El valor de Don Joaquín Riviera

Ocho principios describen las ocho décadas de vida a las que arriba este 26 de diciembre el productor insigne de Venezuela. ¡Feliz cumpleaños, mister Riviera!

por VERÓNICA PÉREZ  |  DOMINGO 23 DE DICIEMBRE DE 2012

Asomarse a la vida de Joaquín Riviera es, de cierta manera, rememorar los últimos 80 años de historia popular en América Latina, cuarenta y tantos de ellos del anecdotario de Venezuela. Es recordar el brillo de los años cincuenta en La Habana; es la imponderable salida de Cuba en pro de una libertad sin limitaciones; es mirar un sin fin de acontecimientos retratados en las coloridas luces de un show televisivo. En fin, es ser testigo de la vida de un hombre que ha sabido dirigir sus caminos, a veces bajo el cenital y, otras, detrás del escenario.

Don Joaquín -o "Señor Joaquín" como le llaman muchos con ese respeto que ha obtenido gracias a la experiencia- llega al peldaño número 80 con la misma voz ronca que lo hace fácilmente reconocible, iguales bríos del bailarín del Tropicana de antaño e idéntica fortaleza juvenil.

Son muchas las razones para festejar el cumpleaños de este "animal del espectáculo", pero, sobre todo, la celebración podría resaltar esos valores que Joaquín Riviera conserva y que lo han convertido en un icono de la televisión. Principios que todo el que se precie en llamarse productor debería tener en la libreta de anotaciones y bajo la manga.

Arrojo. "Cuando yo estaba en el colegio, mi prima estudiaba para convertirse en profesora y me preguntó: 'Primo, ¿por qué no vas y nos montas el acto de fin de curso?'. Y yo dije, con esa cara tan dura: '¡Claro! ¿Por qué no?'. Monté el acto como yo creía que debía ser un fin de curso. En mí siempre estuvo presente ese apetito por montar espectáculos y no tuve miedo en atreverme. Incluso, recuerdo que, en 1951, cuando se estrena Un americano en París con Gene Kelly, yo arrimaba los muebles de la casa y ponía el disco y empezaba a bailar como él, y mi abuela, siempre apoyándome, se sentaba en frente como el mejor público y me decía: '¡Ay, qué bonito!' (risas)".

Metas claras. "Mi meta siempre fue crear montajes. Cuando estaba comenzando como bailarín, yo iba y veía unos shows en el Teatro América y comentaba a mis amigos: '¡Cuánto me gustaría estar allá arriba y hacer el espectáculo!'. Un día fue hermoso: yo dirigí la presentación en ese teatro y mis amigos estaban sentados disfrutando del espectáculo. De verdad yo me siento muy feliz en la vida porque he logrado muchas de mis metas, porque las he tenido claras. No tengo ningún objetivo que no haya alcanzado".

Disciplina. "De verdad que yo no quería trabajar con misses porque antes de que el concurso perteneciera a la Organización Miss Venezuela eran unas muchachas muy desorganizadas. Cuando las veía quería matarlas. Por ejemplo: si el ensayo era a las dos, ellas llegaban a las tres. En la actualidad no hay mujeres más disciplinadas que las concursantes. Desde que Osmel (Souza) y yo tomamos las riendas del Miss Venezuela, la disciplina ha sido la premisa que ha regido el concurso. Dicen que soy estricto y no niego que a veces alzo la voz -siempre dentro del respeto- o puedo dar diez gritos. Si lo hago es que seguro hay algún problema. Yo no grito porque me guste, sencillamente no me puedo dar ese lujo. No tengo voz".

Dar valor a otros. "Gran parte del secreto del éxito es rodearse de buena gente. Si ellos te respetan como creativo, ya estás hecho. Luego, está hacer el equipo. Nosotros somos ocho personas que llevamos al menos 20 años trabajando juntos. Yo no soy de ese tipo de jefes que están detrás de la gente para que cumplan con su trabajo. Aquí todos sabemos qué tenemos por hacer y lo hacemos con eficiencia. Si ven que me levanto como 35 veces durante el Miss Venezuela no es porque mi equipo no haya hecho su trabajo, son mis propios nervios".

Buscar cosas nuevas. "Para inspirarme, antes viajaba mucho. Todavía me gusta, sobre todo, ir a Nueva York para ver nuevos espectáculos. Busco sentarme en las primeras filas porque detallo mucho: veo si los bailarines hablan en escena, si las mallas están rotas, si hay alguien dirigiendo por allí, observo las luces. Todo. Pero ahora con Internet no solo viajo sino que busco nuevas alternativas, producciones y videos en la red. Uno nunca debe parar de buscar cosas nuevas. Eso te abre la mente".

Ser agradecido. "Cuando sube Fidel (Castro) al poder, a los tres meses se declara el socialismo en la isla. Yo quería irme pero me quedé todo lo que pude por mi familia. Tenía una muy grande y hermosa. Mi abuelo me quería muchísimo, mis tíos (mi mamá tuvo 12 hermanos), mis hermanos. Éramos todos muy unidos. Cuando llegó el socialismo a Cuba desunió a la familia porque la revolución genera eso, desunión, al menos en la de Cuba. En el año 68, yo seguía trabajando dirigiendo shows en varios sitios muy famosos, pero la Revolución cerró todos los espectáculos. Así que busqué la forma de irme.
Estuve cinco meses cortando caña de azúcar porque uno tenía que cortar caña en ese entonces para salir de Cuba. Fue una experiencia que agradezco muchísimo porque allí le dí importancia a lo que realmente la tiene. En realidad fueron cinco meses duros, como si fuese un prisionero. Ahí le dí valor a la amistad, a mis padres, a la ducha, al papel higiénico, al lavamanos, al refrigerador,  a la comida. A todo lo que has tenido en tu vida, que siempre había estado allí y no me daba cuenta".

Escuchar las críticas. "Los que me critican también me quieren porque de lo contrario no me criticarían. Ni siquiera verían mi trabajo. Que si comentan: 'Ay, que esto se parece a aquello', 'que esa cuña de Navidad', 'que esa música'. Es la opinión de cada quien y hay que respetarla. Al final, la balanza se ha inclinado a mi favor. Yo no puedo quejarme de la prensa ni del público porque sus palabras me han ayudado mucho".

Amor por el trabajo. "Para mí ir a Venevisión cada día es un placer porque lo que hago me llena de satisfacciones. Recuerdo que, cuando yo estudiaba, los días lunes era tan infeliz... Pero hace poco me di cuenta de que eso cambió mucho; estuve visitando a unos amigos en Miami que se lamentaban porque debían ir a trabajar al siguiente día. Actualmente yo digo: 'qué bueno que es domingo, porque mañana voy a trabajar'". 

Participa (envíanos tu comentario).

 

Comentarios (1)

Rosa Lopez
27.12.2012
4:29 PM

Comentario 4934860

Bellisima la entrevista. Muy sabias palabras...


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