Los rostros detrás del manto

La limpian, peinan, visten y guardan -con recelo- algunos secretos de la preparación. Varias generaciones de 'vestidoras' de la Divina Pastora se reúnen y comparten la experiencia de desempeñar esta celestial labor

por ORNELLA MÁRQUEZ  |  DOMINGO 13 DE ENERO DE 2013
Un momento de mucha "espiritualidad", "sencillamente celestial", "lleno de gracias y bendiciones", es como 'las vestidoras de la Divina Pastora', definen la oportunidad de arreglar a la patrona larense. Palabras que, según todas en consenso, se quedan cortas al tratar de describir la sensación de estar cara a cara con ella, sin los vidrios de su cajón como barrera.

La tradición de que fueran mujeres de Santa Rosa las encargadas de arreglar a la sagrada imagen se inició en 1968 con la creación de la Sociedad Divina Pastora de Santa Rosa, una iniciativa del Monseñor Raymundo González Pérez. Desde entonces, vestir y cuidar a la imagen dejó de ser una labor de la Sociedad Divina Pastora de Barquisimeto para ser misión de esta nueva delegación.

Pastora Peña e Inés de Jiménez fueron algunas de las primeras santarroseñas que comenzaron esta tradición. Con el tiempo otras se unieron, entre ellas María Leonor Jiménez y María Magdalena González, conocidas como Las Marías, quienes en 2009 cedieron el puesto a Yajaira Sánchez y Carmen Pérez, a quien actualmente la secunda Inginia de Sequera. Pero como ellas figuran otras damas cuyo fervor y voluntariado apostólico las han llevado a estar al frente de los cuidados de la sagrada imagen. Hoy se muestran y comparten sus anécdotas.

Sin palabras...
Bajo la tutela de Las Marías, Carmen Pérez comenzó a prepararse en marzo de 2009 para asumir la misión junto con Yajaira Sánchez. Se ocupó de la sagrada imagen hasta el 8 de septiembre de 2011, cuando las responsabilidades y su horario como administradora de Cáritas Diocesana de Barquisimeto, le impidieron continuar.

Aún así sigue cerca, pues es parte del coro parroquial y se mantiene activa en Santa Rosa. Para ella no hay requisitos o méritos para ser 'vestidora': "Tiene más que ver con la comunión entre la fe y la vida; ser una persona que hace el bien e imitar el ejemplo de la virgen María con humildad y docilidad ante Dios".

Escondidas en el tiempo
Creen que muchos se sorprenderán cuando vean sus caras y se enteren que ellas eran 'vestidoras'. "Pero así era antes... muy reservado, poco se decía de quien o quienes la vestían", afirman Emilia Mujica y Marbella Ríos, quienes cumplían con esta labor a principios de los años ochenta, cuando Monseñor Raymundo González Pérez, era el párroco de la iglesia de Santa Rosa.

Emilia, una veinteañera en ese entonces, lo hizo durante casi una década. Su hermana Inés la acompañó al principio, pero cuando no pudo continuar la reemplazó su prima Marbella, quien ahora cuenta: "Tenía 18 años. Estuve con Emilia hasta que cumplí los 25. No continué porque me casé y necesitaba dedicarme a mi familia". Recuerda que en esos años parte de la costumbre era lavarse las manos, confesarse y ofrecer una oración a la Virgen antes de comenzar a limpiarla y colocarle los atavíos.

Además de una devoción que es parte del sentir santarroseño, Marbella explica otras razones que fortalecen su fe: "cuando estaba pequeña mi hermana estuvo muy mal de los riñones. Mis padres se la encomendaron a la Virgen y a los días, un nuevo examen demostró que no padecía de nada", dice con los ojos aguarapados.

Labor de privilegio
Su tiempo transcurre entre su trabajo en un pequeño abasto en las adyacencias de Santa Rosa y las clases que imparte por las tardes en su casa. Pero en su etapa de veinteañera, Yolanda Burgos desempeñó una labor más celestial.

"Duré unos meses vistiendo a la Virgen. Tras la muerte del Monseñor Raymundo González Pérez, en agosto de 1989, el padre Pablo Fidel González asumió las riendas de la parroquia. Estuve en esa transición desde septiembre de 1989 hasta febrero de 1990".

Su rostro se ilumina cuando recuerda la sensación de estar tan cerca de la esfinge mariana. Tanta puede ser la conexión que Yolanda, como muchas otras 'vestidoras', ya no camina la procesión: "Lloro mucho. Prefiero participar en la bienvenida que se le da cuando regresa a Santa Rosa".

La 'madre' de las vestidoras
Aunque su labor cesó hace casi cuatro años, a María Leonor Giménez siguen considerándola la matrona del clan, y no es para menos, pues lo hizo por 25 años.

En los años setenta, durante cuatro años, actuaba como ayudante de Pastora Peña e Inés de Jiménez, su suegra. Desde 1989 hasta 2009 siguió con el sacerdote Pablo Fidel González. Por este período compartido con María Magdalena González, fue que comenzaron a llamarlas 'Las Marías' y son, hasta ahora, quienes por más tiempo arreglaron y vistieron a la Excelsa Patrona.

En esas más de dos décadas conoció tan bien a la imagen que, en cuestión de segundos, puede diferenciar la reliquia de la réplica.

También afirma que sus ojos son tan expresivos, "que a veces parecen que te hablan" y que lo más laborioso no es vestirla, "sino acomodarle la cabellera para que luzca perfecta".

Las Marías cedieron sus puestos porque "no se es eterno. También estuve enferma de hospitalización, así que era momento de preparar a otras personas", dice la matrona, quien de vez en cuando ayuda y aconseja a las nuevas 'vestidoras'.

Las últimas herederas
La fe y voluntariado apostólico llevaron a Yajaira Sánchez e Inginia de Sequera a heredar la misión que durante dos décadas realizaron Las Marías. Yajaira recuerda que cuando el sacerdote Pablo Fidel González la llamó para ofrecerle esta oportunidad, sintió miedo y nervios por la gran responsabilidad que implica velar por la Divina Pastora. Su primer encuentro se produjo cuando la reliquia se encontraba fuera de Santa Rosa, en la Iglesia de San Francisco de Asís.

En Inginia, la veneración proviene de su madre y su abuela, quienes ofrecían la gallina más bonita de su criadero a la Divina Pastora. Pero su fe se fortaleció por una experiencia. Con apenas ocho meses, uno de sus hijos fue hospitalizado por una arritmia cardiaca. Los médicos no eran optimistas. Contra los pronósticos, Inginia encomendó su hijo a la Virgen. Cuando regresó al hospital, el bebe fue sacado de cuidados intensivos y, tras practicarle un examen, la afección había desaparecido. Por eso, dice que ser una 'vestidora' es una bendición y una forma de dar gracias.

Participa (envíanos tu comentario).

 

ESPACIO PUBLICITARIO
BLOGS

¿Cómo puedes dirigir una empresa, si no puedes dirigirte a ti mismo?

En la mente humana habita el bien y el mal, la locura y la cordura, el amor y (...)

Solo de cine, RAÚL CHACÓN SOTO

¿Qué ver del Festival de Cine Español?

Este 24 de octubre empieza uno de los festivales de cine más esperados por los (...)

Un Gazpacho especial para los niños

En España, cada casa tiene su receta de gazpacho. Y como cada quien lo prepara (...)




 
Cerrar
Expandir