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Notas

Los adolescentes de sesenta

Eso de ser sexagenarios o de la tercera edad no va con los de 60 años que, en realidad, se sienten tan jóvenes y productivos como los de 40. De ese espíritu surgió el término sexalescencia, un movimiento que agrupa a los que se niegan a ser encasillados como ancianos y que la sociedad impulsa solo a jubilarse y a vivir en el retiro.

por HERCILIA GARNICA  |  imagen: ARCHIVO | DOMINGO 23 DE AGOSTO DE 2015
Iman, Nicolas Sarkozy, Kevin Costner, Mariano Rajoy, Whoopi Goldberg y Bruce Willis
"... Pienso que la forma en que la vida fluye está mal. Debería ser al revés: uno debería morir primero para salir de eso de una vez. Luego vivir en un asilo de ancianos hasta
que te saquen cuando ya no eres tan viejo como para estar ahí. Entonces empiezas a trabajar y trabajas por más de 40 años hasta que eres lo suficientemente joven para disfrutar de tu jubilación. Luego fiestas, parrandas, alcohol. Diversión, amantes, novios, novias, todo, hasta que estés listo para entrar a la secundaria. Después pasas a la primaria y eres un niño que se la pasa jugando sin responsabilidades de ningún tipo. Luego pasas a ser un bebé y vas de nuevo al vientre materno y ahí pasas los mejores y últimos meses de tu vida flotando en un líquido tibio, hasta que tu vida se apaga en un tremendo orgasmo. Eso sí es vida". 
Quino

Les gusta identificarse como los nuevos adolescentes, pero sin el arrojo ni la angustia de los que no llegan ni a los 20. Es otra etapa, más reposada, pero no en el retiro; con posibilidades de jubilarse, pero no de quedarse inactivo. A los de 60 años ahora se les dice que forman parte de un nuevo grupo etario social, de una generación diferente conocida como la "sexalescencia".

Con ese término desechan incorporarse a la "tercera edad" o que sean identificados como sexagenarios. Se sienten jóvenes, productivos, activos y así quieren ser reconocidos en la sociedad.

Se trata de una verdadera novedad demográfica, parecida a la aparición, en su momento, de la "adolescencia", que también fue una franja social nueva que surgió para dar identidad a un universo de niños desbordados que no sabían, hasta entonces, dónde meterse ni cómo vestirse.

En el caso de los sexalescentes se refiere a un grupo de personas que probablemente ni siquiera se ha jubilado, que aún se siente en capacidad de ofrecer resultados positivos para la sociedad y que desecha la idea de que lo incluyan en una edad decadente, a las puertas de la vejez.

Los de 60 sienten que están estrenando una nueva categoría, que están plenos física y emocionalmente, y recuerdan la juventud sin nostalgia porque esa etapa también está llena de conflicto. No sueñan con jubilarse ni tampoco desean entregarse al deterioro o vencerse ante la enfermedad. A los 60 se dan cuenta de que están a tiempo de descubrir algo nuevo. Se atreven a los proyectos postergados o, al menos, intentan modificar algunos hábitos y costumbres que, en definitiva, nunca quisieron para sus vidas.

Así se siente la actriz venezolana Caridad Canelón, ya con 60 años. La gente en general y ella misma la percibe tan activa y productiva como los de 40. "Soy afortunada. Los que conocen mi trayectoria como artista piensan que tengo más edad porque me están viendo desde muy niña en la televisión. Incluso, creen que me he hecho un montón de cirugías. Les parece increíble que no aparente la edad que según ellos tengo. Pero hay otra gente que no me conoce y piensa que tengo 40". Ella está consciente de que en su trabajo, sobre todo en la televisión, empiezan a ser consideradas viejas a partir de los 30 y pico o 40 años. "Y eso ocurre con nosotras las mujeres, porque si los hombres tienen una que otra cana o alguna arruga se les considera ‘interesantes', en cambio a algunas de nosotras nos asignan, con suerte, personajes de madres o abuelas, mientras que a otras les dicen: ‘Lo siento, pero en esta novela no hay papeles para ti'. Y sí, hay demasiada presión. Yo creo que hoy, igual que hace 20 años, tener 60 significa que estás viejo o vieja y que ya no eres productivo; por lo tanto, no te dan empleo y te mandan a la casa a descansar. Algunos nos revelamos ante eso y seguimos avanzando".

