Los ángulos de Albi De Abreu

Con Bogotá como centro de operaciones y segundo hogar, el actor criollo habla sobre su trabajo detrás de cámaras y sus planes de internacionalización delante de ellas

por ORNELLA MÁRQUEZ  |  DOMINGO 7 DE OCTUBRE DE 2012
Foto cortesía Jelly Norris
El año y medio entre Caracas y Bogotá ha comenzado a transformar el acento de Albi De Abreu, quien mantiene la venezolanidad en algunas de sus expresiones pero su habla se ha ralentizado por el continuo convivir con los "rolos" (mote cotidiano con el que se conoce a los bogotanos). Aunque sus intensos ojos azules continúan causando espasmos en el público femenino y sus facciones se muestran indiferentes al tiempo, poco queda del inexperto animador de Supercrópolis (Radio Caracas Televisión), que luego se profesionalizaría como actor en talleres con la recordada Amalia Pérez Díaz, para así incursionar con propiedad en la pequeña pantalla.

Sus 37 años de vida y más de dos décadas dentro del mundo del entretenimiento, le han proporcionado la suficiente experiencia y madurez a un Albi que hace un lustro comenzó a ver la vida desde un ángulo diferente al que tiene un actor sobre el escenario o en el set. La dirección de cortometrajes y la creación de guiones se convirtieron en su nueva forma de interpretar; una faceta que lo ha alejado de las pantallas locales pero que a la vez le ha dado una mayor proyección al mostrarlo no solo como el intérprete, sino también como un creador tras las cámaras.

Un ejercicio creativo que además de haber dado como resultado trabajos como Colmillo, pieza que lo trajo en el año 2010 al Festival de Cortometrajes de Barquisimeto y que le ha valido premios en Perú y Bélgica, también animó sus ansias de internacionalizar su carrera artística. Y esa es la razón de su estadía en Bogotá. Sin planearlo, ha sido en la capital colombiana que ha concretado varios proyectos profesionales, entre ellos su inclusión como el padre Andrés en la temporada final de Kdabra, serie original de Fox que se transmite los jueves a las 10 de la noche.

Pero en ese deseo de ser reconocido como "un actor de televisión latinoamericana y cine internacional", sigue más que presente su faceta como director. Tanto que tomó la decisión de dejar de contar historias en corto y comenzar a narrarlas en largo. Es ese salto y la experiencia de estar delante y detrás de las cámaras los ángulos que Albi hoy comparte...

Cuando regresó de Los Ángeles (Estados Unidos) tras estudiar actuación, dijo que esa ciudad se había convertido en el decorado y Venezuela en el edificio de su carrera, ¿Bogotá qué representa?
"En este momento es la plaza más importante en Latinoamérica en cuanto a producción televisiva. Creo que para un actor que desea internacionalizarse y formar parte de esta nueva era, donde no se trata de telenovelas sino de series que pueden competir con productos estadounidenses, Colombia es esa casa perfecta donde debes, como artista, estar alojado".

Kdabra fue su regreso a la televisión tras una larga pausa, ¿seguirá un rato más delante de las cámaras o pronto regresará a la silla de director?
"Lo de dirigir es una decisión tomada, es algo que seguiré desarrollando. Pero ya no serán cortos, pronto presentaré largometrajes. Estoy trabajando con dos amigos directores, escribiendo con ellos, pero el proceso de crear y luego buscar el financiamiento es algo que toma tiempo".

¿Cuándo estarían listos esos largometrajes?
"Tenemos un año trabajando en los guiones y creo que para 2013 podríamos empezar a rodar alguno. Esta es una faceta que no tiene vuelta atrás; en el futuro quiero ganarme la vida actuando, dirigiendo y escribiendo, hasta el día que muera (risas)".

¿De qué tratan las historias?
"Una es una comedia que estoy escribiendo con Leonard Zelig (director de Subhysteria). En principio, era un proyecto que tendría un esqueleto que tomaría forma con improvisaciones de los actores, pero cuando me reuní con Leonard, decidimos estructurarlo con sus diálogos para contar una historia más divertida. Serán cuatro actores en una locación y ese es el reto. La otra la estoy escribiendo con Raúl Prieto, un director de comerciales muy reconocido en Venezuela y que ahora escribe series para televisión. Este guión es un drama más pesado sobre cómo los gobiernos controlan y tienen poder sobre la vida de los ciudadanos sin que estos puedan retomar nuevamente el control".

¿El mayor aprendizaje como director de cortos?
"En lo personal, hacer cortometrajes me permitió entender mis limitaciones y ver dónde debía prepararme mejor. Me enseñó a delegar, porque al principio quería hacerlo todo. Cuando rodé el segundo corto me relajé y permití que cada quien hiciera lo suyo. Pero sobre todo me ayudó a armar mi equipo con amigos con los que sé cuento, asegurando una calidad de trabajo que me satisfaga".

¿Qué ha descubierto de la actuación al escribir y dirigir?
"Como actor me ha ayudado mucho a canalizar la energía. Cuando empiezas a dirigir, conoces y entiendes más a fondo las estructuras de las historias. Y visualizas mejor el objetivo de cada escena. Antes tenía una visión más general y quería que todo saliera extremadamente perfecto; luego que diriges, te das cuenta de que hay escenas que te piden poco y otras que te exigen mucho y tienes que darlo todo".

Entre actuar y dirigir, ¿qué es más complejo?
"No creo que alguno sea complejo, sino que hay partes en ambas donde la calidad está comprometida. Soy del tipo de personas que se exige mucho; más que demostrarle al público, busco de alguna u otra forma superarme. Con cada proyecto me trazo metas personales como director y actor. Se trata entonces de hacer las cosas como quieres y con la calidad que buscas. Eso merece bastante compromiso y preparación".


Si su vida fuera una película. ¿Cuál sería el plano de Albi?
"Plano medio, porque me gusta compartir lo que uno va aprendiendo. En un plano general o cerrado no podría hacerlo. Los planos medios ofrecen la posibilidad de que uno aprenda cosas y que otros lo vean y aprendan también de ello".

¿La frase célebre de la trama?
"¿Quién dijo miedo?".

¿Un villano en la historia?
"En mi vida no hay villanos. A veces pasas malos ratos, pero luego lo ves con cabeza fría y te das cuenta de que son aprendizajes. Creo que los únicos enemigos son los políticos".

¿Un héroe o heroína?
"El positivismo, tendría un amigo que se llame Positivo (risas)".

¿Historia de terror, drama, comedia o acción?
"Sería una historia alentadora, donde el personaje nunca se rendiría".

¿Un final?
"Este tipo (él mismo) tiene que tener un final estilo Rocky cuando sube las escaleras, alza las manos y siente que puede con todo".

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