Descubriendo La Guajira colombiana

Entre un sol inclemente y áridas tierras se sitúa esta mágica región en la que las celebraciones implican baile, chicha y chirrinchi

por MARLON GÓMEZ  |  imagen: MARLON GÓMEZ | DOMINGO 14 DE OCTUBRE DE 2012
"Da la mano a tu hermano, da la mano, dale una bienvenida, dale una fiel sonrisa...", así entonan los wayúu la bienvenida a los visitantes que llegan a la Ranchería Etno turística Iwoúyaa, un campamento rural adecuado para recibir a personas provenientes de cualquier lugar del mundo que deseen conocer esta cultura aborigen.

Pero que sea turística no implica que existan aires acondicionados y camas con fina lencería; por el contrario, la experiencia requiere verdaderas ganas de vivirla, pues no hay electricidad, se duerme en hamacas, se come friche (cuadros de chivo frito) y se bebe chirrinchi, un licor hecho con panela fermentada que se produce en sus comunidades. En otras palabras, por un día se puede vivir como uno más del clan.

Iwoúyaa está ubicado muy cerca de Rioacha, ciudad capital del departamento colombiano La Guajira. Para llegar hay que adentrarse en caminos áridos que conducen hasta este lugar donde el zamuro es la imagen, identificando la familia que habita el campamento.

"Las rancherías para turistas son una iniciativa de personas que hace más de 20 años vinieron a conocernos y sugirieron la idea. Nosotros nos fuimos organizando y les ofrecemos espacios como la enramada (lugar para escuchar las charlas) y las cabañas para quien quiere pasar la noche aquí", explica Ángela Vanessa Ibarra, líder de Iwoúyaa. La llegada de un turista es una razón para celebrar y por ello se les recibe con coctel a base de chirrinchi servido en totuma. Además, sus rostros son marcados con un tinte orgánico trazando figuras que simbolizan el galope del caballo y la importancia de la mujer en su cultura.

Tras una breve charla sobre sus creencias y costumbres, los visitantes escuchan el sonido de la kasha (tambor) y de inmediato son invitados al pioi, un patio cercano al corral donde se hace el baile de la Yonna, el mismo con el que celebran el nacimiento de una niña, una buena cosecha, un matrimonio o la llegada de un ser querido.

"Todo el que escuche el tambor está invitado. Nunca se sabe cuánto durará la celebración ni cuántas personas acudirán, por eso se debe mantener chicha y chirrinchi suficientes".

Ángela Vanessa también explica que una persona que rechaza la invitación a bailar genera una ofensa y, como lo indica la Ley Guajira, las ofensas se pagan con chivos y collares.

Durante el baile, se ve la representación de la muerte y otros aspectos de su cultura, pero quizás la parte más emblemática son los pasos que emulan el cortejo amoroso. La mujer danza de frente al hombre tratando de hacer que se caiga (sin tocarlo) y el hombre debe mantenerse en pie. Si cae, de alguna forma no cumplió su palabra de poder bailar con ella y no podrá volver a bailar durante esa fiesta.

Al concluir el ritual, los visitantes pasan de nuevo a la enramada, ya a la luz de la luna, donde la cena está servida: friche y chicha señalan que el "hasta luego" se aproxima.

Tejido de encierro
Tanto en la Ranchería Etno Turística Iwoúyaa como en el resto de las rancherías de La Guajira (colombiana o venezolana), los wayúu construyeron bohíos para comerciar, donde venden bolsos, chinchorros y accesorios tejidos, además de mantas, franelas y chirrinchi. La mayoría de esas cosas son hechas por mujeres, quienes heredaron el arte de tejer de walekeru (la araña). Las técnicas ancestrales las adquieren durante el encierro, una etapa en la vida de toda wayúu en la que se vive la transformación de niña a majayut (señorita), sin pasar por la adolescencia de las sociedades modernas.

Al comenzar el encierro -tras su primera menstruación- la joven wayúu es llevada a un cuarto, le cortan el cabello y no puede salir de ahí hasta que lo tenga largo de nuevo, lo que puede durar entre uno y tres años generalmente. No se trata de un castigo, sino de un proceso en el que se le prepara para el futuro matrimonio, pues al salir de allí será apta para cualquier hombre que la quiera desposar y sea capaz de pagar la dote (collares, caballos, chivos y dinero) exigido por su familia. Durante el encierro, la majayut no puede comer nada que tenga sal ni azúcar; toma una chicha que le alimenta el cuerpo y el alma y toma medicamentos naturales que la ayudan a tener una piel firme y bonita. Mientras más tiempo dure una majayut encerrada, mayor será la dote exigida por ella.

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