A la universidad con los monstruos de Pixar

Monsters University, el próximo estreno de los estudios que fundara Steve Jobs, llevó a Estampas hasta su sede en San Francisco para averiguar cómo se hace una pieza animada, por lo general, cum laude.

por ENMAR PÉREZ GARMENDIA  |  DOMINGO 16 DE JUNIO DE 2013
No han pasado 20 años. Pixar, esa asombrosa factoría de filmes animados que hiciera su debut en 1995 con Toy Story, apenas podría comparar su trayectoria -como productora de películas comerciales- con la vida de un adolescente. Uno con ventaja en los genes, eso sí: con 13 historias ya estrenadas -frecuentemente alabadas, siempre exitosas en taquilla y, en su mayoría, ganadoras de premios-, los jóvenes estudios se esmeran por demostrar que su linaje es el de Steve Jobs. En 1986, el fundador de Apple invirtió 10 millones de dólares en The Graphic Group, una pequeña división de efectos especiales de LucasFilm que, a la larga, se transformó en esa formidable criatura que es hoy día el paradigma de la animación computarizada. En 2006, Disney adquirió Pixar por 7.400 millones de dólares y el virtuoso John Lasseter, cerebro de Toy Story y cofundador junto a Jobs, tomó las riendas como director creativo de ambos estudios.

Cuando cualquier "manganzón" de 18 años apenas estaría ingresando a la universidad, este descendiente del genio de Apple -que, en rigor, cumpliría 27 en sus andanzas- es hoy día la universidad misma, la referencia inevitable cuando de la vanguardia en animación digital se trata. Sus filmes, por excepcionales las más de las veces, se han convertido en la regla cada verano. "Una de Pixar" es, a estas alturas, prácticamente un deber no solo para las familias sino también para fanáticos en rangos de edades que no resisten clasificaciones.

Pasa que ya se asoma el verano y que las hormonas de Pixar están alborotadas con su más reciente estreno: Monsters University, no la secuela sino la precuela de Monsters Inc. (2001), cuyo lanzamiento, en este país y el mundo,es el 21 de junio. Sus protagonistas, los monstruos Mike y Sulley, expertos en el arte del susto e ídolos de la primera, fueron devueltos, justamente, a sus días de adolescencia -como para temerles, ciertamente-, cuando las horas transcurrían en un campus universitario y el futuro no era todavía una certeza. Cuarenta minutos del filme, proyectados a la prensa internacional en la sede de Pixar en Emeryville, San Francisco, fueron suficientes para presagiar que 2013 será -nuevamente- un año cum laude para los pixarianos. Asimismo fueron excusa para que los decanos de la animación digital -iluminación, historia, diseño de personajes, fondos, guías de animación, composición- brindaran a los periodistas clases magistrales acerca de cómo lograron su más reciente maravilla.



"La historia, el relato, personajes que permanezcan en la memoria". Es lo primordial y lo que constantemente saca a relucir el equipo de Pixar, una premisa fundamental en cualquier filme, animado o no. Cuentos hay por miles, pero la prioridad es lograr abrir las compuertas del asombro con lo narrado y dotar de alma a lo que, de otra manera, terminaría siendo tan solo un hermoso cascarón.

"Pienso que la buena animación tiene menos que ver con las herramientas que con la calidad artística. Creo que es en eso en lo que conseguimos superarnos cada vez más", decía a los medios Kori Rae, productora de Monsters University. "La tecnología no es el motor de nuestros filmes, solo ayuda a los creadores a hacer su trabajo lo mejor posible", agregaba Dan Scanlon, quien ha tomado el testigo como director de las manos de Pete Docter, ojo rector de la primera.

