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Una boda por amor que marcará a la monarquía

La boda entre el Príncipe Harry y Meghan Markle vaticina un antes y un después en la monarquía británica donde soplan vientos de inclusión

imagen: BEN STANSALL | DOMINGO 3 DE JUNIO DE 2018
Después de la boda del príncipe Henry Charles Albert David y la ex actriz Meghan Rachel Markle, convertidos en duques de Sussex, se inicia un nuevo capítulo en la historia de la monarquía británica, tiempos que vienen signados no sólo por las novedades vistas en la ceremonia sino por aspectos de la misma cobertura. La Casa real mostró una capacidad comunicacional nunca vista y fue develando con antelación cada paso de la celebración.

Meghan Markle, la californiana y ex actriz evidenció su independencia y espíritu feminista cuando hizo en solitario parte del recorrido de la nave central de la histórica capilla de San Jorge, hasta llegar al coro donde se encontró  con su suegro, el príncipe Carlos de Inglaterra, heredero de la Corona, quien  al llegar al altar y entregársela a su hijo recibió de éste un nada protocolar "Gracias pa".

Después de un poco más de un año de relación Harry y Meghan decidieron anunciar su compromiso. Unos lo celebraron otros lo criticaron, nuevamente una norteamericana osaba entrar al estricto círculo de la nobleza británica,  como si fuera poco divorciada y mestiza, por lo que no sólo el fantasma de Wallis Simpson reapareció en Buckingham sino también los miedos de que ese amor viniese cargado de la irreverencia propia de los artistas y contaminara el regio protocolo de una corte que tiene sus orígenes en el siglo IX, a lo que se sumaron los obscuros sentimientos racistas.  Como esta vez el trono parece no correr peligro hubo menos resistencia por parte de Isabel II, quien dio el consentimiento a su nieto preferido para bendecir la unión, acto que se celebró en la capilla de San Jorge, que si bien no tiene la monumentalidad de la Abadía de Westmisnter, sus espacios preservan capítulos de la historia. Considerada  la iglesia madre de la orden de la Jarreta,  guarda los restos de los principales miembros de la monarquía desde el rey Enrique VIII a la Reina Madre. Para Harry tiene un significado especial ya que allí fue bautizado.

Un paseo por el reino

Una vez anunciado el compromiso, Meghan comenzó a integrarse a la familia real. Atrás quedaron los jeans rasgados, los escotes pronunciados, su exitoso blog "The Tig", su cuenta de Instagram, que sumaban miles de seguidores,  y su abierto activismo. Sin embargo encontrará en las labores humanitarias que la esperan como duquesa un camino para decantar sus inquietudes sociales. Ha tenido que aprender protocolo, lo que no será una materia muy difícil. Su vestido de novia es un claro ejemplo de ello pues sin faltar a lo establecido ejerció su libertad. El vestido diseñado por Clare Waight Keller conjugaba la elegancia que se espera de una duquesa y la libertad para alguien que cree en las igualdades. La directora creativa  de Givenchy tuvo en sus manos un diseño exigente, que no admitía equivocaciones, como tampoco lo admitirá ahora en adelante la vida en palacio de esta mujer que pisa fuerte y que por primera vez ceñía en su frente una tiara cuajada de brillantes verdaderos y que pertenecen a una reina.

Su itinerario de la mano de Harry por Londres, Escocia e Irlanda dejó centenares de fanáticos. Ella siempre estuvo sonriente e incansable. Ya lo anunció hace algún tiempo, cuando Harry todavía no había aparecido en su camino y tenía en Hollywood un futuro promisorio: "No quiero ser una dama que va a almuerzos. Quiero ser una mujer que trabaja".

Sus atuendos en cada lugar visitado estuvieron cuidados, sencillos y limpios. Pocas joyas y accesorios adecuados. El resultado: se convirtió en una verdadera promotora de la moda, lo lleva se agota de los estantes de las tiendas, una verdadera It girl.

Rostros y miradas

La ceremonia de casamiento  contó con un altísimo raiting. La climatología estuvo a favor de los novios y de los invitados que pudieron lucir sus diseños de firma. Esta vez no hubo testas coronadas ni representantes gubernamentales pues no se trataba de una boda de Estado, como la de William, pero abundaron personalidades de primera página.

Los novios, cuyas manos permanecieron entrelazadas durante la mayor parte de la ceremonia, pronunciaron sus votos matrimoniales ante el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, líder espiritual de la Iglesia anglicana. El "I will" (sí quiero)  de Harry logró la mayor ovación de los apostados fuera del templo y la risa de los invitados. De esta manera dejaba sellado un capítulo de su juventud, llena de fiestas y parrandas. En esos solemnes momentos no reveló nervios, quizás un poco de ansiedad y esas expresiones algo aniñadas que tanta simpatía han levantado. Su mirada era de ternura hacia su ahora esposa, mientras que ella con los ojos parecía decirle: lo hemos logrado.

De un lado, como en una isla, estaba Doria Ragland, sin poder contener sus emociones porque no tiene el temple de Isabel II, las lágrimas y el pin de su nariz brillaron por igual. Un Oscar de la Renta clásico fue una selección adecuada para esta mujer que no quiso aparentar más de lo que es, una luchadora, aunque ahora tendrá que acostumbrarse a ser objetivo de los paparazzi.

Esta pareja de orígenes y continentes diferentes quiso una boda inclusiva, multicultural y emotiva. Con el obispo, Michael Curry se rompió con la austeridad del arzobispo de Canterburry para llenar la nave de un histrionismo nada común en las iglesias anglicanas, porque él más que oficiar ritos tiene que llegar al corazón de una población marginada hasta hace poco y con carencias evidentes. Esa gente que se emociona oyendo Stand By Me, de Ben E. King y el baile es otro manera de orar.

Los nuevos duques de Sussex

La pareja ostenta desde ese día el ducado de Sussex, que llevó por primera vez el príncipe Augusto Federico, sexto hijo de Jorge III. Su descendencia no fue reconocida por haberse casado dos veces con mujeres no nobles. Hoy Harry y Meghan superan esos escollos sociales y sus hijos, que según el astrólogo Edgar Espinoza serán dos, lo heredarán. Harry también llevará los títulos de conde de Dumbarton y barón de Kilkeel.
Hoy los miembros de las casas reales ejercen su independencia, son libres para casarse con quienes aman. Ya no son piezas de un tablero de ajedrez que mueven otras voluntades. El futuro está ahora en las manos de cada uno de ellos.


Relacionado con: entretenimiento, boda real

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