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ENTRETENIMIENTO

Yapascua, la ensenada

El agua es tibia y clara, por eso es muy fácil ver corales y peces sin necesidad de tener grandes equipos.

por ADRIANA HERRERA  |  imagen: ADRIANA HERRERA | DOMINGO 6 DE AGOSTO DE 2017
Se podía caminar por la montaña durante dos horas, pero ese día –que era sábado o viernes– los viajeros hablaron con unos pescadores y tomaron una lancha para llegar al lugar en apenas diez minutos. Estaban en la bahía de Patanemo, esa extensión de palmeras, agua de coco y olas bravas del estado Carabobo, desde donde se puede salir a recorrer parte de la costa central del país, para no solo quedarse en esa orilla.

En ese momento, Yapascua no estaba tan "de moda" como ahora. Por eso, cuando llegaron, solo se encontraron a cinco o seis viajeros más que ya habían colocado su carpa, bajo una sombra ideal. Ese mar sin olas que tenían al frente, era una invitación constante a la contemplación, a estar quieto y disfrutar de la naturaleza. Ir hasta allá se convierte en más que un simple paseo a la playa. Es otra cosa, es otro mar.

Yapascua es una ensenada y para pasar esa frontera entre las olas y la serenidad, el lanchero debe saber sortear los corales para no hacerles daño. Este lugar, que forma parte –junto a Isla Larga– del Parque Nacional San Esteban, es una zona protegida, un vivero en el que se reproducen algunas especies marinas como crustáceos y moluscos; un área en la que se hacen investigaciones científicas y buceo. Por eso, no hay nada más que montañas y árboles bajos que dan sombra. No hay agua dulce, ni toldos, ni nadie vendiendo empanadas o agua. Es un lugar para desconectarse.

Los viajeros lo sabían y por eso llevaron todo consigo: dos carpas, comida para dos días, mucha agua, linternas y bolsas para llevarse todos los desechos de vuelta. No se necesita mucho más, quizá solo echar mano de la curiosidad: subir la montaña, caminar hacia allá, volver, dejar que la corriente te lleve hasta donde le provoque, volver, ir hacia el otro lado, hacer fotos, volver.

El agua de Yapascua es tibia y clara, por eso es muy fácil ver corales y peces sin necesidad de tener grandes equipos. Por las noches, el plancton hace que la ensenada se convierta en un espectáculo lleno de luces. Yapascua brilla y si se tiene la suerte de tener un cielo despejado para ver las estrellas, entonces el viaje se vuelve idílico, como de postal.

Si son viajeros curiosos, como los que hicieron esta travesía, podrán hacer caso a los ruidos de la noche de Yapascua y ver algunas aves dormidas e, incluso, zorros dando vueltas por el lugar. Lo bueno de ir hasta allá es eso, observar y admirar ese espacio natural, para poder contarlo después.

¿Qué debes saber?
-Para acampar en Yapascua hay que solicitar el permiso de Inparques en la Bahía de Patanemo. O, si prefieren, pueden hacer el viaje ida por vuelta.
-Se puede llegar caminando desde allí por la montaña, durante dos horas, o tomar una lancha. La caminata tiene algunas cuestas difíciles, pero garantiza buenas vistas. También salen peñeros desde Gañango.
-Hay que llevar todo lo que se va a consumir: comida, agua, hielo, etc. No hay puestos de venta de ningún tipo. Solo naturaleza.
-Es importante que el impacto de la visita sea mínimo: traigan toda la basura de vuelta y no se lleven nada que pertenezca al lugar. Hay que cuidar el ecosistema.
-No olviden el uso constante de protector solar.



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