Ruddy Rodríguez: "Nunca me sentí bonita"

La actriz aceptó el reto de interpretar a una mujer de 75 años en La casa del fin de los tiempos, que se estrena en junio

por MARÍA GABRIELA MÉNDEZ  |  imagen: ANÍBAL MESTRE | DOMINGO 26 DE MAYO DE 2013
Quiero ser una artista que recuerden por mi sobriedad, dice Ruddy
El debut de Ruddy Rodríguez no llegó con las telenovelas. Su primera gran actuación fue cuando decidió subirse a un par de tacones, permitió que la depilaran por primera vez y aceptó que le peinaran los rizos. Es decir, cuando hizo de Miss Anzoátegui, en 1985.

"Me extrañó porque nunca me sentí bonita, nunca me sentí una mujer glamorosa", cuenta hoy la actriz, mientras un peluquero le riza largos mechones en una peluquería de Bogotá.

Ella, que había preferido el beisbol y la cacería de insectos antes que las muñecas; que jugaba con sus hermanos mayores y no estaba pendiente del maquillaje, se quedó de una pieza cuando le propusieron entrar al concurso de belleza más importante del país.

En aquella época, la jovencita guardaba un as: estudiaba teatro y estaba lista para actuar. Solo faltaba el papel.

"Yo me preguntaba, ¿cómo hago para que no me cueste tanto esto? Pues nada, por imitación y por ser artista. El arma más poderosa que puede tener un actor es su interpretación. Si hay que interpretar glamour o ser Miss World Venezuela, lo hago".

Interpretó el rol, y parece que lo hizo bien. Aunque llegó solo mes y medio antes del certamen (las demás tenían ocho meses ensayando), Ruddy se llevó la corona de Miss World Venezuela y representó al país en Londres, donde quedó como tercera finalista.

"Me empecé a sentir bonita. Claro, no es lo mismo ser bonita con plata a ser bonita 'pelando'. Los trajes me los prestaban. Mi papá, que había sido sastre, ayudaba a transformar los vestidos. Mi mamá los bordaba", cuenta.

Sus habilidades histriónicas también le sirvieron para sortear las elegantes cenas a las que debía asistir como Miss: "Yo no sabía cuál de los tres tenedores agarrar". Ruddy observaba, imitaba, actuaba. "Ahí yo me gradué", dice sin pudor.

Con el mismo arrojo le dijo que sí a Alejandro Hidalgo, escritor y director del filme La casa del fin de los tiempos, cuando le propuso meterse -literalmente- en el pellejo de Dulce, una mujer de 75 años con cierto deterioro mental y físico. La película, que se estrena a mediados de junio y se anuncia como la primera cinta venezolana de terror y misterio, mostrará lo que es capaz de hacer esta actriz con 28 años de carrera.

Para ocultar su belleza y lucir muchos años mayor, Ruddy soportó sesiones diarias de diez horas de maquillaje, que empezaban a las tres de la madrugada y terminaban a la una de la tarde. El maquillador y caracterizador argentino Alex Mathews, responsable del maquillaje en el filme El secreto de sus ojos, fue el encargado de la transformación física. Ella hizo el resto: se encorvó y aprendió a fumar.

¿Por qué aceptó hacer un personaje mucho mayor?
"Para cualquier artista eso es un reto. Porque ahí te estás jugando otras cosas, en la vida no todo es plata; buscas la plata por otro lado o en otra novela, en otra cosa. Si ves a Charlize Theron, Brad Pitt o a Tom Cruise en Colateral, piensas: 'yo también me la juego'. ¿Qué tienen ellos que no tenga yo? Hollywood. Cuando me vi en el espejo me sorprendí".

También se sorprendió hace poco, cuando vio un video del concurso Miss World donde le preguntan cuál es su pasión: "Doy clases de natación y estudio teatro. En el futuro quiero ser una gran actriz", dijo la jovencita de entonces 18 años.

"Yo pensé: 'uy, qué chiquita, pero ella sabía lo que quería'. Eso me encantó. Se me aguan los ojos porque yo dije eso, guao, ¡yo he hecho eso! Entonces está bien, he sido consecuente con mis pensamientos y mis deseos".

Por eso, siempre que puede, lo repite: ella es la única que fue actriz antes de ser miss. No le gusta que la metan en el mismo saco de todo el mundo: "Yo no soy como todas ellas, primero fue el teatro y después lo otro".


"Nunca he probado drogas"
Dejar de ser la chica sencilla que había crecido en Montalbán, en Caracas, para transformarse y mostrar su lado más bello y sexy no fue tan fácil. Su gran temor -y el de sus padres- era que el mundo artístico cambiara su forma de ser.

"En este negocio hay que tener unas bases sólidas en valores. Mis padres me dieron una buena educación, y no tiene que ver con plata. Yo vengo de clase media baja, de escuela y liceo público, pero siempre tuve valores. Por eso yo me siento tan identificada trabajando con El camino de la felicidad. Mis padres me dejaron volar. Yo soy quien soy gracias a ellos, eso lo tengo clarísimo.

