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ENTRETENIMIENTO

Pico Toro, el ascenso a "la morada de los Dioses"

La experiencia en alta montaña no es solo la satisfacción de llegar a la cima; lo recorrido, vivido y aprendido en el camino también la hace inolvidable. Viaje con nosotros a la quinta cumbre más alta de Venezuela

por LEANDRO DICKSON LÓPEZ  |  imagen: LEANDRO DICKSON LÓPEZ | DOMINGO 3 DE SEPTIEMBRE DE 2017
"Quien siente la montaña no necesita explicaciones y mientras existan paredes, agujas y aristas, habrá quien las escale, disfrutando de lo que hace, aunque no comprenda exactamente el por qué". Así describe el reconocido alpinista español Josep Manuel Anglada su pasión por la alta montaña, un desafío de resistencia, perseverancia y exigencia para el espíritu aventurero.

Movido por esa pasión y el objetivo de "sentir la montaña" me embarqué en una aventura para conocer Pico Toro, la quinta cumbre más alta de Venezuela con 4.755 metros sobre el nivel del mar (msnm), ubicada en la cordillera de Los Andes, dentro del Parque Nacional Sierra Nevada.  

Guiado por los servicios de Akanan Travel & Adventure, emprendí mi viaje desde Caracas hasta El Vigía para tratar de relatar en palabras y video la experiencia de conocer una de Las Cinco Águilas Blancas de la leyenda de Los Andes venezolanos, escrita por Tulio Febres Cordero y publicada el 10 de julio de 1895.  

El comienzo
Ya en El Vigía, conformamos un grupo maravilloso de aventureros, quienes bajo la tutela de los guías Carlos Contreras y Fernando Saldivia, tendríamos la dicha de experimentar, por primera vez, qué se siente al estar en alta montaña.
Embarcamos nuestros morrales en los rústicos y comenzamos la travesía de seis horas a nuestro primer lugar de estadía: Los Nevados, un pueblo de unos 1.400 habitantes ubicado a 2.700 msnm, al noreste del estado Mérida. Un lugar digno de admirar, con sus calles empedradas y lugareños muy amables que nos hicieron sentir como en casa.

La Posada Guamanchi, atendida por Zoraida Sánchez, nos abrió las puertas para brindarnos una reconfortante atención, conjugada con una espectacular vista, en nuestra primera noche en este pueblo de arquitectura colonial, que vale la pena recorrer y contemplar.

Los 15 C que el cuerpo siente al caer la noche nos relajan de cara al itinerario del día siguiente. La cena fue divina y las habitaciones cálidas y cómodas. Además, si tomas una ducha caliente podrás descansar al máximo. ¡Sí! hay agua caliente en Los Nevados y, aunque parezca mentira, también Wi-Fi.

Rumbo a La Pila
Al salir el sol en Los Nevados nos alistamos para la travesía. Desayunamos y preparamos la carga para recibir a dos nuevos aventureros en nuestro grupo: Don Carlos y su nieto Rufo, quienes junto con las mulas se encargarían de hacer el trabajo pesado.

Amarrada la carga, medimos nuestro nivel de oxígeno en la sangre para ver cómo nuestro organismo respondía a la altura, y emprendimos la ruta hacia La Pila, lugar donde estableceríamos nuestro campamento base a unos 3.950 msnm.

Cada paso que dimos nos permitió aclimatarnos y cumplir las tres reglas básicas de la alta montaña: Hidratarse antes que te dé sed, comer antes que te dé hambre y dormir todo lo que puedas. Aunque esta última la pondríamos en práctica al llegar a nuestra base. 

La ruta reta el espíritu y satisface al alma. Con cada paso que dimos entre la inmensidad de la naturaleza merideña nos fascinamos y entendimos el refrán de los montañistas: "Poco a poco se anda lejos".

Al llegar a La Pila armamos las carpas en un escenario magnífico entre montañas y frailejones. Nos preparamos para la cena que inicia con una sopa caliente que cae perfecta con los 11 C que sentimos a las 5:00 de la tarde.

Vimos caer el sol sobre las nubes. Los guías nos dijeron que estaba previsto que en la noche sintiéramos unos 5 C, por lo que el aislante térmico y el sleeping bag fueron la mejor compañía.

La luna llena se posó en el cielo y nos dio una espléndida noche iluminada que valió la pena disfrutar por unos minutos fuera de la carpa. Bajo un cielo estrellado pusimos en práctica la tercera regla básica. Ahora sí, a dormir.

Camino a la cumbre
Amanecimos deseando los primeros rayos del sol. Los 2 C matutinos nos dieron los buenos días, aunque en algunas carpas vimos rastros de hielo, por lo que pudimos haber llegado a los 0 C. Desayunamos con las manos temblorosas, pero con el deseo firme de hacer cumbre en Pico Toro.

Desmontamos el campamento, armamos los morrales y empezamos nuestro ascenso. Paso a paso, poco a poco, escalando para llegar a los 4.200 msnm que tiene Alto de La Cruz, en donde los primeros rayos del sol nos calentaron el espíritu rumbo a la anhelada meta.

En este punto, nos dejamos sorprender por los 4.978 msnm del pico más alto de Venezuela: El Pico Bolívar. Nos cautivó su inmensidad, pero nos preocupa su sufrir por el calentamiento global, que ha golpeado y socava actualmente sus paredes de hielo, en las que hoy en día solo quedan pequeños bloques cubriendo la roca.

Volteamos cabizbajos y levantamos las miradas hacia nuestro horizonte. Íbamos paso a paso, subiendo de altitud. Respirando pausadamente, con zancadas cortas, apoyo constante y la lucha entre mente y cuerpo que nos hizo comprender, cada vez más, eso de que "poco apoco se anda lejos".

Gritamos ¡cumbre!
Al llegar a la cima la sensación es indescriptible. Te sientes dueño del mundo. Rey de la inmensidad. La energía te abruma de tal manera que te preguntas por qué tus ojos están llorosos. Mi humilde consejo es vivir el momento, sentir la cumbre, contemplar el paisaje y agradecer el estar allí.

Tras unas 10 horas de haber comenzado nuestra travesía en La Pila, regresamos orgullosos por el camino que nos vio subir inspirados. Nuestro nuevo destino del día es la casa de Pedro Peña, quien nos dio la bienvenida junto a sus mascotas Moby, Pincho y Luisa. Pedro es nieto de Domingo Peña, el primero en llegar a la cumbre del Pico Bolívar con el busto del Libertador a cuestas. Su hogar, que literalmente está sobre las nubes, a unos 3.240 msnm, queda cerca de la estación La Aguada del Teleférico de Mérida.

Nos consultamos para cumplir el último desafío de la jornada: La ducha para "valientes", conocida así porque debes serlo para meterte bajo esa agua helada de la Sierra Nevada. Cumplido el gélido reto, nos preparamos para celebrar en la mesa, como una gran familia, la aventura de haber subido "la morada de los Dioses".


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