ESPACIO PUBLICITARIO
 |  
 |  
Notas
Síguenos desde:

TURISMO

Choroní no se cuenta en un día

Superados los estragos de las fuertes lluvias, el pueblo ubicado entre la montaña y el mar espera al visitante para que disfrute a plenitud de sus playas, su cacao y su gente

por ADRIANA HERRERA  |  imagen: ADRIANA HERRERA | DOMINGO 5 DE NOVIEMBRE DE 2017
El camino de dos vías se vuelve estrecho y solo hay espacio para un carro a la vez. Todo alrededor es verde. El paisaje se abre y uno puede ver la grandeza de la montaña; puede adivinar el mar detrás de ella, por ahí, en algún lado. De repente, aunque sea de día, el camino se vuelve denso, casi oscuro. Son los árboles de todos los tamaños, el frescor de sus hojas. Entonces, uno baja el vidrio del carro y deja que esa brisa fresca sea parte del viaje.

Atravesando la montaña y la grandeza del Parque Nacional Henri Pittier, el camino se nubla en ocasiones. Qué contraste ese el de ir buscando el mar, buscando el sol y tener frío justo antes de llegar.

Curvas, muchas curvas. La bocina de los autobuses coloridos que cubren la vía es un estruendo que hace reír. Dejan saber que van o vienen y así pueden los unos dejar pasar a los otros. Eso, hacer cambio de luces o soltar un silbido fuerte y claro, son las artimañas válidas para cubrir esa ruta a Choroní durante hora y media.



Renacer tras la lluvia
Si hay suerte, los monos araguatos se dejan ver o, al menos, se escuchan en la espesura verde. Si no hay prisa, uno se puede detener en algunas de las pozas que se forman por el paso del río Mercedes, el mismo que el 21 de agosto después de varios días de lluvia, bajó de la montaña enfurecido y se llevó mucho a su paso. Dejó tristeza, desespero y obstruyó el camino. Choroní se quedó vacío, ya nadie podía llegar y quienes estaban tuvieron que hacer largas travesías en lancha para buscar otras vías. Eso pasó. Pero lo que también pasó es que esos pueblos tras la montaña unieron su ánimo y fe para volver a salir adelante. Entonces, lo hicieron.

Así aparece Playa Grande, la única a la que se puede llegar caminando desde el pueblo. Un paisaje que se abre al mar infinito y profundo. Tanta belleza no se podía quedar solo con ellos y es por eso que en Choroní y los pueblos que lo rodean, comenzaron a transformarse -por allá en los 90s- para recibir al turista.



De las casas se sacaron otras habitaciones que luego, se convirtieron en posadas. Del ingenio, supieron cómo trabajar el cacao y hacer que de Chuao salga el mejor del mundo. Del empeño, volvieron esas calles coloridas, las llenaron de música, de pies descalzos y morenos por el sol. Las llenaron de tradiciones y entonces bailan a San Juan, bailan con los Diablos Danzantes, bailan con los pescadores, bailan con las mujeres.

Tres kilómetros más allá de Choroní, aparece Puerto Colombia, otro pueblo lleno de color y desde donde se parte en peñeros a recorrer las otras playas. Desde ahí se puede llegar a Cepe, a Chuao, a Uricao, a Tuja, a Cata, a Cuyagua, a Puerto Maya. Y dentro de cada uno de esos paisajes hay un montón de gente comprometida con su entorno, entregada a esos parajes.

Dice María Luisa -quien vive en Chuao y en el patio de su casa construyó unos cuartos para recibir a quien quiera ir- que aunque todo se ponga difícil, nadie la saca de allí. "Aquí se vive tranquilo". Lo dice y se ríe. Porque ellos ríen siempre.

Lo mismo le pasa a Pedro di Palma, que llegó a Choroní después de andar viajando por ahí y decidió no irse más. Ha encontrado en el mar su refugio y por eso lo llamó Paraíso Choroní y bajo ese nombre lleva a turistas a hacer paddle y kayak, organiza torneos y full days extremos. "Me gustaría que pudieran ver toda la belleza que tenemos. Lo exhuberante de las playas, lo increíble de los ríos y esas calles coloniales que adornan un lugar mágico, lleno de gente trabajadora y perseverante que ama lo que hace. Que entendieran cómo se vive feliz en esta tierra tan bondadosa donde la naturaleza, sus habitantes y la cultura, hacen de Choroní un paraíso excepcional".



Eso es lo que pasa: que un solo viaje a Choroní no es suficiente. Que uno no lo entiende hasta que prueba el helado de cacao, hasta que no se detiene en medio del mar para ver el nado de una tortuga, hasta que no va a vivir una de sus tradiciones y habla con su gente. Choroní no se cuenta en un día. Será necesario cubrir muchas veces ese camino de la montaña al mar.

Su gente
Choroní era el nombre de los indígenas que ocupaban el mismo valle donde hoy se levanta el pueblo. Son menos de cinco mil habitantes entre esas montañas y mar generoso. Sus calles tienen vestigios coloniales de los años 1600 y su gente lleva en el cuerpo la soltura para bailar tambores, para cuidar el cacao, para entenderse con el mar en medio de esa fiesta de palmeras.

¿Cómo llegar?
-Si van en auto, deben ir hasta Maracay y buscar la Avenida Las Delicias y estar atento a los carteles del camino. Esa es la única vía que conecta con la carretera nacional Maracay-Choroní.
-Si van en autobús, deben ir hasta el terminal de Maracay y preguntar por la parada de los buses pintorescos. Se paga allí mismo, en efectivo, y es toda una aventura.
Al cierre de esta nota ya el paso a Choroní estaba restablecido para los autobuses y cualquier tipo de carros, sin importar el horario. Hasta hace poco solo se podía transitar de 6:00 am a 6:00 pm


Relacionado con: turismo en veneziela, choroní

Participa (envíanos tu comentario).

 

VÍA RÁPIDA A:  
ESPACIO PUBLICITARIO

AHORA EN ESTAMPAS

Suculentas ideas para sus almuerzos

A todas las madres les pasa. Llega el momento de (...)

ENTRETENIMIENTO Carlos Cruz: Un cargamento de seriedad

Traslada encima una masculinidad que, para un (...)


 

BELLEZA Y MODA Siempre labios rojos

Inspiración y origen El rojo es el rey de la (...)

CUERPO Y MENTE El entrenador personal de la era digital

Levantarse por la mañana con una botella de agua (...)


 

HOGAR Y ESTILO Prácticas literas

Las literas son uno de los muebles favoritos para (...)



ESPACIO PUBLICITARIO
BLOGS
Ser Espiritual, TERESA LEÓN

Recupera tu energía

En esos momentos en que estás sometido a una avalancha de textos, videos y (...)

Punto Paladar, ADRIANA GIBBS

El paisaje del Penedés en tres copas

520 años tiene Bodegas Raventos i Blanc, bodega de tradición familiar en la (...)

Pare y respire

He visto en varias esquinas la señal de transito conocida por todos que dice: (...)




 
Cerrar
Abrir