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Notas

De Chataing en Chataing

Un encuentro con Alejandro Chataing, el padre de Luis, sirve para constatar que es mucho el orgullo que siente, apellido arriba y apellido abajo, cuando se hace el recuento de logros individuales y aportes al país de la rama masculina de la familia, principalmente en el terreno de la arquitectura, pero también en los del humorismo y de la animación

por RAÚL CHACÓN SOTO  |  DOMINGO 8 DE JUNIO DE 2014
Fotos: Cortesía Luis Chataing
Alejandro Chataing Roncajolo es arquitecto, como lo fueran su padre Luis Eduardo y también su abuelo Alejandro. En otras palabras, Luis Chataing es descendiente de lo que puede denominarse con justicia como una estirpe de notables arquitectos a la que Venezuela debe mucho, no solo porque son los autores de innumerables obras físicas que asomaron la modernidad en este país sino también porque han jugado un papel primordial en lo que concierne a la formación de profesionales en esa área de estudio.

Pudiera pensarse que el hecho de que el otrora "Monstruo de la mañana" no continuara con la tradición familiar significaría una decepción. Pero no fue así. Es lo que asegura su padre, quien, por el contrario, dice que ni siquiera cuando el animador y humorista dejó los estudios universitarios hubo la menor preocupación acerca de su futuro, pues, si de algo estaba seguro, es de que ese muchacho tenía talento y creatividad.

En estas páginas, el papá de Luis cuenta a los Chataing en un recorrido con historia, pasión, orgullo, sinceridad y amor.

Alejandro Chataing Poleo

Nació en 1873 y es el bisabuelo de Luis. Fue el diseñador de la plaza de toros Nuevo Circo de Caracas, del Museo Histórico Militar, de la Academia de Bellas Artes, de la residencia presidencial de Cipriano Castro en El Paraíso, conocida como Villa Zoila, del Teatro Nacional, el Concejo Municipal de Caracas, el Archivo General de la Nación y los cine-teatros Ayacucho, Capitol y Rialto, entre muchas otras obras que le dieron una nueva cara a la capital durante los gobiernos de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. También es de su autoría el emblemático Arco de Carabobo.

La contribución de su abuelo fue enorme...
"En esa época no había muchos arquitectos. Cuando mi abuelo y mi padre se graduaron no existían estudios de arquitectura, lo que había era un doctorado en ciencias físicas y matemáticas en la UCV y eso equivalía a ser ingeniero civil. Muchas de las obras notables que quedaron de ese entonces eran obra de él, incluso la reforma de la Casa del Libertador. También el Hotel Miramar, en Macuto; su planta en forma de cruz era vanguardista para la época".

¿Llegó a conocerlo?
"No tuve esa suerte. Murió de 54 años, muy joven. Pero siempre ha sido un referente para mí. Es una referencia a través de los cuentos y anécdotas de mi padre".

Luis Eduardo Chataing

El abuelo de Luis nació en 1906 y murió en 1971. Su obra, la mayor parte concebida durante su gestión en el Ministerio de Obras Públicas (MOP) del gobierno de Pérez Jiménez, contribuyó enormemente a la modernización de Caracas y del país: reurbanización de El Silencio (junto a Carlos Raúl Villanueva), Liceo Andrés Bello, Aduana Marítima de La Guaira, Maternidad de Maracay, Colegio de Ingenieros, Aeropuerto Grano de Oro en Maracaibo, Club Tanaguarena...

Igualmente una obra de la que sentirse orgulloso...
"Especialmente de la red hospitalaria que él desarrolla ya siendo arquitecto: el hospital general de Valera, el de San Cristóbal, el de Ciudad Bolívar, el Hospital Militar de Caracas. Los hizo cuando estaba en la dirección de edificios médico-asistenciales del MOP. Hoy en día siguen siendo los grandes hospitales de Venezuela. Pero papá tiene otros méritos que valoro mucho más".

¿Cuáles?
"Fue uno de los fundadores de la primera escuela de arquitectura del país, que dependía de la Facultad de Ingeniería y hoy en día es la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV. La escuela tiene una importancia enorme en el desarrollo de la arquitectura en Venezuela".

