tener una inclinación especial para valorar los logros de quienes nacidos en una tierra noble, en un paraíso natural, nos ha tocado migrar, haciendo de nuestro propio nombre y el de nuestra tierra una inspiración para otros. De esa tierra y orgullo para muchos, en particular para mí: David Villa Sánchez. El futbolista, el goleador. El de las dos Copas de Europa. El del Mundial, el máximo goleador de España. El hombre de una trayectoria de más de 400 goles, con una carrera impecable y una nobleza absoluta que lejos de endiosarlo lo hace humano y cercano. 

Una cosa es hablar de técnicas de futbol y de las proezas que acompañan a tantos goles, y otro saber que detrás de esa poderosa pierna derecha hay un hombre de origen humilde, de un pequeño pueblo, de la cuenca minera asturiana, habitado en su mayoría por trabajadores de la mina, llamado Tuilla. Ser minero, en Asturias era un orgullo. Padres, luego hijos y nietos aspiraban a ingresar a la mina. Asi fue en mi familia, mi abuelo Graciano y luego mi tío. También pudo ser así la de David Villa, pero su empuje lo llevó a un campo de futbol, allí en Tuilla, en la parte más alta del camino que pasa por el pueblo, desde allí se ve el campo, impecable y pulcro de donde salió un guaje, lleno de ilusiones, pero sobre todo un esfuerzo gigante, inspirador, hoy motivador. 



La historia merecerá un libro que la narre los detalles, pues salir de Tuilla y convertirse en el “Rey de New York”, como le dicen, no ha sido una tarea que pueda conquistar cualquiera. Si hay algo diferente a Asturias, y sobre todo a Tuilla, es la gran Manzana. Sus calles, sus rascacielos, sus atolondradas avenidas. Su magia globalizada, sus razas mezcladas, su opulencia, muchas veces su violencia, dista, con mucho, la paz de nuestra tierrina amada. No se compara a ese saludo parco, seco, en buen bable que no pasa de “ne guaje nun vas a xugar hoy” con lucirse exhibido en la gran pantalla del famoso Times Square. 

El Guaje Villa, en asturiano significado de niño, chamo en venezolano. Ese Guaje que lo ata a su gentilicio, que no abandona. No hay un solo triunfo donde no lleve su bandera y la enarbole con ese brillo en los ojos, propio de un hijo de Pelayo. Tres maravillosos hijos y una esposa que conoció allí en su adolescencia, y que le han permitido conformar un hogar que emana valores, principios, unión, sencillez y sobre todo algo perdido en el mundo de los llamados “famosos”: la humildad. 

Su modelo ahora inspira varias academias de futbol que llevan su nombre, pero la primera de ellas habla de su origen: en Llanera, Asturias, esa donde todos los inviernos juega como uno más, y escuchamos a cientos de pequeños gritarle “guaje, guaje”un ejemplo a seguir, un buen amigo, un buen paisano y maravilloso inspirador de lo posible. 

Aunque hoy lo llamen el “Rey de NewYork” para nosotros seguirá siendo el guaje asturiano que motiva, contagia y nos impulsa a que la fama solo sea un tránsito y la humildad una característica que transcienda. Gracias David por ser un vivo ejemplo de que las tierras grandes se conquistan como lo hizo Pelayo.