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Carta a mis hijos que están por nacer

La actriz Prakriti Maduro, embarazada de morochos, proyecta su maternidad y nos acompaña en nuestra edición especial del Día de la Madre enfocada en la necesaria planificación que implica traer seres a este mundo

por PRAKRITI MADURO  |  imagen: SANTIAGO MÉNDEZ | DOMINGO 6 DE MAYO DE 2018
Queridos morochitos míos:

Ustedes pensarán que existen desde que nacieron en aquel ¿agosto? de 2018, o mejor aún, desde que fueron fecundados el diciembre del año anterior; pero la verdad es que ustedes existen desde mucho antes. Habitaban en mi mente desde la niña que era yo, y no hablo de la Susanita que jugaba muñecas, porque nunca fui muy de muñecas. Hablo de la Prakriti chiquita que admiraba la crianza que recibía de sus padres y especulaba cómo haría el día en que estuviera en ese lugar. A veces pensaba: "así mismo haré cuando tenga hijos", y otros días menos afortunados pensaba: "yo, a mis hijos nunca les diré eso", porque aunque fueron estupendos también se equivocaban. Me estaba preparando para ustedes desde mi condición de hija. Luego ensayé con primitos, amiguitos y sobrinitos. Me encantaba ser la amiga adulta con la que los niños de mi entorno podían jugar, hablar y por qué no, aprender; ya se habrán dado cuenta de cuanto admiro el poder de la infancia.

Y como sabía que ustedes llegarían a mi vida tarde o temprano, todo lo que he hecho hasta ahora ha sido con la conciencia de que un día mis hijos querrán saber de su madre y entrarán a Google, o qué se yo qué buscador o tecnología exista entonces, y encontrarán fotos e información sobre su mamá más joven. Entonces, sabiendo que eso sucedería, he querido de corazón que lo que sea que consigan allí no les resulte contradictorio con la madre que he intentado ser para ustedes. Quizás hoy es ese día, y es así como ustedes están leyendo esta carta.

Marcel y yo teníamos menos de un mes de estar juntos y ustedes surgieron espontáneamente en nuestra conversación. Desde entonces los estamos imaginando. Así fue como pasaron de estar sólo en mi mente a instalarse en nuestros corazones y a ser "nuestros". Yo tuve la dicha de tener un padre extraordinario, bondadoso, simpático y cariñoso, sé que ya saben lo mucho que me hubiese encantado que lo conocieran, y en parte es a ese abuelo ausente a quien deben agradecerle por el padre que les tocó, porque fue ese ejemplo con el que crecí, el que me hizo ver tan naturalmente que Marcel era el papá que quería para mis hijos. Él y yo estuvimos hablando muchísimo de ustedes por años, hasta que un día dejaron de ser ilusión para estar por fin dentro de mi cuerpo. ¡Y qué sorpresa! Llegaron allí los dos al mismo tiempo.

Aunque tenía la vida entera visualizándolos, me maravilla saber que por fin están aquí, que son reales, que ya existen en este plano material. Este es el momento de vida en el que les escribo, a mitad del embarazo, en este instante están habitando mi vientre, tranquilitos, arrullados por el latir de mi corazón.

Desde ya me estoy convirtiendo en una mejor persona para ustedes. Me alimento más sano, bailo más, agarré la guitarra por primera vez hace tan sólo un par de meses y la toco a cada rato para que puedan escuchar la vibración de la música muy cerquita, y a la vez para practicar las canciones con las que los arrullaré cuando hayan nacido; pienso que cantarlas desde ya hará que luego les recuerde la paz que viven dentro del líquido amniótico; hasta he aprendido a meditar para yo vibrar en una sintonía más armónica mientras estén dentro de mí. Y lo mejor, cada vez me preocupan menos los temas triviales y vanidosos que antes malgastaban tiempo de mis pensamientos.

Y ustedes se estarán preguntando: ¿para qué mi mamá nos escribe una carta cuando aún no hemos nacido y además la publica en Estampas? La razón es que he estado reflexionando sobre este compromiso maravilloso de traer seres al mundo, y lo que quiero decirles a ustedes, y a mí, quizás pueda servir también a otras madres, otras embarazadas y otras mujeres que se lo están pensando:

Ustedes, mis morochitos, mis cachorritos bellos, en este azar de la vida les ha tocado ser venezolanos, justamente en un momento histórico tan difícil. Pero han nacido privilegiados porque llegaron a una familia con techo, con sus tres comidas diarias y sus dos padres ávidos por amarlos. Ese privilegio, no es cualquier cosa en este país, ni en este planeta.

Venezuela es hermosa, pero nos urge que sea un mejor lugar. Cuando yo era chiquita se celebraba la "viveza criolla" como cualidad venezolana, que confundía lo positivo de ser muy despierto con lo negativo de ser oportunista y pensar en uno mismo antes que en los demás. Luego, leyendo, me di cuenta que los venezolanos teníamos décadas, incluso siglos, siendo así. Esa característica si se exalta puede transformarse en egoísmo, abuso, en narcisismo y corrupción.

Desde ya, que empieza la labor más importante de mi vida, la de ser guía de dos seres humanos que están por nacer, no me quito de la cabeza la responsabilidad que tenemos las madres y padres al criar venezolanos para que lo que describa a nuestros hijos sea la "generosidad criolla", "el tesón criollo", la "honestidad criolla" como características innegables de nuestra gente. Ese aprendizaje lo anhelo para ustedes hijitos, y para la generación que los acompañará.
Cachorritos míos, gracias por escogerme como madre, haré todo lo posible por estar a la altura de éste honor.

                                                                                                                                                                                            Los amo.


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