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Notas

Circo Los Valentinos, la vida tras la carpa

Valentino y Renato, propietarios del circo Los Valentinos, trabajan por mantener vivo el legado de su abuelo: "Mientras en el mundo exista un niño, el circo será eterno"

por MARÍA DE LOS SANTOS GALBÁN  |  imagen: NORGE BOSCÁN | DOMINGO 16 DE SEPTIEMBRE DE 2012
Aplausos, pero esta vez no son del público. Vienen de una señora que, con tres palmadas bien sonadas, se dispone a barrer su tráiler. Otra, sentada como espectadora, pero no del espectáculo sino de la rutina, se sacude los pies mientras toma una taza de café que no compró en los brillantes y coloridos puestos de comida ubicados dentro de la carpa del circo Los Valentinos.

5:30 de la tarde. La taquilla está activa, igual que la señora que limpia la casa rodante. No le gustan las grabadoras ni los periodistas. Sólo se supo de ella que fue maga, porque su hija de 11 años que caminaba en los alrededores lo comentó.  La niña se llama Sasha. Dedicó 15 minutos de su tiempo para conversar. Contó que está atrasada en los estudios porque prefiere esforzarse en la práctica de los números que le muestra al público. "Yo nací en el circo y me gusta esta vida". Sus hermanos viven en el trailer de al lado, Jordi Ortiz tiene 20 años y José, 15. También son trapecistas. Los tres son presentados en el show como Las estatuas vivientes y son los penúltimos que se suben a la pista redonda del circo. Ya son las 6:00 de la tarde y el movimiento en taquilla se intensifica paralelo a la actividad que hay tras la carpa. El ritmo va parejo. El olor de las ollas de las cocinas de los trailers se confunde con el aroma a algodón de azúcar, las cotufas y los churros que venden en la entrada de la luminosa carpa. Mientras los papás sujetan a los niños de las manos y corren a escoger los primeros puestos para observar mejor el espectáculo, detrás del escenario circular están los trapecistas, payasos, bailarinas y malabaristas armando sus herramientas de trabajo y sus trajes; listos ya para divertir a los visitantes del circo Los Valentinos.
Quien tiene la oportunidad de estar tras las gigantes telas plásticas, amarillas y azules, sostenidas por fuertes estructuras metálicas, puede definir que el circo es como una moneda: tiene dos caras, ambas divertidas pero opuestas. Porque cuesta imaginar que detrás de ese gran toldo con luces -donde se encuentran espadas de colores, peluches, sombreros con cara de payasos, pitos, burbujas de aires y  juguetes-existan comedores,  camas, cocinas, bombonas de gas, aires acondicionados, pipas de agua y antenas de televisión por cable.

La otra cara
Hay bellas historias que el circo tiene, pero que no son contadas al público. Por ejemplo, quien ve al Hombre Pájaro lanzándose y volando por esas enormes telas amarillas que asemejan ser alas, cree que su única lucha es desafiar la gravedad. Pues no, aquí la cara de la moneda se voltea y muestra el lado familiar del artista. Conoció a su esposa Antonieta en una fiesta. El circo había aparcado en Ciudad Ojeda, a una hora de la casa de la zuliana, que vivía en Mene Grande. Ella no es cirquera, detalle que no le importó.

"La vida me dio un giro. Después de ser público ahora estoy detrás de la carpa. Extraño a mi familia". Antonieta y el Hombre Pájaro se casaron y sus amigas la bautizaron como Kassandra, en honor a la famosa novela venezolana donde la protagonista vive un apasionado amor y la trama se desarrolla en un circo. Hace dos meses se estrenaron como papás. Su hijo se llama Edwin Matías.

Una vez más en esa pequeña ciudad nada es como parece. La persona que se encarga de vender refrescos mientras supervisa que los pisos estén limpios es capataz del circo. Este es Luis Hernández, un mayoral con cierta autoridad y algunos privilegios gracias a los años de servicio. "Tengo años trabajando con Los Valentinos. Mi papá era un hombre de circo y desde los 14 estoy rodando a donde este estilo de vida me lleve".

Era de esperar que su primer amor lo viviera en un circo. "Me enamoré de la que vendía boletos y tuve dos hijos con ella. Ya después uno se porta mal, mete la pata y lo botan pero hay que seguir adelante". La única y más pequeña de sus nenas nació en Venezuela.  Ante la pregunta: ¿Cómo es la vida en el circo? Hernández reconoce que es "sorpresiva". Hace pausa y retoma: "Para mí también es triste porque a mi hija sólo la he visto tres veces desde que nació y ya tiene 12 años".

Gente circense
Para Valentino la vida en el circo es muy bonita: "Llevas alegría a las personas y es una vida normal pero al revés"...

¿Cómo al revés?
"En el caso de nosotros, cada vez que salimos de vacaciones nos vamos para nuestras casas, mientras que la gente de ciudad se va de viaje".

¿La gente de circo estudia?
"Claro que sí. Ante todo, esto es una empresa y tenemos que manejar ciertos conocimientos para sacarla adelante. De pequeños teníamos profesores particulares. En las mañanas asistíamos al colegio de la ciudad donde llegábamos y en las tardes teníamos tareas dirigidas. Todavía se conserva este método".

¿Tienen alguna profesión?
"Nuestra profesión está dicha y es el mundo del circo. Pero somos bachilleres".

¿Cómo es la rutina en el circo?
"De día hay mucho movimiento. Los artistas comienzan desde temprano sus prácticas. Algunos entrenamientos son más intensos que otros, dependiendo de cuánto domine lo que hace en escena. Están los que pintan, prueban las luces, lavan la carpa. Otros duermen, salen a conocer la ciudad. Así es la vida aquí".

¿Cuántas personas viajan con el circo Los Valentinos?
"70 personas. 40 son venezolanos y el resto son colombianos, peruanos, mexicanos, chilenos y argentinos".

Tienen muchos animales, ¿quién los cuida?
"Mi hermano Renato y yo, junto a los trabajadores que nos ayudan a limpiar los recintos y darle las comidas. Los secretos del entrenamiento a los tigres, caballos y otros animales son la paciencia y el cariño".

Cuando los artistas envejecen, ¿qué pasa con ellos?
"Pasan a otro nivel en el circo. Puede ser a la parte administrativa o son preparadores de nuevas generaciones que harán lo que ellos hacían".

Campanita
Erase una vez Campanita que se enamoró de un zuliano. Lidia es su nombre detrás de la carpa. De noche camina por la cuerda floja haciendo equilibrio con una sombrilla. De día es mamá de Juventino, su bebé de un año, de sangre cabimera porque su papá es de allá. "Conocí a Paciocco por una amiga en común cuando tenía 15 años, recuerdo que el circo estaba en Caracas". Campanita es la hermana menor de Los Valentinos. Nació en Venezuela y le encanta recalcar eso. "Nací en Caracas, luego me fui a Brasil y a los 10 años volví a mi país. Me encanta ser venezolana".


mgalban@laverdad.com

Relacionado con: circo los valentinos, trapecistas

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Comentarios (1)

neleidi yenit reyes serrano
22.08.2014
9:23 PM

Comentario 6466771

Su circo es el mejor del mundo, felicitaciones chicos soy muy fanática de ustedes, gracias por darles alegría a mi país bello, los quiero mucho.


VÍA RÁPIDA A:  
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