Minutos de lujo con Sofía Vergara

Es la actriz mejor pagada de la televisión estadounidense, según la revista Forbes, logro alcanzado a sus curvilíneos 40 años. "Estoy sacándole el máximo provecho a mi cuarto de hora de fama", dice, sin ningún complejo, la colombiana.

por ENMAR PÉREZ GARMENDIA  |  imagen: FOTO: ARCHIVO | DOMINGO 18 DE AGOSTO DE 2013
No bien Sofía Vergara había puesto un elevadísimo tacón en el escenario, reventó en la sala el eufórico centelleo de flashes que, por lo general, distingue a las alfombras rojas. La modelo y actriz colombiana estaba en Ciudad de México presentando su reciente campaña publicitaria para el detergente Ace, que la eligió como imagen en un comercial donde se hace parodia de las telenovelas.

¡Párate otra vez, Sofía!, pedía el nutrido grupo de reporteros gráficos. Vergara, entonces, hacía lo propio y prodigaba ante las cámaras su exhuberancia, contenida en un ajustado vestido blanco que dejaba un hombro al descubierto y acentuaba su figura de sirena.

"Blanco sin dramas" es el eslogan del detergente cuyas bondades promovía la barranquillera. Pero la actriz no es mujer de términos medios. Drama parecía pedir, pues, el sencillo atuendo que portaba ese día y, cómo no, allí estaba su alma latina para dispensárselo: cabellos color caramelo que bajaban en sinuosas ondas, ojos felinos acentuados con generoso maquillaje, risa amplia y voluptuosa con dientes perfectos y ¡bling! ¡bling! bling!, por cada flash que la alcanzaba, las brillantes joyas que la adornaban devolvían el destello: argollas de múltiples vueltas, pulseras y varios anillos, entre los que reinaba un enorme brillante de compromiso que le obsequió su pareja, el empresario estadounidense Nick Loeb. "Normalmente luzco como un arbolito de Navidad", comentó divertida y sin complejos en una entrevista que dio a Harper's Bazaar, haciendo alusión a su debilidad por llenarse de prendas.

"Estas joyas son todas de Lorraine Schwartz. Me encantan y me las pongo mucho", aclararía más tarde la colombiana en una breve charla con Estampas. "No puedo negarlo. Me encanta el lujo. Sobre todo cuando puedo dármelo yo misma", añadía, a la par que no dudaba en mencionar al dúo italiano Dolce&Gabbana y a la neoyorquina Vera Wang entre sus diseñadores definitivos. En cualquier caso, tan encumbrados gustos ya no generan tragedia en la chequera de quien, a estas alturas, se mueve con el boato de una luminaria de Hollywood: a sus recién cumplidos 41 años, Vergara aparece en la revista Forbes como la actriz mejor pagada de la televisión estadounidense en 2012, con un ingreso calculado en 19 millones de dólares. Si esto no fuera suficiente, en junio de 2013 alcanzó el puesto 54 en la lista de las 100 celebridades con mayores ganancias, con un estimado de 30 millones en beneficios. Su estelaridad, qué duda cabe, va ascendiendo como pompas... de jabón.

Una línea de ropa y accesorios para las tiendas Kmart, una colección de muebles para la firma Rooms To Go, avisos para Pepsi Diet y Cover Girl suman dentro del portafolio de Sofía, quien asimismo posee, desde 1996, una briosa empresa: Latin World Entertainment, junto a su socio Luis Balaguer. Buena parte de tal éxito, sin embargo, es de cuño reciente, tras la inusitada fama que alcanzó la actriz, en 2009, gracias al rol de Gloria Pritchett en la serie Modern Family, hit rotundo en el norte.

"A mí lo que me ha dado energía para trabajar no es la notoriedad ni el arte. Siempre he querido trabajar para hacer dinero, toda la vida me han gustado los negocios, así que en este momento estoy aprovechando mis 15 minutos de fama", admitía Vergara con total franqueza. "Debo explotar eso ahora que soy la novedad y que les gusta lo que hago, antes de que se aburran y me manden a callar", comentó en Vanity Fair. 

Pero nadie tiene, en la actualidad, ninguna intención de pedirle que selle su sexy boca. Al menos no mientras siga haciendo reír a 12 millones de televidentes en Estados Unidos, cuando exagera el acento latino en inglés y deforma el idioma con gracia en su rol de Gloria. Por este personaje ha sido nominada, por cuarta vez, a los premios Emmy, amén de contar con nominaciones anteriores a Los Globos de Oro y los SAG, entre otros prestigiosos galardones de la industria del entretenimiento. Un destino no previsto para quien afirma que en sus inicios jamás contempló la actuación como medio de vida.

"Nunca pensé que iba a ser actriz. Sí sabía que podía ser graciosa porque de joven era el payaso de mi clase, pero de ningún modo imaginé que podía actuar ni ganarme la vida haciendo reír a la gente", decía Vergara, quien se inició en estas faenas como modelo, a los 17 años, y se mudó a Miami, en 1995, cuando Univisión la contrató para presentar un espacio de viajes. Antes, estudiaba odontología, se había casado y había dado a luz a su hijo Manolo, que ahora tiene 21 años.   

Hacerse de un Oscar, pues, no es asunto que le robe el sueño a la colombiana, quien por ello no se priva de seguir asumiendo riesgos: entre 2013 y 2014 aparecerá en cuatro filmes. Uno de ellos, dirigido por el actor John Turturro, junto a un elenco que incluye a Woody Allen, Liev Schreiber (X-Men) y Sharon Stone. Otro llegará a las salas en septiembre: Machete Kills, bajo la batuta del tejano Robert Rodríguez (Spy Kids). En esta última película, su personaje, Madame Desdemona, portará un erótico brassier  calibre 34D , desde el que disparará con sus pechos.

"Trabaja con lo que tienes" (Work what you got), se lee en el anuncio de su línea de ropa. "Por cada 100 papeles que le calzan a cualquier actriz, apenas hay dos que se ajustan a alguien como yo explicaba en Self. Yo no puedo interpretar a una científica, sé quien soy, como luzco y como sueno. No voy a decirle a mi agente: 'quiero audicionar en La lista de Schlinder 2'".

Al menos no puede acusársele de no tener los estilettos bien anclados en la tierra. Lo que Sofía no posee por estas fechas es tiempo y el suyo se está cotizando más alto que el oro. No en balde, su paso por la capital mexicana fue una suerte de exhalación que dejó picor en los medios locales, para quien Sofía Vergara representó una estrella fugaz no dispuesta a cumplir deseos. Casi una alucinación. El huidizo tránsito de una luminaria que se sabe en el cielo... con diamantes.

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