Javier Vidal: La esperanza nos paraliza

Su obra Diógenes y las camisas voladoras sigue capturando audiencias y continuará presentándose hasta finales de abril.
El montaje reflexiona sobre la locura y la política a partir de un hecho real de la historia venezolana. Desde las alusiones a su oficio, el multifacético artista revela sus opiniones sobre la actualidad, con una lucidez alejada de lo que entiende como la insania de la "neutralidad"

por EFRAÍN CASTILLO  |  DOMINGO 21 DE ABRIL DE 2013
"No soy político. Soy un artista, polis, público, político. Detesto las blandas neutralidades. Gracias: arte es política". Lo escribió recientemente en su cuenta de Twitter @javiervidalp el actor, dramaturgo y director, quien acumula más de 30 años de carrera en cine, teatro, radio y TV. El mensaje respondía a una seguidora en la red social que le aconsejaba "dejar la política a los políticos" y limitarse al trabajo por el que es conocido: "actúe, que es lo suyo".

Pero Vidal se niega a callar tanto como evita la pasividad artística. Por estos días finaliza una nueva temporada de Diógenes y las camisas voladoras, obra de teatro que escribió y protagoniza y que, precisamente, se ocupa de la política reflexionando sobre el país y su destino a partir de un hecho histórico: la repentina locura de Diógenes Escalante, quien, en 1945, era precandidato presidencial para las elecciones de 1946 y, por ser civil y diplomático de carrera, contaba con el apoyo de distintos sectores del país. No pocos analistas consideran que la pérdida de juicio de Escalante detonó el golpe militar que derrocó a Isaías Medina Angarita ese mismo año, un hito que alejó al país de la ruta civilista que comenzó tras la muerte de Juan Vicente Gómez.

Como dice que el teatro es un espejo de la realidad, Vidal aceptó dar rienda suelta a su agudeza crítica partiendo del arte que practica.  Se abre el telón para don Javier. Este es el resultado, por cierto nada condescendiente.

¿Cómo se ve y actúa el país desde el teatro?
"Fácil: cuando lo ves, eres simple espectador; si actúas, todo un protagonista. Yo soy protagonista de este país".

¿Cabe una nación entera en una obra o siempre hay exclusiones sobre la tarima?
"El país solo sube a la tarima cuando hay conflicto, drama, acción. Luego, se trata de una metáfora de la exclusión".

Su más reciente montaje reflexiona sobre la locura y la política venezolana. ¿Este país ha tenido sano juicio?
"La insania de Venezuela nunca ha sido justa".

¿Qué hubiera sido de Venezuela si Diógenes Escalante no pierde la cordura?
"Un país iluminado de civiles civilizados".

En Diógenes... usted revisa la historia para retratar el país desde la ficción. ¿Cuánta memoria hace falta para entender la realidad?
"La memoria no sirve para entender la realidad. La realidad no se entiende al caletre. Se entiende comprendiéndola línea por línea".

Perder el juicio: ¿condena de esclavitud o el mayor ejercicio libertario del hombre?
"Solo puede perderse algo que se tiene. Nosotros estamos en etapa de encontrar juicio".

El teatro: ¿elogio a la demencia o enajenación necesaria para permanecer cuerdos?
"Los actores conocemos el juego del otro: enajenación, en ajeno, en 'otro'. La otredad. Si sabes jugar, no enloqueces".

¿Cuál es la mayor insania de un artista?
"Creer que la verdad existe".

¿Y el mayor acto de sensatez?
"Aceptar que el arte es una mentira".

El teatro frente al poder: ¿brazo de propaganda o mazo crítico?
"Brazo, mazo y antebrazo crítico".

¿Y qué pasa cuando el arte del teatro calla?
"En el teatro hasta los silencios son elocuentes. A veces gritan como los de Beckett y Pinter".

¿Qué requiere el teatro nacional: reflexión o espacio?
"Espacios de acción y reflexión".

¿Y el público venezolano?
"Distinción".

A propósito de locuras y corduras colectivas, ¿qué título le pondría a una obra sobre nuestro tiempo?
"¡Ahí vienen los chinos!".

Por esa locura llamada intolerancia los espacios culturales parecieran tener muros invisibles. ¿Cómo derribarlos?
"Reconocer al antagonista para entender el conflicto dramático. El nudo es el muro, desenlace de pecado y redención".

Si usted fuera ministro de cultura, ¿cuál obra pediría representar como primera medida?
"La tragedia de los perdedores: Troyanas".

El venezolano: ¿Sigue "esperando a Godot" o vive el eterno dilema de Hamlet?
"Vladimir y Estragón, en nuestra encrucijada, siguen en ese dilema. La esperanza nos paraliza".

Isaac Chocrón decía que la revolución comienza por uno mismo. ¿Cuál es la revolución de Javier Vidal?
"La revolución es un giro de 360 grados. Tanto movimiento para permanecer en el mismo lugar no va conmigo".

Si todos somos animales políticos, ¿por qué algunos artistas siguen "actuando" la neutralidad?
"Porque son solo 'animales'".

La vida: ¿tragedia griega u ópera bufa?
"La vida no es un género literario. Inspira, expira y, a veces, aburre".

¿Es Dios un buen dramaturgo?
"Dios es el mejor personaje que el hombre ha construido en el tinglado de la religión".

¿Cuál ha sido, entonces, el mejor texto de Dios?
"El hombre se lo ha escrito a Él. Yo me quedo con el Antiguo Testamento".

¿Y el que todos deberíamos olvidar?
"Para olvidar, primero debemos recordar".

¿La frase teatral preferida de Javier Vidal?
"'La mayoría nunca tiene la razón' de Un enemigo del pueblo".

¿Y la que nunca quisiera escuchar?
"'Alcalde, aquí tiene el cheque'", de La visita de la vieja dama".

José Ignacio Cabrujas decía que escribía para lamentarse de sí mismo. ¿Por qué escribe y actúa Javier Vidal?
"Actuar no es una profesión, es una pasión. Y escribo por la necesidad de 'espejear' (valga el neologismo) mundos paralelos".

¿El show siempre debe continuar o a veces es necesario "hacer mutis por el foro"?
"En teatro, que es la perfección, sólo hacemos 'mutis' cuando lo impone en texto".

Dramaturgo, director, actor, productor y hasta docente... ¿No es todo eso un acto de locura?
"Es el Verfremdungseffekt o distanciamiento brechtiano. Entrar y salir de los personajes sin alienarse y menos alinearse".

¿Qué quisiera que dijeran de usted cuando baje su telón?
"Un cómico que escribió pequeñas piezas de teatro y amó a su gran familia".

Y si llega al cielo, ¿qué le gustaría representar ante Dios?
"Primero haría una parada en el infierno para aproximarme a la justicia divina. Ya en el cielo, si es que me aburro en el averno, montaría La pulga en la oreja para hacer reír a Papá Dios".

Las palabras son poderosas. ¿Alguna vez las del teatro cambiarán el mundo?
"Nunca un espejo ha cambiado el rostro de un hombre. Solo es su revés. El mundo cambia el teatro porque este lo "espejea" (y vuelta con el neologismo)". 


efcastillo@eluniversal.com

Coordenadas
Diógenes y las camisas voladoras
Teatro Santa Fe. Caracas
Sábados: 8:30 pm. Domingos: 6:30 pm. Hasta el 28 de abril

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