Caridad asumió que en Venezuela a las personas de 60 años las ven como gente mayor, retirada del ámbito laboral, dedicada al hogar, a su familia y a sus nietos. Y los de 60 pueden ser mucho más que eso.

Pirámide poblacional
Muchos médicos y psicólogos sugieren que este fenómeno de la sexalescencia tal vez tenga que ver con la aparición de lo que empieza a denominarse la "cuarta edad": gente que vive de los 80 a los 100 años en perfecto estado de salud.

Igor Morr, cardiólogo, geriatra, especialista en hipertensión arterial, profesor universitario y directivo de las sociedades médicas de cardiología, medicina geriátrica e hipertensión arterial, señala que la sexalescencia es un término no médico, de reciente aparición, que no tiene nada que ver con el sexo ni con un hecho biológico en especial. A ella pertenecen las personas de un grupo etario denominado los sexagenarios. Corresponde a la franja de la población que llegó a cumplir los sesenta años.

Muchos autores la definen como "el conjunto de hombres y mujeres independientes que han traspasado el umbral de los sesenta años, quienes presentan una amplia experiencia en el mundo laboral y a pesar de sus sesenta años aún se mantienen activos". Tiene que ver con el cambio de comportamiento de la pirámide poblacional. Hasta hace 50 años, en la mayoría de los países industrializados, esta pirámide poblacional tenía una base ancha y un vértice pequeño. Los avances médicos y el control de enfermedades han producido un hecho nuevo en la historia mundial: ahora las personas tienen una expectativa de vida mayor, lo que cambia radicalmente la forma de distribución etaria de la población, la cual se ha ensanchado en el medio y disminuido en su base.

Morr reconoce que siempre ha sido un problema definir el límite entre edad madura y ancianidad. Existen criterios biológicos, epidemiológicos y socioculturales para precisar esta frontera. Para fines de la jubilación algunos países la relacionan con los 60 y 65 años de edad, frontera que cada vez se está extendiendo más, por razones inherentes al comportamiento de la economía mundial.

"Hoy nos preguntamos, en realidad, cuántas edades tiene un ser humano. Mi mentor decía que eso de la tercera edad es un invento de un periodista curioso, sin ninguna relación con la realidad biológica. De acuerdo con este último criterio contando la prenatal, son nueve las etapas del ciclo de vida humano, a saber: periodo prenatal, primera infancia, niñez temprana o preescolar, niñez intermedia o escolar, período de la adolescencia, período de la juventud (hasta los 35 años), período de la madurez (hasta los 50 años), período de la adultez y, por último, período de la mal llamada tercera edad o senescencia".

Morr añade que no existe un hito real entre la adultez y la senescencia. Algunos autores han introducido el término de adulto mayor, para evitar el peyorativo concepto de anciano. "Jocosamente uno de mis profesores define la ancianidad a toda persona que tiene más de 10 años que él. ¿Por qué tanta dificultad en definir esta frontera? Creo que la misma tiene que ver con tres aspectos: la declinación de la actividad sexual, el falso concepto de belleza y la cercanía de la muerte, todos muy conectados con la ancianidad". Adicional a la clasificación de Morr se manejan otras. Por ejemplo, una que ubica a los ancianos o adultos mayores en cuatro categorías: 60-74 años adultos mayores (o ancianos jóvenes), 75-84 años adultos mayores (o ancianos viejos), 85-99 años adultos mayores (o ancianos longevos), 100 años (centenarios).

De cualquier forma, Morr cree que la vejez es una etapa más de la vida. Con los elementos positivos y negativos de cualquier edad del ser humano. "Lamentablemente la sociedad se ha empeñado en estigmatizarla, arrojando sobre esta época una carga de lastre que solamente excusa la incompetencia social para afrontar positivamente los cambios que la vejez, como cualquier otra edad, trae consigo".