Una vez Ruddy dijo que nunca ha probado drogas. Primero no le creyeron, después le dijeron mojigata: "Nunca me he dejado llevar por la ola. Todo lo que parece que es moda yo no lo hago".

"Siempre he tenido alrededor personas superpositivas que me han visto como un producto, pero un producto estable. Se sienten cómodas trabajando conmigo porque no voy a salirles con una borrachera o a drogarme ni nada de esas cosas. Eso me da credibilidad y eso me lo he ganado yo, porque eso soy yo. No puedo ser la artista que se monta en un escenario con una botella de whisky, no puedo, no quiero. Yo hago otro arte distinto, si me lo compran, bien; y si no, no hay rollo. Hay gente para todos los gustos. Eso no te lo enseña nadie, eso viene contigo. Quiero ser una artista que recuerden por mi sobriedad, no por mi seriedad. Yo soy muy divertida. Respeto mi oficio. Si yo lo irrespeto, ¿quién va a respetarme a mí? Nadie".


"No tengo egoteca"
En 1987, menos de 30 segundos en pantalla bastaron para adjudicarse el título de "la primera chica Bond latina", en el filme del agente 007 The Living Daylights, junto a Timothy Dalton. Ella sabía que no era un gran papel, pero sí que le serviría para empezar a proyectarse. Y aprovechó el envión para sacarle todo el provecho. Fue portada de muchas revistas y mostró sin tapujos su belleza.

En 1992 lanzó su primer calendario, donde se mostraba todo el esplendor de su cuerpo. Tuvo tanto éxito que se repitió por varios años. Pero luego decidió dejar atrás esa faceta: "Yo pasé de ser la reina de los calendarios a esconderme y guardarme para hacer personajes donde la gente no me viera tanto el cuerpo".

Ruddy Rodríguez ha protagonizado telenovelas, series, obras de teatro, películas; ha sido presentadora de varios programas y ha estado en portadas de revistas más de 150 veces. Pero de toda su carrera no guarda ni una sola entrevista publicada: "Yo no guardo nada mío, no tengo egoteca, nada de recortes ni fotos".

Hace pocos años le pidió a su mamá que botara ese montón de recortes de prensa que había atesorado. "Eso trae cucarachas", le dijo. Y así la convenció de hacer una hoguera de las vanidades en el patio de su casa en Montalbán. "Yo quemé toda mi vida desde el año 1985 para acá. Sentí una liberación. Mi mamá estaba cuidando un pasado mío, de gran orgullo, yo lo comprendo, me enorgullece a mí también, pero no hago alarde. Me enorgullece, pero calladita".

No se debe vivir del pasado, dice: "Sé lo que hice, sé lo que me ha hecho famosa y lo que ha marcado mi vida. Pero también quiero ver qué me depara el futuro".

¿Es cierto que no le gusta verse en pantalla?
"No veo las escenas, no chequeo escenas. Es que si no, uno se vuelve muy autocrítico y fastidia mucho. Confío en los demás. Siempre pido que me cuiden. Me cuesta mucho confrontarme, verme en pantalla. Me vuelvo como vulnerable. No le tengo miedo a nada, pero cuando me veo en pantalla empiezo a escurrirme en el asiento. No disfruto verme. No sé por qué".


"Creo en la reconciliación"
"Políticamente a mí no me interesa tener ninguna posición", dice Ruddy cuando le preguntan por sus simpatías políticas y los recientes pronunciamientos de sus colegas.

"No me dejo meter en el saco. Respeto a los artistas que lo hacen. No quiere decir que esté de acuerdo, pero los respeto. Porque lo que yo defiendo es la tolerancia con las demás personas y esto lo he mantenido en todos mis años de carrera. No me interesa una Venezuela dividida. De mí no pueden decir que soy de un lado o del otro. Yo no actúo para un lado, ese no es mi trabajo, ni tomar una posición y ser radical. Porque un artista se debe a su público, no a los políticos. Nunca hablo de mi parte política porque yo sé que soy una persona influyente, que tengo poder, que si yo digo algo van a creerlo".

¿Es posible la reconciliación de los venezolanos?
"Yo sí creo en la reconciliación, yo sí me pongo a hablar donde me pongan, yo sí lo hago. Pero lo hago por Venezuela, no por algún candidato. Venezuela es más de dos personas. Lo haría por el país porque me duele".

¿Qué pasaría si la llamaran para hacer un plan de reconciliación?
"Yo voy y lo hago, con tal de que no me agarre ninguna tolda política, porque es que no me dejo. Y no me he dejado en todos estos años. Quiero ayudar a los dos bandos, pero para que se vuelvan a reunir. En qué cabeza cabe que dos hermanas no se hablen por diferencias políticas. A mí eso me parece tan tercermundista, tan mal. Nunca he visto tanta enemistad entre las familias como ahora".

¿Por dónde empezaría?
"El primer paso es bajar el armamento verbal, tratar de reconocer la bondad que hay en el supuesto enemigo, que no es enemigo, es tan venezolano como tú. Lo que pasa es que tú decidiste jugar a ser enemigo. Dialogar, todo se resuelve con diálogo. Volver a reconocer quién era el de al lado".

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