Se entiende el valor que le da al aspecto educativo, ya que usted también es profesor....
"Yo conservo las clases que él daba, las escribía a mano. Tengo guardadas las anotaciones con sus dibujos. Papá era un magnífico dibujante. Lo último que dibujó lo hizo en España, cuando estaba exilado allá. Era para un libro sobre la ruta del Quijote, que nunca se llevó a cabo".

¿Por qué tuvo que exilarse?
"Porque aunque no fue afectado por aquella fobia antiperezjimenista que se desarrolló aquí (después de la caída de la dictadura), fue ministro y después contralor general de la nación".

¿Para usted significó algún problema esa vinculación con el gobierno de Pérez Jiménez?
"En lo absoluto. Fue un hombre honrado y muy honesto. Entregó la contraloría con cuentas claras. No huyó. Fue valiente".

Alejandro Chataing Roncajolo

El papá de Luis lleva ya casi 30 años como profesor de arquitectura. Estudió bachillerato en Suiza y luego, arquitectura en Italia y España, país al que llegó para acompañar a su padre en el exilio y donde se graduó. Regresó a Venezuela en 1964. Hoy es profesor en la Universidad Simón Bolívar. Tiene tres hijos, dos con su primera esposa, María y Luis Eduardo, y uno con la actual, Alejandro.

Toda una vida en la enseñanza...
"Y muy satisfecho. La parte educativa es muy importante, lo llena a uno muchísimo. No se me olvidan las palabras con las que mi padre comenzaba sus clases: 'Los felicito porque han elegido una de las carreras más completas y humanas...; y los envidio porque quisiera volver a tener la suerte que tienen hoy, de comenzar a estudiar esta gran pasión que es la arquitectura'".

¿Fue casual que todos siguieran esa carrera?
"Mi papá tenía dos hermanos, y el que se dedicó a andar con pinceles y con lápices fue él, que iba mucho a la oficina que tenía mi abuelo. Yo crecí entre planos y maquetas, entre olor a lápices, pintura y gouache. Nosotros somos cuatro hermanos, tres hembras y yo, el único varón, el único arquitecto".

¿Le importó que Luis no fuera arquitecto?
"No, en lo más mínimo. Luis Eduardo es tan creativo como yo en lo que él hace. Está dedicado a la creatividad todo el santo día. Un tío de su esposa, que es británico, me decía: 'Yo hago programas de la BBC, pero no los hago tan graciosos como su hijo. ¿Usted también hace radio? Y yo le respondí: 'No, yo no hago chistes, yo hago a los chistosos'".

Luis Chataing
"Esa persona que todo el mundo conoce como Luis Chataing no es mi hijo, es un personaje que él ha creado. Para mí es un individuo serio, dedicado, trabajador, que cuando llega a su programa, a las seis de la mañana, ya se ha leído todos los periódicos y ha revisado Internet. Yo soy uno de los pocos que lo llama Luis Eduardo. Estoy muy contento con lo que él hace. Soy uno de sus principales admiradores".

¿Se preocupó cuando dejó los estudios universitarios?
"No. Siempre fue un buen estudiante, muy inteligente, no necesitaba estudiar mucho para saber. Uno veía que era un individuo con decisión, seguro de sí mismo. Dejó los estudios de Administración en la Metropolitana porque eso no era lo de él. Era muy innovador. Recuerdo que estaba estudiando en el colegio Champagnat, sexto grado o primer año, y había que presentar un análisis de una obra. A él se le ocurrió, en lugar de escribirlo, hacerlo en video, lo que para esa edad era sorprendente. Yo fui el camarógrafo".

¿En qué se parece Luis a usted?
"En la creatividad, porque, a diferencia de mí, es un personaje muy ensimismado, muy cerrado. En lo familiar no es muy comunicativo. Hay que llamarlo para saber de él. No es un tipo que está conversando sus cosas. Él es un individuo muy dedicado a su madre. Ella es muy especial para él, y yo se lo celebro. Por cosas del destino decidimos separarnos. Él tendría alrededor de 11 o 12 años y se quedó viviendo con ella. Los fines de semana él y su hermana estaban conmigo".