Doce años han pasado desde el estreno de Monsters Inc., aquel cuento delicioso que se le ocurrió a Docter, inspirado en sus miedos de la niñez sobre la existencia de ogros debajo de la cama. Los monstruos Sulley (azul, peludo y con la voz original de John Goodman) y Mike (verde y con un solo ojo, asumido por Billy Cristal) conformaban un dream team a la hora de asustar a los niños con el único fin de que los gritos infantiles proporcionaran la energía necesaria para que su mundo sobreviviera. Pero he ahí que, de su lado, estas criaturas también temían a los pequeños. Cuando la diminuta Boo -uno de los personajes más dulces que ha creado Pixar- traspasa la puerta que divide los dos universos, el par se ve en la obligación de hacer lo posible por evitar un big bang en su Monstrópolis.

"Sabemos que la audiencia adoró a Boo, pero no tenía sentido que apareciera en esta película porque escogimos relatar cómo se hicieron amigos estos dos sujetos que, cuando se conocieron, no se soportaban -refería Scanlon. La época en la universidad era ideal porque tiene que ver con autodescubrirse, con averiguar quién eres realmente y es cuando, quizá, se hacen los mejores amigos".



Los días de college, asimismo, dieron pie para secuencias inspiradas en cualquier filme clásico de universitarios -fraternidades y ratos "levemente salvajes" incluidos. Una cantera idónea para dar rienda suelta a las ocurrencias de una fauna cuyas características físicas se clasifican por cuántos ojos, cabezas, pelos, patas o alas poseen.

"Aunque no mantuvimos en mente alguna de estas películas en particular, vimos muchas. Una cosa que notamos es que, no sabemos por qué razón, la mayoría parece estar ubicada en los ochenta -recordaba el director. Todo era excesivo en esa época. Así que le dimos un toque por el estilo a ciertos momentos".

En suma, fueron cuatro años de trabajo y 260 personas involucradas para lograr 110 minutos "perfectos", en todos los sentidos. La perfección, en este caso, se asume literalmente. Cada departamento se apoya en la vanguardia tecnológica -o la crea- y hasta los detalles más minúsculos -que el grueso de los espectadores ni siquiera presentirá- son tomados en cuenta. "La audiencia tiene un ojo cada vez más educado y lo que hace 12 años se veía espectacular hoy no lo es tanto -compartía Dan Scanlon. Cada nueva película de Pixar termina representando una ruptura en el terreno tecnológico".

Bajo esta premisa, el monstruo Sulley, por ejemplo, logró doblar su pelambre -comparado con su aspecto en Monsters Inc.- hasta alcanzar cinco millones y pico de hebras individuales. Asimismo, el departamento de iluminación ahora puede disponer de entre 300 y 500 fuentes de luz para que reboten de un lado a otro y, ponga usted, la sombra de una bandera que ondea en un edificio se refleje exactamente como debe ser sobre la grama, a la par que todo ser que pulule por la zona haga lo propio.



De su lado, los equipos de arte invirtieron semanas concibiendo los detalles que adornan la arquitectura del campus universitario y fueron muchas las idas y venidas para dar con las 300 imaginativas criaturas que se moverán en la pantalla. Todas partieron de seis formas básicas -incluyendo las tipo "hongo" y los "babosos"- y no importa cuántas divise "el ojo educado" del espectador al que aludía Scanlon, todas se deslizarán apropiadamente y contarán con implementos que harán posible su tránsito, sin contratiempos, por su casa de estudios. Finalmente, cuando se pensaba que, al menos, los personajes Mike y Sulley eran un paso superado, surgía la incógnita: ¿Y ahora cómo hacemos para que una bola con un ojo y dos patas luzca más joven..?

Para los pixarianos cualquier esfuerzo está lejos de ser en vano. El resultado es un chispazo de colores, imaginación y entretenimiento que, al menos en sus primeros 40 minutos, aplica para ubicar al filme entre los primeros de su clase. La prueba final será ante la audiencia. Desde ya: Go Monsters!

Participa (envíanos tu comentario).

 

Comentarios (1)

Emibel Ducharne
18.06.2013
3:50 PM

Comentario 5527715

Desde que vi Monsters Inc, quedé prendada de Zully y Mike Ellos me encantan.


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