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ENTRETENIMIENTO

Las dos Dianas

La Princesa de Gales reaparece en un documental, pero esta vez de la mano de sus hijos. Lo que hasta ahora para ellos había sido un tema "tabú", lo abordan con naturalidad, amor filial y sin resentimientos, pero como si el maleficio siguiese rondando a Lady Di, otra historia enturbia este recuerdo para mostrar sus debilidades y hasta su lado oscuro

por MAYTE NAVARRO  |  imagen: ARCHIVO | DOMINGO 27 DE AGOSTO DE 2017
A los 20 años de su muerte Diana de Gales regresa, esta vez a la televisión y son sus propios hijos los encargados de narrar un nuevo retrato de la Princesa de Corazones. Después de un largo silencio sobre su orfandad materna William y Harry, quienes han declarado a la prensa este mismo año que necesitaron tiempo y orientación profesional para superar el duelo y el dolor, conversan sin resentimientos sobre su madre.

Diana, Our mother: her live and legacy (Diana, nuestra madre: su vida, su legado) reúne testimonios y fotos inéditas de un capítulo particular de su existencia, la maternidad, que al comienzo parecía muy feliz, pero que luego, debido a la carencia de un verdadero amor y al acoso mediático que la misma Diana alentó, no le permitió disfrutar plenamente de sus hijos. El documental dibuja a una mujer diferente, la que veían sus más íntimos, espontánea, más auténtica, desvinculada del aura de ícono de la moda y del sino de víctima causado por los malos del cuento de hadas.

Cuando se creía que todo estaba dicho, sus hijos abren el álbum de fotos y hacen un recorrido por esas páginas que habían permanecido custodiadas, por ellos mismos, para así proteger esa intimidad de la que nunca pudieron disfrutar. Ni siquiera para sentir el dolor de su pérdida se les concedió un paréntesis porque a Diana no la lloraban solo sus hijos, muchos se sentían con el mismo derecho, lo mediático introdujo a ese público al mundo privado de la princesa. Por otra parte el ir y venir noticioso no respetó el duelo de sus vástagos. 

William y Harry demuestran hoy que son adultos y por ello decidieron, por primera vez, hablar de la Diana que ellos conocieron, de la sensación que les produce verla en una foto embarazada y decir: "allí estaba yo"; de su informalidad, de su risa y afectos hacia ellos. La productora ejecutiva del documental, Nick Kent, expresó que esta película la muestra de una manera que nunca se había visto antes, a través de los ojos de sus hijos y la gente que mejor la conocía.

La historia de Diana, nuestra madre es un acto de amor de sus hijos y a la vez una defensa a su madre ante tantas opiniones tejidas alrededor de ella. Saca a flote los recuerdos inocentes e íntimos de dos niños que encontraron en su mamá el escape a la rigidez del protocolo que debían aprender porque sería su compañero el resto de sus vidas, por eso suenan enternecedoras estas palabras de Harry, quien solo contaba con 12 años cuando ella muere: "Era la mejor mamá del mundo, nos abrumaba con su amor", y en la pantalla aparecen las tomas inéditas del segundo de sus hijos empolvando el rostro de la princesa mientras le hablaba.

Diana, princesa y madre
Sin haber poseído una personalidad avasallante, la primera esposa de Carlos de Inglaterra logró conquistar los corazones de muchos el mismo día que se anunció que era la prometida del futuro Rey. Cuando el romanticismo se consideraba de otro siglo, lo impone la princesa bella, inocente y joven que se casaba con el príncipe y sellaba su amor con un beso delante de millares de espectadores que deliraban. Comenzaba la leyenda a la que posteriormente se le sumó un nuevo ingrediente: la traición, y así se convirtió en víctima de la corte. Las noticias sobre la bulimia y la depresión, algo que preocupaba a Carlos más que la existencia de un amante, la hacen ganar millones de adeptos, que aumentan con la aparición de la villana que le arrebata la felicidad. Diana podría haber sido un personaje a la orden de Shakespeare.

Conmueve, después de 20 años, la tristeza y el arrepentimiento que los príncipes William y Harry transmiten por no haber conversado por mayor tiempo con su madre durante aquella última llamada telefónica que les hiciera desde París, antes del accidente donde murió; también se percibe otra enseñanza aprendida de ella: el saber comportarse ante los medios con naturalidad, captar el interés de la gente y desarrollar esa sensibilidad por los problemas de los demás, que se ha traducido en continuar las obras benéficas que la princesa de Gales auspiciaba. Por ello los príncipes crearon la Royal Foundation, donde está involucrada la duquesa de Cambridge. La preocupación que ha mostrado Harry por la infancia africana no es casualidad, como tampoco lo es el apoyo que brindan a organizaciones que trabajan por la salud mental de aquellos niños sometidos a eventos dolorosos que ponen en peligro su integridad emocional. Para promover este programa los príncipes dieron testimonio de los problemas que sufrieron al desaparecer su madre, a causa del remordimiento y la soledad.

En este documental no hubo cabida para hablar de adulterio ni de problemas maritales. La protagonista es la vivencia de los príncipes que están seguros que fueron el centro vital para su madre y por eso ella hizo cosas extraordinarias para halagarlos. Se valió de sus influencias y amistades para lograrlo. En uno de los círculos donde Diana tenía crédito era en el de la moda. Se tuteaba con diseñadores y top models. Eso le permitió sorprender un día a William, quien a los 12 años adornaba su habitación con posters de algunas de las maniquíes más cotizadas. Al llegar del colegio se encontró con Cindy Crawford y dos modelos más. Se quedó sin palabras y pasó a ser uno de los episodios inolvidables de su vida.

Pero hay algo más de lo que el primogénito se lamenta, que George y Charlotte no hayan podido conocer a la abuela Diana. Quizás hubiese sido permisiva y posesiva con sus nietos, o competiría sin treguas con Carole Middleton, la otra abuela, para tenerlos con ella más tiempo.

Presa de la fatalidad
A esta visión afectiva se contrapone otro film, igual de íntimo pero más controversial. Sin ninguna aparente malicia, Diana accedió a narrar a su profesor de oratoria, Petter Settelen, su vida íntima en palacio. Quizás nunca pensó que esas conversaciones dejarían de ser un mero ejercicio y se convertirían en revelaciones para alimentar el morbo de la gente.

La madre abnegada y sobreprotectora compite con la esposa infiel que a causa de la soledad y la indiferencia de un marido buscó el amor en otras personas. Pero también deja en evidencia esa frialdad y hasta fatalismo que ha acompañado a los integrantes de la Casa Real Británica ante los acontecimientos y que los ha hecho indiferentes, lejanos, pero que afortunadamente William y Harry parecen no practicar, por lo que se han convertido en los mejores embajadores de la monarquía. A los 20 años de su ausencia, Diana de Gales retorna en una nueva novela en la que el romance y la intriga la hacen su prisionera.

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