Podría suponerse que la relación entre ustedes no ha sido fácil...
"Ha sido una relación muy difícil. Mentiría si dijera lo contrario. Ha sido así porque el divorcio lo afectó. Y, en cierta forma, él tomó partido por su mamá. Y, quizás, en ese momento tuvo un resentimiento hacia mí, porque no entendía que su mamá y su papá no fueran unas personas que él tuviera a la mano, juntas. Eso hizo que fuese una relación un poco distanciada, pero siempre estamos ahí, él sabe donde estoy yo, y yo sé donde está él".

¿Qué tiene Luis de usted?
"Podría decir que la bondad. En el fondo Luis Eduardo es un pan dulce. Que no le guste reconocerlo es otra cosa. Por su carácter. Pero en el fondo es así".

¿Qué quiere decir con eso de su carácter?
"Tiene un carácter muy recio. Eso es heredado de su madre, no de mí (risas). Y la gente que trabaja con él sabe que se está 'enfrentando' a un personaje al que se le teme en el estudio por disciplinado. A mí me recuerda mucho a Renny Ottolina".

¿En qué exactamente?
"Yo era un gran admirador de Renny. Incluso tuve la ocasión de verlo haciendo TV, en España. Ese día estaba en el estudio con la mamá de Luis, en ese momento mi novia. De pronto se voltea hacia un hombre y le dice: 'Usted es de la censura, ¿verdad?'. Era cuando Franco. El funcionario le dijo que sí, que venía del ministerio, y asombrado le preguntó cómo se había enterado. Y Renny le contestó: 'Si yo no sé lo que está pasando en mi estudio, no hago un programa en la TV'. Luis me recuerda a Renny por esa disciplina que mantenía en el estudio".

Luis también es gran admirador de Renny...
"Sí, claro, y eso me lo debe a mí. Incluso yo después fomenté la amistad con Renny. Fui director nacional de planificación con su movimiento, cuando él se lanzó a la política, y llevaba a Luis a las caravanas. Él lo conoció, pero era muy pequeño. Tengo fotos de una caravana y de Luis con una cámara de Super 8, grabándola".

¿Cuándo supo que su hijo sería tan exitoso como es hoy?

"Un día cuando me lo conseguí en la calle haciendo radio desde una unidad móvil. Yo venía escuchando la radio, era algo divertido y me preguntaba quién era esa persona, me sonaba la voz. Cuando me di cuenta de que era él y de que estaba en Las Mercedes, cogí pa'llá para ver qué era lo que estaba haciendo. Yo sabía que él estaba en la madrugada, pero esto era en la tarde. Por su éxito lo pasaron a la hora importante".



Luis Ignacio Chataing

¿Es su primer nieto?

"El segundo, tengo una nieta de 24 años, de María, que vive en Los Ángeles. Pero es mi primer nieto varón, el que tendrá bajo sus hombros el continuar el apellido. Somos pocos Chataing. A él y a Alejandro, mi otro hijo, les toca ahora continuar el apellido, ya Luis Eduardo lo hizo".

Dada la dificultad que tuvo Luis para tenerlo, ¿qué significa para usted?

"Yo siempre decía que su hijo era muy importante para mí, por el significado, pero que iba a ser importantísimo para Luis. Creo que a él le hará un bien enorme, porque va a humanizarlo más. Le dará una visión distinta de la vida; que no todo es trabajo, orden y disciplina, que hay otras cosas. Eso le va a hacer muchísimo bien".

¿Será arquitecto?

"Eso no lo sabemos. Pero ahora que lo pregunta, el otro día, en el bautizo, Luis decía: 'Yo no sé si será arquitecto, ingeniero, médico... lo que sí me gustaría es que, si algún día él estuviera revisando Internet y encontrara esta entrevista, aprendiera mucho sobre quién es y lo que puede llegar a ser'".
 


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