59 ANIVERSARIO

¿Todas la películas venezolanas son de malandros?

por MARCEL RASQUIN  |  imagen: WWW.SHUTTERSTOCK.COM | DOMINGO 21 DE OCTUBRE DE 2012
Hay una palabra en inglés que explica perfectamente, al menos para mí, la relación Cine Venezolano/Malandro: conundrum. Que significa algo así como enigma, misterio, rompecabezas, acertijo.

Estamos claros en que existe un prejuicio gigantesco, casi una aversión snob, hacia el cine de barrio. Yo ya perdí la cuenta de la cantidad de doñas (y doños) que nos mandan a decir a todos los cineastas un reclamo disfrazado de consejo: que no hagamos películas tan violentas, tan feas, con tantas groserías y con tantas pistolas, con tantos muertos y con tantos malandros. Que por qué no hacemos historias lindas, en sitios lindos con gente linda. Siempre en tono de "esa mujercita no te conviene".

También me he topado con el entusiasta discutidor que se quiere sentar a hablar de cine solamente para hacerme el reclamo: "Qué fastidio los malandros, qué fastidio la violencia, qué fastidio ese montón de groserías". Entonces, yo respondo con una pregunta: "¿Y cuál es tu película favorita?". A lo que me han respondido: El Padrino, Pulp Fiction, Fight Club y Ciudad de Dios. ¿Todavía no ves el conundrum?

Sin embargo, las películas venezolanas más notorias, más vistas y más premiadas son, precisamente, las que cuentan con honestidad la crudeza del barrio: Secuestro Express, La hora cero, Macu, la mujer del policía y Hermano, por nombrar algunas. Y es que las historias son conflictos, dificultades, circunstancias adversas que ponen a prueba la condición humana. ¿Qué mejor caldo de cultivo para desarrollar un drama que las durísimas circunstancias de un barrio latinoamericano?

Ojo, y el cine da para todo. Yo aplaudo que aquí también se haga comedia, ciencia ficción, terror, romance, aventura, películas infantiles, ¡musicales! Eso es lo rico del cine y de su abundancia de géneros.

Pero decir que las películas de malandros son malas, es como decir que las películas de gangsters o de vaqueros o de soldados o de astronautas, son malas. Hay películas de astronautas maravillosas, y otras que dan pena. El problema no es el malandro, o el astronauta; el problema es la historia que ahí se cuenta. Yo me voy a mandar a hacer una franela que diga: "El problema del cine de barrio no es el barrio sino el cine".

Un estudio sobre cine venezolano de barrio, que hizo mi amigo Rodrigo Llamozas, fundador de Cameo Marketing, prueba, con cifras divinamente precisas, exactamente lo contrario: casi ninguna película venezolana es de malandros (es algo así como 10%). Y de las pocas películas exitosas que tenemos, la mayoría son de malandros (es algo así como 51%). Conclusión: Decimos que no nos gustan las películas de malandros, pero no nos apetece mucho ir a ver las que no son de malandros. He ahí el conundrum, ¡el mío!

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Comentarios (1)

Maria Peñaloza
30.10.2012
10:18 PM

Comentario 4731718

El problema es que este tipo de películas nos vende al mundo como un país horrible; es una cuestión de enfoque y de qué tipo de publicidad le hacemos al pais y a nosotros mismos. El cine al igual que las novelas y la publicidad enseñan muchas cosas que la gente copia y deberían ser un instrumento para inculcar otras cosas y mostrar al mundo otros aspectos del venezolano, no todos los que vivimos aquí somos malandros. Y tenemos que estar conscientes que son medios que reflejan una sociedad y por desgracia estamos proyectando con ellos la descomposición social, no es solo proyectar lo obvio. Particularmente no veo este tipo de películas porque no me identifico con eso. Hay muchas personas sencillas de clase media, etc. a las que también les ocurren cosas interesantes que contar. Pero solo apelan a esos target que son los que le dan taquilla. Un ejemplo, tiempos de dictadura una película excelente donde se mostró una realidad sin necesidad de groserías y de estar sacando malandros de barrio


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