Rebeca Sabo, también médico geriatra del Hospital de Clínicas Caracas, señala, de acuerdo con su experiencia en consulta, que una persona de 60 años es completamente independiente y sana, en edad productiva. "Entre los 65 y 75 años solemos encontrarnos con pacientes sin discapacidad alguna, luego de los 75 comienzan a aparecer algunas dificultades y después de los 85 ya hablamos de un adulto mayor o very old. Incluso, los geriatras recomendamos que las personas de 60 trabajen, se mantengan activas porque están en capacidad de hacerlo". Sabo refiere que en algunos países trabajan con etapas de prejubilación, lo que permite a la persona acostumbrarse a la idea de quedar cesante en algún momento. En el primer mundo, incluso, han retrasado la edad de la jubilación porque entienden que ese puede ser un factor desencadenante de depresión. "A los 60 años aún queda mucho por aportar y dar".

No es envejecer
El psiquiatra peruano José Barrios García-Calderón es bastante optimista. Señala que llegar a los 60 años no es envejecer. "La medicina ha avanzado como para que el promedio de vida se acerque a los 80 años o más. Entonces nos encontramos con un grupo demográfico relativamente nuevo que no se considera sexagenario ni tiene la menor intención de abandonar sus actividades diarias, ya sean privadas, laborales, familiares o sociales". El especialista asegura que los sexalescentes tienen una gran capacidad para iniciar procesos psicoterapéuticos prolongados importantes, en especial de orientación psicoanalítica incluido el psicoanálisis mismo, donde revisan toda su vida y proyectan hacia el futuro sus energías e ilusiones, proyectos y logros.

En sus consultas el especialista se ha encontrado con que las personas de 60 años no abandonan su protagonismo dentro de los ámbitos afectivo, laboral y social; deciden "seguir participando", con la confianza y la sabiduría de las experiencias vividas; son motivados, indagan, profundizan y accionan en aquello que los gratifica, los identifica y despierta su interés; en muchos casos y a esas alturas el amor, el trabajo y el placer se mezclan como en una propia sinfonía; continúan forjando proyectos de vida que los convocan a mantenerse actualizados y activos; son capaces de abordar las nuevas tecnologías con empeño y deseos no solo de aprender a utilizarlas, sino también de emplearlas en su beneficio; han tomado conciencia de la importancia de la salud física, por lo tanto dedican el tiempo suficiente para favorecer una mejor calidad de vida; pueden retomar aquella carrera universitaria que quedó interrumpida en el camino o descubren nuevas vocaciones y en algunos casos llegan a reconocer que tienen una significativa misión en sus manos para desarrollar.

Drauzio Varella, oncólogo brasileño y escritor, reflexionó, con algo de ironía y humor, sobre la tercera edad que oficialmente define como la etapa que se inicia a partir de los 60 años, "aunque por razones de marketing algunas empresas lo han adelantado a los 55" y que se supone termina a los 80, pero no hay consenso. La cuarta edad o vejez comienza a los 80 años y termina a los 90, mientras que la longevidad empieza a los 90 y termina cuando la persona muere.

Después de los 50, Varella lo llama vejez saludable. "Nadie está sano después de los 50, sanos están los jóvenes, los viejos tienen siempre uno o muchos achaques que son propios de la edad. De lo que se trata entonces es de envejecer saludablemente; esto es, con los achaques controlados y sin complicaciones".

El experto señala que si la persona quiere saber cuánto vivirá y cómo llegará a esa edad debe ver o recordar a sus padres. "La carga genética es fundamental para establecer un pronóstico de vida. Quien tuvo cáncer o infarto antes de los 60 transmitirá los genes a sus hijos, por lo que la probabilidad de desarrollar las mismas enfermedades se incrementa. Lógicamente el desarrollo de una enfermedad crónica requiere la presencia de varios factores, el genético es solo uno de ellos".

Al igual que Sabo, Varella considera que la independencia es fundamental. "La principal pérdida que tiene un viejo es la soledad, lo habitual es que las parejas no lleguen a viejos juntas, siempre alguien se va primero con lo que se desequilibra todo. Comienzas a ser una carga para tu familia. Mi recomendación personal es que traten de no perder (mientras tengan lucidez) el control de su entorno, eso significa, por ejemplo: yo decido dónde y con quién salgo, qué como, cómo me visto, a quién llamo, a qué hora me acuesto, qué leo, en qué me distraigo, qué compro, en dónde vivo, etcétera. Porque cuando ya no puedas hacer eso te habrás transformado en un plomo completo, un lastre para la vida de los demás".

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